La implicación de China en la invasión de Ucrania multiplicaría el riesgo de que estallara la III Guerra mundial. Hasta ahora, el gigante asiático ha mantenido una posición ambigua. Ha criticado la invasión, pero también las duras sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la UE. Y en el Consejo de seguridad de la ONU se ha abstenido en las votaciones sobre el conflicto.
Pero ante el fracaso de su “operación”, Putin ha pedido a China ayuda militar y económica. El gigante asiático todavía no ha respondido. Pero es de esperar que no se involucre más allá de mantener su alianza “amistosa” con el Kremlin. Y es que, después de 19 días, el Ejército ruso se muestra incapaz de alcanzar sus criminales objetivos. No ha sido capaz de tomar Kiev y tampoco ha logrado cerrar el paso al mar de Ucrania, a pesar de los constantes ataques a Odesa. Recurre a lanzar misiles y bombardear a la población civil por la torpe estrategia diseñada por Putin y, en especial, por la rocosa resistencia de los valientes ciudadanos del país liderados por Zelenski.
El dictador ruso imaginaba que su incursión relámpago le permitiría controlar Ucrania en pocos días. Pero las fuerzas militares parecen haberse atascado en los alrededores de la capital y en el sureste. Amenaza con sus armas nucleares y este domingo ha bombardeado unas instalaciones militares a 25 kilómetros de la frontera con Polonia, un país de la OTAN. Si los misiles lanzados hubieran impactado fuera de Ucrania automáticamente se produciría la intervención de la Alianza Atlántica y, por tanto, el comienzo de la temida III Guerra mundial.
El sátrapa ruso parece estar desesperado. Ni su Ejército ni su estrategia han valido para controlar Ucrania, eliminar a Zelenski y poner a un Gobierno títere para que el país se sume a la Federación rusa, que es su objetivo principal. Por eso, ha recurrido a pedir la ayuda a China. Hay que esperar que el país asiático mantenga su ambigua postura. Aunque aplaude el deterioro del imperio americano, ahora no tiene interés alguno en arruinar sus fructíferas relaciones comerciales tanto con Estados Unidos como con Europa. Y esa es la gran esperanza. Pero Putin, aislado y vapuleado políticamente, seguirá jugando con la amenaza de su armamento nuclear. Supondría la destrucción total. Pero nunca hay que descartarlo, pues el dictador ruso es un psicópata que parece estar dispuesto a todo con tal de no perder la guerra.