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En su autobiografía

Clapton recuerda que Bruni era "despiadada" en el amor

sábado 02 de febrero de 2008, 14:17h
Allá por los ochenta, Eric Clapton grababa un disco en el estudio Journeyman, y una modelo italiana de “ojos almendrados y mejillas altas” entró en escena. Carla Bruni se convirtió en su siguiente "profesora de vida" y el guitarrista construiría su mundo alrededor de una joven ferviente admiradora de los Rolling Stones.

"Carla tenía 21 años, era muy sexy, con una larga melena, un tipo extraordinario y un rostro juvenil de aire asiático. [...] Empezamos a salir, y en muy poco tiempo estaba obsesionada con ella", cuenta el músico de Surrey, que vivía entonces en Nueva York, trasfondo urbano de esta historia de pasión acelerada.

Un día llegaron, como cantos rodados, los Rolling Stones a la Gran Manzana con su gira "Stell Whells". Bruni se emocionó, y le insistió a Clapton en ir al concierto; quería ver a sus ídolos de siempre. Terminada la actuación, Clapton aprovechó su privilegiada amistad con "Sus Satánicas Majestadas" para presentar a su flamente novia a los chicos. Pero con un punto de temor; ya conocía los gustos de Jagger y tenía el precedente de que éste no dudaba en mostrarse seductor ante cualquier mujer, tuviera "dueño" o no, como ya hizo con Pattie, novia anterior de Clapton. (Que éste arrebató a George Harrison, y que dio pie a "Layla", el gran éxito de Eric "Slowhand").

De la obsesión a la liberación
Clapton tenía miedo de las intenciones de Jagger, sobre todo teniendo en cuenta el peligro del cantante, y la debilidad de Bruni por los líderes del rock. Y le advirtió: "Por favor, Mick, ésta no. Creo que estoy enamorado". Pero a pesar de las súplicas, fue sólo cuestión de días que iniciaran una relación clandestina, recuerda Clapton. Entre tanto, él andaba de gira por el África profunda, y en el viaje tuvo ocasión de conocer a un par antiguos novios de la Bruni. "Me advirtieron de la tendencia de Carla de cambiar de hombre rápido y, a veces, de manera despiadada".

Le tocó sufrir, y durante un año vivió la fase sombría del despecho y los celos. Sobre todo cuando acudía como artista invitado a más de una actuación de los Rolling, con la certeza de que Bruni merodeaba por los camerinos, esperando a un hombre que no era él, sino Mick Jagger. Le costó a Clapton desembarazarse de esa obsesión, de la imagen de quien pensó que podría ser la mujer de su vida, pero al final lo consiguió, y se alegró por ello, sin remordimientos ni añoranzas.

"Sentí tanto gratitud como compasión hacia Mick, primero por librarme de una condena segura y, segundo, porque al parecer sufrió en su servidumbre la misma prolongada agonía", escribe Clapton en su biografía. No hay rencor, a pesar del daño en sus palabras, y trata de ser justo en su dictamen. "Una vez completó la seducción [de Jagger] no me siguió provocando, y tampoco llegó a expresar sentimientos profundos hacia mí".
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