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tribuna

Pedro y el lobo

Juan José Vijuesca
miércoles 23 de marzo de 2022, 20:34h

De aquél famoso cuento infantil aún nos queda alguna semejanza, aunque por exigencias de los nuevos tiempos requiere una adaptación. Del cuentista Pedro hoy nos valdría su afanosa costumbre de la mentira para engañar a la verdad. Respecto del lobo aquí es donde precisa de un cambio profundo, y es que los lobos de hoy son todos de extrema derecha, a decir de Moncloa.

En esta nueva versión, una vez adaptada a la actualidad, si bien es cierto que a don Pedro Sánchez los elementos adversos le han venido de nalgas, ello no justifica que un buen líder no esté presto para los infortunios. Lo fácil es lo que se soluciona por sí solo, mientras que lo de no llegar a final de mes se hace bola. A esta canallada hay que sumar la maldad de trabajar a pérdidas como es el caso de miles de autónomos en la industria, la pesca, la ganadería, la agricultura, los transportistas y demás servicios de básica intendencia. El problema es que al gobierno Sánchez todo esto le resbala porque acostumbra a sacar el comodín de echar las culpas a todo lo que se menea. Primero fue Franco, después la pandemia, luego a Putin, ahora a la ultraderecha y más tarde será al meteorito 2009 JF1 que anda buscando aparcamiento en la Tierra.

Y en esas estamos mientras nos come la miseria a diferencia de otros países europeos que han comenzado a rebajar lo pernicioso de la guerra con ayudas a sus empresas y familias. Nada definitivo, pero un trato de favor mientras llegan los acuerdos de Bruselas. Aquí no, aquí como es costumbre la gobernanza de España nos sigue tomando por tontos; y claro, la calle comienza a moverse en dirección contraria a las agujas del reloj.

En este desaguisado no podían ser menos los sindicatos CCOO y UGT. Hace tiempo que encontraron su media naranja en la red de los caudales públicos. Encomiable labor la suya aderezada con el acomodo y la lujuria del gasto a fondo perdido que sin ningún esfuerzo sostienen grotescas aficiones para la salud del cuerpo. Mientras tanto familias enteras, gente del campo, la pesca o el transporte, o sea, trabajadores de izquierdas, derechas o aficionados en dar de comer a los suyos, guardan calle para protestar por la dignidad de lo justo. Pero nada, los sindicatos ni están ni se les espera. La red clientelar de Moncloa ocupada en labores epicúreas al más puro estilo de Petronio.

La luz, el gas, los carburantes, la cesta de la compra o los impuestos nos han caído encima como una corona de espinas porque en este país no se hace política, se hacen composturas a golpe de remiendos y créanme, la situación es grave, tanto que la emergencia económica y social no es algo que pueda esperar, más bien se debe atajar de inmediato sin ambages ideológicos ni desvaríos verbales y mucho menos con violencia, proceda de quien proceda. Al final, y como de costumbre, los ciudadanos seremos los únicos responsables de pasar frío, andar casi en tinieblas por el precio de la luz, cerrar negocios, o tener que comer solo los días impares por aquello de la falta de abastecimiento o de los prohibitivos precios del mercado.

Pues eso, señor Sánchez, que se acabaron las excusas y las frases hechas, y a falta de caudal en conocimientos o en venirles a sus Señorías grande la envoltura del cargo que ostentan, sirvan en dimitir, que sobra verbo y falta trapío. Sin demagogia por mi parte ahora más que nunca hay que reducir el gasto público ineficaz por obligación moral, dicho en román paladino, suprimir ministerios de favor, prescindir de un buen número de asesores de dudoso concurso, acabar con subvenciones de manga ancha, eliminar altos cargos de antojo y nulo rédito, cancelar las dotaciones a los jaleadores y jaleadoras de sopa boba, o quitar de nómina pública la dote a cuantos elegidos o elegidas por la gracia del dedo índice se lo llevan crudo.

En fin, la desconfianza en la razón que emana del hacer del señor Sánchez nos ha conducido a ser uno de esos países con falta de crédito y no es solo por cuestión del mentir y parafrasear en doloso engaño una y otra vez, sino más bien en esos socios de gobierno que cierran puertas allí donde otros países las abren para que discurra el sentido de lo común. En Europa no son tontos. Así pues, espabile don Pedro, que viene el lobo.

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