www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Vida o guerra (muerte)

domingo 27 de marzo de 2022, 19:19h

“Ania Kabúrova se estaba muriendo... Era de transmisiones. Una bala le había atravesado el corazón. Nos sonrió. “Chicas ¿de verdad me moriré?” Justo entonces vino hacia nosotras nuestra cartera, Klava, que corría y gritaba “¡No te mueras! ¡No te mueras! Hay una carta para ti...” Ania no cerraba los ojos, esperaba... Klava se sentó a su lado y abrió la carta. Era de su madre: “Mi querida hija...” Le acabaron de leer la carta...Solo entonces Ania cerró los ojos. Más tarde, el médico dijo: “Es un milagro. Siguió viva en contra de la ciencia médica...”. “Al cabo de un año me llegó la nota: “Su marido Vladimir ha muerto en Alemania, cerca de Berlín”. Ni siquiera he visto su tumba. Regresó un vecino, sano y salvo, regresó otro, ese sin una pierna. Tanta pena sentí. Ojalá el mío hubiera regresado, daba igual que fuera sin ambas piernas, pero ojalá estuviese vivo. Yo le habría llevado en brazos” (La guerra no tiene rostro de mujer. Svetlana Alexisevich).

La guerra es más muerte que vida. La guerra huele a muerte. Sin hallarse sumidas en una guerra, hay sociedades que ya están muertas, decadentes, porque no defienden la vida. Ni en su inicio ni en su final. No están rebosantes de vida. En La muerte y sus problemas, Henri Bon, sin alardes, con sencillez, que es la mejor maestra, sostiene que “la agonía, lejos de ser un mero período fisiológico, es, además, una fase espiritual de la mayor importancia”. Y nos alerta Alexis Carrel en La incógnita del hombre que “la vida moderna se contrapone a la vida del espíritu”. Hoy está de moda salvar ballenas varadas en una playa y suministrar letales dosis de “cesantía de la vida” a quien ya no puede valerse por sí mismo. Hoy se lleva proteger las mascotas a cambio de desembarazarse de fetos en el seno materno. La modernidad ha inoculado la aspiración por lo placentero: Si no hay placer, no hay vida; al menos, no hay vida humana. Pero algunos llevan una vida inhumana presidida por la muerte. No valoran lo que tienen. Y el verdadero valor estriba en cambiar “su” concepto total de vida, en sustituir el de vida goce por el de vida servicio. Hay que priorizar la grandeza del altruismo. Como decía el insigne Ruano: “Es conmovedor y eficaz en el recuerdo de una criatura que se le recuerde por sus servicios. Son, en definitiva, lo único que cuenta de nuestro paso por la vida: los servicios. El servicio es, en cierto modo, como una hidalguía. Hijo de algo, hizo algo”.

Los cristianos sabemos que volvemos a la Vida porque Cristo ha vencido a la Muerte. Lo sabía Pemán, que sabiamente sostenía que “con nuestro dolor personal, no debemos consentirle a la Muerte que haga su tarea a su gusto. Ella no sabe de la Vida porque es su antagonista, pero nosotros cristianos, sí sabemos cómo la Vida puede alcanzar su victoria final”. ¿Cómo? Infundiendo Gracia a la vida y llevando una vida de Gracia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (19)    No(0)

+
0 comentarios