No desesperen, Pedro Sánchez ha regresado de Bruselas dispuesto a repartir calderilla como aquellos padrinos en los bautizos “Eche usted padrino, no se lo gaste en vino” “Padrino roñoso, eche la mano al bolso” Estas y otras lindezas canturreábamos cuando en los años cincuenta la chiquillería dábamos buena cuenta de los céntimos que el rumboso padrino de la criatura se veía obligado a tirar al aire, por cierto, muy del enfado del señor cura que veía como aquellas monedas rodaban alejándose cada vez más de los cepillos de la iglesia.
Ahora y por algún tiempo, junto a nuestros vecinos de Portugal, pasamos a ser una “isla energética”, cosa que me gusta porque vivir en una isla siempre ha sido mi sueño dorado. Desacoplar el precio del gas al de la electricidad no negaré que tiene buena pinta si con ello regresamos a la costumbre de pagar menos sin necesidad de tener que levantarnos de madrugada para poner la lavadora, aunque esas horas sean más de un Benjamín de Codorniúque de suavizantes y detergentes. Lo cierto es que nuestro flamante presidente, si bien no ha reconquistado Flandes, al menos ha estado ahí, aunque a este chico siempre me lo ponen para la foto de familia en el rincón de pensar. Nada grave con tal de recibir una paga extra de 20 céntimos que yo al menos, hay muchos días que no los gano.
Como no hay felicidad completa, doña Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda, celebra que no habrá bajada de impuestos “generalizada”, es decir, que el plan de ayudas previsto por don Pedro no será para recuperar la agenda nutricional tan recomendada por el ministro Garzón, ahora tan inalcanzable por los abusivos precios de los productos alimenticios. Como digo no habrá bajada de impuestos para la gasolina y el diésel ni de momento para todo lo demás; por lo tanto poco alivio fiscal se vislumbra. Por un instante pensé que al ser España una isla a lo mejor se nos concedía la titularidad de paraíso fiscal; pero tampoco. Lo cierto es que los precios a la baja tendrán que esperar como cántaro que no deja de ir a la fuente hasta que se rompe. Y todo por no querer bajar recaudación impositiva para seguir dándonos garrote vil a los contribuyentes. Sí, porque una cosa es subvencionar y otra muy diferente es succionar nuestros bolsillos hasta la médula.
La prensa alemana no ha tardado en desinflar el triunfalismo del señor Sánchez, y es que el resto de Europa se mueve con mejores perspectivas que nosotros y claro, nos dan esas migajas en forma de “isla energética”, una especie de lugar distópico, en donde el colapso económico planea sobre nuestras cabezas. Me da que don Pedro ha envuelto en papel de regalo un éxito con doble vertiente y así lo expone el semanario DierSpiegel cuando escribe que “Bruselas no sería Bruselas, si Sánchez “no se hubiera llevado a casa algo que pudiera vender como un éxito” Razones no le faltan al periódico alemán, pues lo nuestro no deja de ser un problema interno tratando de ser resuelto con fondos europeos. Y por ahí no pasan los de Bruselas. De manera que Sánchez lo que se ha traído de allí ha sido un souvenirpara no venir con las manos vacías. Otros traemos Toblerones para los más allegados.
Que sí, que toda euforia lleva consigo su efecto gaseosa, y aquí mientras no se bajen los impuestos difícil va a ser que los damnificados tengamos el alivio que tanto necesitamos. Es una obviedad y una terquedad, pues ninguna solución mejor para afrontar el rimbombante “Plan de Choque de Respuesta a la Guerra"como la reducción de impuestos, principalmente para todo lo que afecte al consumo básico o primera necesidad, y acto seguido “adelgazar”, desde ya mismo, el enorme gasto público derivado de ese monstruo político auspiciado, protegido y honrado por este gobierno de coalición que le mantiene vivo a base de sacrificar contribuyentes en la pira de Moncloa para gloria de los egos.
Más no crean que toda esta fanfarria de lanzar 20 céntimos de euro al estilo de aquellos padrinos de antaño sea algo tan sencillo cuando hay que invadir los mercados grandes y pequeños, que de todo hay en esto de sobrevivir al final de cada mes, y es que las cosas siempre tienen un precio, contraprestación o tratos de favor. En petit comité les diré que toda esta milonga que se ha montado a costa de la guerra la vamos a pagar los de siempre, entre otras razones porque la crisis energética viene de muy atrás. Sabido es que el precio de la luz, el petróleo y el gas llevan fuera de control y haciéndonos la vida imposible hace más de un año. La señora Calviño, vicepresidenta primera del Gobierno dos días antes de culpar Sánchez a Putin de los precios dejó bien claro que España no dependía del gas ruso, ni de la economía rusa. Pues blanco y en botella.
En resumidas cuentas, que España podrá “violar”,pero flojito, los principios del mercado interior como simple paño caliente a todos nuestros males, eso sí, siempre que en la isla energética se actúe de acuerdo con los tratados de la UE y sin dañar el interés común de todos los estados miembros. En otras palabras, España lo que haga deberá siempre contar antes con la aprobación de la Comisión Europea. En fin, nada nuevo y que no sepamos,pero pueblo subvencionado, pueblo succionado por el ego y la mamandurria imperante.