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TRIBUNA

Somos europeos

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
jueves 31 de marzo de 2022, 19:44h

A pesar de que todos desearíamos un mejor funcionamiento de la Unión Europea, es difícil encontrar argumentos que justifiquen el deseo de estar fuera de ella. El malestar tribal de perder la entera soberanía se compensa con las ventajas de la colaboración, que parece ser la única fórmula para resolver los problemas que el futuro nos presenta. España tiene la suerte de estar en ese club.

Europa, como en otras ocasiones, ensaya fórmulas de manejo de lo público. En esta pretende, nada menos, suavizar la rigidez de nuestras amuralladas fronteras, creadas por nuestro instinto territorial, que ha hecho verter tanta sangre en el pasado. Ese fue el principio, la idea capital de su fundación, resolver o paliar los problemas de rivalidad territorial, que nos han ocupado, desde que existimos, en interminables guerras. Esto ya sería suficiente. Ahora, precisamente, estamos viendo

guerras, en Europa, de países que se niegan a entrar en el siglo XXI. Y la cosa marcha pues, afortunadamente, los socios, estamos ya en otra etapa. Estamos en la de la confección de una tela de araña de compromisos de la que es tan difícil librarse, que disuade, a todos, de hacerlo y obliga a seguir adelante y profundizar en la cohesión. Ya hemos visto la dificultad de Inglaterra, de salirse, decisión tomada por poco más de la mitad de sus ciudadanos, lo que nos habla de la incógnita del resultado.

España tiene que apostar, nítidamente, por esta fórmula de participación lo que no impide que, como hacen los demás miembros, ensaye la colaboración, con otras naciones, que sea fuente de su bienestar económico.

España debería tener claro las zonas de su colaboración complementaria, en las que desarrollar su economía, sembrar su experiencia y poner precio a su influencia en la U.E. Pero, nuestros dirigentes no acaban de reconocerlas y por lo tanto, no se apuesta con claridad ni decisión por ellas. aunque, nada menos que Isabel La Católica, en su testamento, nos las dejó bien claras: Nuestras zonas de influencia deberían ser tres: Europa, el de nuestra inmensa vecina África y el gran premio de la lotería, que ella misma jugó, América.

Tenemos, de vecina inevitable, la inmensa África y no podemos volverle la espalda, a pesar de su inquietante dificultad. Cosa que hacemos. Y como puerta de acceso el incómodo Marruecos. Incómodo por su idioma, religión y precisamente, por los problemas, sin resolver, que hemos dejado en nuestro paso por allí.

(Recientemente hemos puesto fin a uno, nuestro compromiso con el pueblo saharaui; pero tan torpemente, que hemos hecho enemigos sin recibir ninguna compensación a cambio. Otro es Ceuta y Melilla, problema de los antiguos, de fronteras y soberanía, a la que Marruecos nunca renunciará por los mismos motivos que España no cederá, nunca, la de Gibraltar).

Pero amigos, fijaos cómo serán de fuertes los lazos, que la vecindad anuda, que, a pesar de las dificultades, la suma de exportaciones-importaciones, entre Marruecos y España, ha sido en 2020, sorprendentemente, más de un cincuenta por ciento del que tenemos con toda Iberoamérica, que debería ser otro campo de influencia.

Tener esta enorme segunda zona de expansión económica extracomunitaria, partícipe de nuestro idioma, es un regalo al que, torpemente, nuestros dirigentes, han

dado la espalda, desde la llegada de las tres carabelas. Lo repito una vez mas: Ningún miembro de las casas reales que han gobernado España pisó, nunca, suelo americano. Hasta Juan Carlos I que si comprendió dónde está nuestro futuro. Angela Merckel decía a Rajoy: ¡Ay si Alemania dispusiera de una zona de influencia, con su mismo idioma, como vosotros Iberoamérica!.

España ocupa en la clasificación económica mundial, un puesto sorprendente para una nación pequeña, cuya única riqueza es el sol. Y todo lo debe a ese pueblo laborioso y emprendedor que, además, carga, a sus espaldas, tanto parásito. El es, también, el que abre, lentamente, camino en esas dos áreas de expansión económica, donde está nuestro futuro, a pesar de la ceguera y la torpeza de sus gobernantes.

Ya lo dijo Ortega: “En España todo lo ha hecho el pueblo y lo que no, se ha quedado sin hacer”.

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