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TRIBUNA

El compás de la paz

Jesús Romero-Trillo
domingo 03 de abril de 2022, 20:18h

El 31 de marzo de 2022 el New York Times publicaba un artículo que denunciaba cómo la justicia estadounidense utiliza las letras de rap para incriminar a sus autores en crímenes no resueltos. Entre varios episodios, cita la historia de Tommy Munsdwell Canady, quien con 15 años escribió una canción llena de rabia y tristeza en la que narraba el asesinato de dos primos suyos. La canción fue usada por la policía para acusarlo de la muerte de Sémar McClain, un joven de 19 años cuyo asesinato no había sido resuelto. No había ninguna prueba de la implicación de Tommy o de su presencia en el lugar del crimen. Solo la letra de la canción fue suficiente para que la justicia decidiera que podría ser el culpable del asesinato.

El uso del rap como único indicio de acusación por crímenes no resueltos es algo frecuente en los Estados Unidos. En 2019 se publicó el libro “Rap on Trial: Race, Lyrics, and Guilt in America” (El Rap a juicio: raza, letras y culpa en América), escrito por Erik Nielson y Andrea L. Dennis, en el que se documentan alrededor de 500 casos de jóvenes artistas, generalmente de condición social muy humilde, que han sido incriminados por la policía basándose únicamente en las letras de sus canciones. Vincular con la violencia a jóvenes que desean expresar sus sentimientos a través de la música es algo perverso.

En las últimas semanas la solidaridad de los españoles ante la injusticia y el sinsentido de la guerra se ha multiplicado: desde los viajes a la frontera con Polonia para acoger a refugiados, hasta las concentraciones contra la guerra en el centro de muchas ciudades. También la música se ha unido a este movimiento de solidaridad. Por ejemplo, el domingo 27 de marzo tuve la ocasión de participar en la iniciativa de “Coros por la Paz” en la plaza del Museo Reina Sofía en Madrid donde, en conexión con otras ciudades de Europa, miles de personas de todas las edades unieron sus voces con la invocación “Dona nobis pacem”. También todos los martes en Madrid el percusionista Guillermo García, “El Guille”, imparte clases gratuitas con su proyecto Círculo del Cajón para recoger alimentos no perecederos destinados a los refugiados ucranianos.

En el mundo muchos millones de personas viven amenazadas por la guerra en un permanente compás de espera. Como contrapunto, los músicos muestran su solidaridad con ellos mediante su arte, con el compás de la paz.

Jesús Romero-Trillo

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

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