Más de diez mil colegios electorales abrieron sus puertas en Hungría para que 8,2 millones de votantes participasen en unas elecciones que se hicieron coincidir con un referéndum sobre la Ley de Protección de Menores, que la Comisión Europea criticó por considerarla homófoba. Estaban en juego 199 escaños cuyos ocupantes elegirán, a su vez, al próximo primer ministro.
Fueron unas elecciones algo atribuladas. La campaña comenzó hace mucho tiempo, en octubre del año pasado, cuando los seis principales partidos de la oposición se pusieron de acuerdo en presentar a Péter Márki-Zay, alcalde de la pequeña localidad de Hódmezővásárhely, en el sur del país, y fundador del “Movimiento por una Hungría de Todos”. Economista, ingeniero, conservador, religioso y padre de siete hijos, Márki-Zay lideraba la coalición Unidos por Hungría.
Frente al candidato de la oposición, se alzaba un presidente que ganó sus primeras elecciones en 1998 y que lleva encadenando éxitos desde 2010. Baluarte de la opción “iliberal” en la política europea, Orbán ha hecho frente sin miedo ni complejos a todas las ofensivas que han desatado contra Hungría la Comisión europea, el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa. Defendió casi en solitario la necesidad de guarecer las fronteras de la Unión frente a las oleadas de inmigrantes y refugiados que llegaron en 2015. Logró situar a Hungría en cotas de crecimiento económico y de empleo (sólo un 3,5% de paro) realmente excepcionales. Todo parecía anticipar, pues, un duelo entre un “outsider” ajeno al mundo de las intrigas capitalinas y un verdadero animal político que viene de la oposición al comunismo. Las acusaciones de corrupción y las advertencias de fraude iban empañando una campaña cada vez más bronca.
Sin embargo, la guerra de Ucrania que comenzó con la invasión rusa del 24 de febrero de 2022 ha cambiado por completo el escenario. Todos los países de la Unión Europea se sumaron a una política de sanciones y medidas contra Rusia que fue acelerándose con el paso de los días. Hungría acató todas las decisiones tomadas en el seno de la Unión, pero no ha dejado de mantener su independencia en las decisiones competencia de los Estados nacionales; por ejemplo, la de decidir qué puede pasar por su territorio. Así, el gobierno de Orbán se ha volcado con la asistencia a los refugiados ucranianos y ha autorizado el paso de suministros médicos, alimentos y, en general, ayuda humanitaria, pero no de armas. En el trasfondo están los contenciosos que Hungría mantiene con Ucrania, en general relativos a los húngaros de la región ucraniana de Transcarpatia.
La resistencia húngara en estas semanas ha sido incluso mayor cuando se han tratado de impedir las compras de gas ruso por parte de los países de la Unión Europea. El gobierno de Orbán se ha resistido a imponer a los húngaros el coste de un boicot energético que los dañaría muy gravemente y que tendría hondas repercusiones en la economía húngara. Las críticas de Zelenski desde Kiev han sido durísimas y no han evitado evocar la historia del Holocausto en Hungría trazando un paralelismo con lo que hoy viven ciudades ucranianas como Mariupol. Orbán ha resistido, hasta el momento, todas esas presiones. Esa resistencia le ha deparado el triunfo.
En efecto, al final de la jornada, sólo Orbán seguía en pie. El fracaso de la oposición ha sido tan rotundo que el presidente incluso ha mejorado sus resultados. Con el 97% del voto escrutado, Fidezs ha obtenido 135 escaños mientras que Unidos por Hungría se ha quedado en 56. En el Parlamento entra, además, con siete diputados un tercer partido llamado Nuestro País formado por exmiembros del partido Jobbik.
Habrá mucho tiempo para analizar cómo ha podido fracasar esa unión de fuerzas contra Orbán. Resulta claro, no obstante, que los húngaros han optado por el candidato que ha demostrado ser capaz de resistir las presiones del exterior y tomar decisiones pensando sólo en su interés nacional. El apoyo de la oposición a Zelenski tampoco ha ayudado a Márki-Zay, que ha terminado visto como un político al servicio de otros intereses. La firmeza frente a la UE, frente a Zelenski y frente a las organizaciones globalistas ha servido a Orbán una victoria contundente.