La multitud de propagandistas que habita La Moncloa ha acuñado una nueva frase para disimular las tropelías políticas de Pedro Sánchez y, de paso, acorralar al PP. En los últimos días, el presidente y los ministros más parlanchines repiten sin cesar la puya envenenada: ¿qué tiene que pasar para que la Oposición apoye al Gobierno?
La burda añagaza busca que Feijóo, tras su abrupto aterrizaje en Génova, se rinda con esta demagógica frase y pacte a ciegas todo lo que a Pedro Sánchez se le antoje. Busca también camuflar su autoritarismo con los estragos de la pandemia, la devastación de la lava del volcán de La Palma, los muertos de la guerra de Ucrania o su rendición ante Marruecos. Aprovecha sin pudor acontecimientos trágicos para exigir una unidad a la Oposición que no es capaz de lograr ni en el seno del Gobierno que preside.
El manual propagandístico de La Moncloa está basado en el de los regímenes autoritarios. Cuando la comunidad internacional criticaba a Franco por la falta de democracia y libertad en España, el dictador lo achacaba a la conspiración judeomasónica. Tal cual. Y había quien se lo creía. Ahora, Putin responsabiliza a los ucranianos de los masivos asesinatos y de la destrucción de su propio país. Y también convence a muchos rusos. La propaganda y la censura lavan cerebros.
Pedro Sánchez, que a diferencia de Franco y de Putin es un presidente nombrado democráticamente, actúa como si tuviera mayoría absoluta en el Congreso, cuando gobierna con 120 escuálidos escaños gracias a la coalición con los comunistas y su alianza con los amateurs de golpistas y los herederos de ETA. Pero exige apoyo y unidad en el Hemiciclo. No ha consultado ni al Congreso de los Diputados, ni siquiera a su socio de Gobierno, decisiones como el envío de tropas a la guerra de Ucrania o la humillante rendición ante Mohamed VI. Peor aún, viajó a Rabat a rendir pleitesía al rey de Marruecos después de que todos los grupos parlamentarios, incluido Podemos, rechazaran en votación parlamentaria su desconcertante traición en el conflicto del Sáhara Occidental.
¿Y qué tiene que pasar para que Sánchez cuente con el aval del Congreso y el consenso de los grupos parlamentarios para afrontar las tragedias que se han producido? Porque para lograr esa unidad que reclama el presidente, conviene que primero consulte sus atrabiliarias decisiones. Incluso si el PSOE tuviera mayoría absoluta en el Hemiciclo estaría obligado a negociar acuerdos de Estado en asuntos como la participación de España en la guerra de Ucrania o el conflicto del Sáhara Occidental.
Ahora, con la llegada de Feijóo a Génova, los políticos y medios de comunicación adictos arrecian con su ingenua propuesta de exigir al PP negociar una ristra de pactos de Estado; para empezar, la renovación del Poder Judicial o las medidas económicas para afrontar la crisis económica que ya ha disparado la inflación más que en ningún otro país de la UE. Pero como se comprobó en el “cordial” encuentro en La Moncloa, el presidente del Gobierno no busca negociar con el líder de la Oposición. Busca su apoyo incondicional. Después de tres horas en palacio, los líderes de los grandes partidos solo acordaron seguir hablando otro día. Porque, sectarios aparte, es evidente que Sánchez no quiere pactos con el PP por el temor a la reacción de su socio de Gobierno y de sus siniestros aliados. Prefiere culpar del atasco institucional al PP con la frasecita de marras: qué tiene que pasar…
Y lo único que tiene que pasar es que Pedro Sánchez se vaya a su casa. Porque mientras sea el presidente del Gobierno se antoja imposible que los dos grandes partidos alcancen los pactos de Estado que España necesita. Si acaso, acordarán un apaño para la renovación del Poder Judicial. Pero que nadie sueñe con que se pondrán de acuerdo en otros asuntos. Al menos, mientras Sánchez sea el jefe del Ejecutivo y el secretario general del PSOE. Cuán largo me lo fiáis…