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TRIBUNA

El fútbol carece de romanticismo

Juan José Vijuesca
miércoles 20 de abril de 2022, 19:37h

En el fútbol el balón carece de sentimientos, es una naturaleza muerta. De ser un objeto con vida propia los animalistas ya habrían contribuido a su prohibición, lo digo por el afán de patear el esférico sin culpa ni dolor; de manera que el juego del balompié descansa en el talento futbolístico de los jugadores que lo practican y no en la vena poética de algunos entrenadores y/o dirigentes empeñados en rivalizar con Pablo Neruda a la hora de expresar piedades, estremecimientos o destemples, sin caer en la cuenta de que en el fútbol profesional no existe ni el romanticismo ni siquiera el amor. Tan solo las excusas.

Me refiero a Xavi Hernández, actual entrenador del FC Barcelona, nada sospechoso de haber sido un enorme futbolista, tanto a nivel de equipo como de la selección española. Hombre talentoso con el balón en los pies y en ciernes de madurar como instructor desde el banquillo que ocupa. El fútbol es una carrera de fondo y como casi todo en la vida hay que alcanzar metas de prestigio para doctorarse y más tarde saber mantenerse entre los grandes.

Está claro que a día de hoy el señor Hernández, con los mimbres que tiene, hace lo que puede. Nada que reprochar, incluso le endosó un 4-0 al Real Madrid que ya es, pero he ahí que el acervo de la gesta creó un revulsivo inverso para unos y otros, es decir, el FC Barcelona fue a menos y el Madrid a más; de manera que el oprobio deportivo se instaló en donde la flor de un día se marchita, o sea, en Can Barça. A partir de entonces las pinceladas del renacer caen en saco roto por el galimatías que impera dentro del club de los amores del bueno de Xavi.

No me refiero a los jugadores de plantilla, que se me antojan de crédito y categoría, pero no así de liderazgo futbolístico. Joan Laporta viene “comprando en sueños” jugadores de relumbrón desde que se marchó Messi de aquella manera. Bien si así se produce cuando la actual catarsis social, deportiva y económica del club que preside lo permita; ahora bien, mientras ello toma cuerpo cierto lo aconsejable es dejar de contemplar el retrato de Dorian Gray y mirarse en el espejo de la realidad. Cuando vienen mal dadas la institución rompe aguas y el nivel tiende a desbordar el río de las dichas deportivas. Si algo tengo claro es que el romanticismo no existe en el fútbol y no vale abusar de otras odas que no sean las de los propios futbolistas con el balón.

Circunstancias al margen de lo expuesto, lo único que queda es una prosa que como ya es sabido se trata de la forma que toma naturalmente el lenguaje para expresar los conceptos, y no está sujeta, como el verso, a medida y cadencia.​ O sea, el equivalente a “palabrería”, y eso es lo que aflora en esta dicotomía funcional cuando la cordura se convierte en la excusa. Xavi Hernández en vísperas de disputar el partido de vuelta contra el Eintranch de Frankfurt, en la Europa league, ya cargó contra el césped del rival en el partido de ida. Muy mala señal. Y no contento con eso aportó su sabiduría diciendo que el Barça es el club más exigente del mundo “A nosotros no nos vale ganar 1-0 en el minuto 90. Hay que ser siempre excelentes en todo lo que hacemos. No hay comparación alguna en ningún lado, en ningún país” Después del partido contra el Eintranch se hizo el silencio, menos para los más de 30.000 seguidores del equipo alemán que ellos sí pusieron la excelencia en campo ajeno y además con el gustazo de haber encontrado un filón en el número de entradas puestas a la venta, presuntamente por los propios socios del Barça, en una nefasta organización del club blaugrana.

En esta encrucijada, y como suele ser habitual cuando los éxitos deportivos se encaminan hacia la nada, salvo milagro o por aquello de las matemáticas, comienzan a salir esos manidos recursos, ya saben, que si los árbitros desvirtúan la competición, que si el VAR, y otras tantas retahílas que sirven para desviar los problemas domésticos que a día de hoy son de gran calado, circunstancia ésta que la masa social del FC Barcelona no merece en absoluto. Y eso es lo que en verdad adultera el desafío y no las excusas tan manidas y fuera de los tiempos que maneja el señor Laporta.

En fin, como aficionado al fútbol debo confesar mi debilidad por la excelencia y eso, créanme, casi siempre es atribuible al conjunto de las cosas bien hechas merced a la buena gestión de quienes controlan el timón de lo serio. El talento y mucho de trabajo diario, sin olvidar los recursos de los contendientes, ponen a cada cual en el lugar de sus aspiraciones. El resto solo es fútbol, pero es que yo soy un romántico.

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