El pelotazo urdido por Luis Rubiales y Gerard Piqué tardará poco en convertirse en la enésima película de “Torrente”. Tiene todos los elementos para que Santiago Segura escriba un guión basado en las conversaciones entre el futbolista catalán y el presidente de la Federación Española de Fútbol. El argumento es conocido. Dos sinvergüenzas de medio pelo se ponen de acuerdo para dar un pelotazo por llevar la Supercopa española a Arabia Saudí. Y son descubiertos con los pantalones bajados y las manos llenas de billetes. El dirigente deportivo es el tonto de la película y el futbolista, el que se cree muy listo y dirige el cotarro.
El gran hallazgo de “El Confidencial” reside en la publicación del contenido de los audios. Ahí está la clave de los tejemanejes de estos dos macarras que aprovechan su amistad no solo para llenarse los bolsillos. El defensa catalán busca también que el presidente de la RFEF le lleve con la selección española a los juegos olímpicos y manipule el arbitraje para favorecer al Barcelona. Todo tan antideportivo como suele mostrarse el gran defensa catalán. El tonto de Rubiales contesta que lo intentará, en lugar de indignarse por tales peticiones.
La escena más desternillante, o más patética, de la película se produce cuando Rubiales convoca una rueda de Prensa para aclarar lo sucedido. Hay que buscar a un buen actor para que imite las muecas del protagonista. Pasa de amagar con unos pucheritos cuando habla de sus hijas y jurar “por su honor ser un hombre honrado” a poner cara de chulo de discoteca para culpar a la “mafia” por pinchar su teléfono. Pasa en un instante del victimismo compungido a la amenaza chulesca. Pero no es capaz de desmentir un solo hecho. Hay que desconfiar de los que juran con solemnidad de su honradez y recurren al amor a la familia para justificar una estafa. Demostró que es el tonto de la película en cada minuto de las dos horas que dedicó a los periodistas.
Y Piqué se pasó de listo cuando justificó el pelotazo. Como Luis Medina y compañía, defendió el derecho a llevarse comisiones. Defendió el derecho a llenarse los bolsillos de millones por unas simples llamadas telefónicas. Y es que hay que tener el número del móvil del interlocutor para poder llevárselo crudo. Esa es la clave del negocio. El defensa del Barcelona, además, es amigo del dirigente del fútbol español. Tan amigos que se llaman “Rubi” y “Geri”. Tan entrañable como cursi.
A la próxima película de Santiago Segura solo hay que buscarle una tía buena para completar el reparto. Porque, como defendió Rubiales, la Federación quiso celebrar la Supercopa en Arabia Saudí para promover la igualdad de las mujeres. Pues, según él, ése, y no otro, es el motivo del pelotazo de los dos macarras made in Spain, por mucho que le escueza al independentista catalán. Solo falta que en la película aparezca Irene Montero para defender a los países musulmanes que apedrean a las mujeres adúlteras y encarcelan a los homosexuales. Como cantó la simpática Alaska en un espectáculo a la americana celebrado antes de la final de la copa del Rey, “a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga…” Un ejemplo más de la misión esencial de Rubiales al frente de la RFEF: defender los derechos de la mujer; o mejor, del colectivo LGTBI. Un motivo de peso para que la Federación le pague ilegalmente el alquiler de un piso de lujo e incremente su sueldo en miles de euros. Es lo menos que se merece un padrazo y un “hombre honrado”. Santiago Segura ya prepara el rodaje de su próxima película: “¡Vaya par de macarras!”.