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Crítica

"El niño con el pijama de rayas": retrato del Holocausto desde la inocencia

sábado 27 de septiembre de 2008, 15:54h
Se ha querido comparar “El niño con el pijama de rayas” con la también genial cinta del oscarizado cineasta italiano Roberto Benigni “La vida es bella”, porque ambas acercan la tragedia al espectador desde la inocente mirada de un niño. Sin embargo, si en la segunda parte de la película italiana, la cámara se fijaba exclusivamente en el interior del campo de concentración, en la del director Mark Herman no lo vemos hasta los últimos minutos del final. Lo original del libro de John Boyne, "best seller" internacional traducido a 30 idiomas, en el que se basa la película es que nos obliga a vivir aquel terror desde la confortable casa de una privilegiada familia alemana cuyo cabeza de familia es, además, el máximo responsable del campo de exterminio junto al que se trasladan a vivir.



Son, desde luego, los infantiles diálogos de Bruno y de Shmuel, magníficamente interpretados por Asa Butterfield y Jack Scanlon, los que marcan la pauta de una historia dramática, rodada con un ritmo suave y elegante, que quiere aproximarse, esta vez, a lo vivido por una sociedad, la alemana, a la que todavía le cuesta hablar abiertamente de cómo vivió aquellos hechos que siguen conmocionando al mundo. Así, la madre y la hermana de Bruno representan esos dos puntos de vista antagónicos pero igualmente controvertidos. El de quiénes se dejaron convencer por la eficaz propaganda del régimen de Hitler y el de aquellos otros que vivieron en la ignorancia, mirando hacia otro lado, hasta que algún hecho cercano les abrió los ojos a la crueldad.

Como siempre que se lleva a la gran pantalla la adaptación de un libro que ya han leído la gran mayoría de los espectadores, la duda que surge al director es la de si introducir nuevos elementos a la historia o si, por el contrario, ser absolutamente fiel y seguir paso a paso la estructura de la novela. Herman está claro que ha optado, con éxito, por la segunda opción y tan sólo se permite desarrollar un poco más la historia de los padres de Bruno, en detrimento de más planos de los encuentros de los dos niños separados por la terrible y simbólica alambrada.