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TRIBUNA

Bienvenido Luis Alberto de Cuenca, poeta y admirado amigo

martes 26 de abril de 2022, 20:21h

La amistad -para definirla de alguna manera- es una profunda relación afectiva entre dos personas en las que se produce afinidad y a través de la cual se comparten valores, creencias y momentos especiales. Lo que más se valora de la amistad es la lealtad y la sinceridad, el compromiso y el apoyo que se deposita en el otro. Para Aristóteles, que fue hombre de amigos, “la amistad es un alma que habita en dos cuerpos y, a la vez, un corazón que habita en dos almas”.

Hace ya una ponchada de años que conozco a Luis Alberto de Cuenca (si mal no recuerdo nuestro primer encuentro fue en el Instituto Iberoamericano y creo que el querido Félix Grande me hizo estrechar su mano afectiva y cabal. Años después, en la década del ‘90, siendo Luis Alberto director de la Biblioteca Nacional de España, presentamos juntos un poemario de Alejandro Guillermo Roemmers y, más tarde, una edición de la revista Proa, que yo dirigía, dedicada a Federico García Lorca. Desde aquellos lejanos días, cada vez que estoy de visita en España uno de mis mejores hábitos es encontrarme con el poeta, amigo entrañable y uno de los más amenos e inteligentes conversadores de Madrid; a su lado está siempre acompañándolo y enriqueciendo la conversación la encantadora y brillante Alicia Mariño.

Devotos de Borges, como somos ambos, le encanta que hablemos de su obra y recordemos las sabrosas anécdotas muy al estilo Oscar Wilde usadas por este prodigioso maestro de la palabra. Compartir una mesa con Luis Alberto es navegar en un mar de sabiduría abierto a todos los rumbos literarios y de la cultura en general. Su inteligencia y su asombrosa memoria se mezclan con una sensibilidad fina y persistente. Erudito y bien informado, el poeta ama los clásicos, aunque prefiere los amigos y el diálogo abierto y franco a las recurrencias académicas. Amante furioso de la lectura, aclara que uno de los motivos que lo llevaron a retirarse de la función pública es tener tiempo para poner en orden su biblioteca, ubicada en un piso del barrio de Salamanca donde saludablemente transcurre buena parte de su existencia.

Alegre, de contagioso buen humor, derrochando simpatía por sus cuatro costados, Luis Alberto de Cuenca es también uno de los hombres más generosos de su tiempo que yo conozco. Como buen transgresor ha nada le hace asco y ha traducido Los sonetos lujuriosos de Pietro Aretino, los Kamasutras del siglo XVI en los que son frecuentes las palabras procaces y todo tipo de barbaridades. “Todo es cultura -aclara con buen criterio-; y esa traducción responde a un plan de investigación italiano”. En cuanto a España De Cuenca recuerda que durante el franquismo había una censura severa y otra laxa; pero, a finales de los cuarenta, debido al nacionalcatolicismo (más grotesco todavía que el fascismo inicial porque no tenía esa moralina con el sexo), la violencia y lo que se consideraba absurdamente procaz se condenaba de un modo implacable. Se llegaba al colmo de prohibir o mostrar, verbigracia, cómo una espada guerrera traspasaba al adversario, lo cual era absurdo, pues los crímenes de lesa humanidad de la policía fascista eran peores; en cambio, subrepticiamente, los harenes borrascosos mostraban en los palacetes de los musulmanes a muchachas fantásticas y estremecedoras, en ocasiones exhibiendo sus partes pudendas.

En su poesía se funden el estudioso y el creador, sin que ninguna de las dos facetas intervenga en otra. Su lírica sutil, tan desenfadada como escéptica nos entrega lo que en nuestro tiempo algunos académicos denominan “poética transculturalista”, y a nosotros nos gusta más llamar “antipoesía” que contó entre otros paradigmas contemporáneos al aedo chileno Nicanor Parra; vale decir, una lírica irónica y elegante, tan desenfadada como escéptica, donde lo transcendental se entremezcla a lo vívido cotidiano y lo libresco dialoga con lo popular.

La otra noche, después de la movida,
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.

Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!

Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.

Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.

Libre de ataduras ideológicas, alguna vez me aclaró Luis Alberto que Bertolt Brecht, considerado uno de los más exaltados dramaturgos del siglo XX, era un estalinista furibundo, y que el escritor y médico francés, Louis-Ferdinand Celine, un nazi menos lógico que empecinado, “pero su Viaje al fondo de la noche -agregó- es uno de los textos más reveladores que se han escrito. Y así hay tantos otros casos”. Coincido con él. El arte de la literatura está por encima de esas enojosas cuestiones.

En esta confusa época que vivimos a veces hasta parece que se es, incluso, más indulgente con la violencia que con el sexo. La prueba son las guerras absurdas, necias y crueles. Otro de los admirados por Luis Alberto de Cuenca es el Marqués de Sade; esa figura heterodoxa aparece reivindicada en uno de los poemas centrales de Los retratos, volumen con el que ganó un premio. “Me impresionó mucho su novela La filosofía en el tocador y llegué a la conclusión que era uno de los grandes revolucionarios de la historia, capaz de profundizar en el corazón del hombre más que otros muchos pensadores. Junto con Freud y Darwin, fue el inaugurador de la modernidad. Eso sí, admito que como escritor era muy flojo; pero eso poco cuenta en el balance”.

MORELLY HABLÓ,

La Mettrie habló,

Holbach habló.

Inauguraban. Concebían.

Deshammurabizaban.

SADE habló.

Hambreando,

casi descuartizándose,

enunció su doctrina

imaginando

—Freud en francés y de madera—

A Donatien Alphonse François,

Conde de Sade, llamado

“Marqués de Sade”

presuntos libertinajes de pesquisa,

búsquedas-hasta-no-poder-más.

Te enfrentaron al Bien,

bíblico Sade…

Ni que decir tiene que estas preferencias se han mantenido inalterables a lo largo de toda la trayectoria de nuestro poeta; agreguemos que en coincidencia, también Octavio Paz reivindicó al divino Márques y que le dedicó un largo ensayo.

Completemos diciendo que Luis Alberto de Cuenca, además de ser uno de los primeros poetas de España, nacido un 29 de diciembre de 1950 en Madrid, es filólogo, helenista, traductor, ensayista, columnista, crítico y editor literario; siendo además “académico de número de la Real Academia de la Historia”, académico de la Academia de Buenas Letras de Granada, vocal del Real Patronato del Museo del Prado y miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Luis Alberto, que a la brevedad llegará a Buenos Aires invitado por la Feria del Libro, acaba de ser galardonado con el XVIII Premio Internacional Federico García Lorca-Ciudad de Granada, considerado uno de los más prestigiosos en el ámbito de la poesía escrita en español. ¡Aleluya, que muy bien merecido lo tiene nuestro admirado y bien leído amigo!

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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