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TRIBUNA

Socialdemocracia e internacionalismo (Final)

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 30 de abril de 2022, 19:03h

La tercera entrega de mi breve historia del socialismo, que publiqué en la Enciclopedia de las ciencias morales y políticas para el siglo XXI (Real Academia de Ciencias Morales y Políticas & Boletín Oficial del Estado, 2020), se refiere a dos dilemas del pensamiento y práctica del socialismo, que están presentes en nuestros días.

Primero, la desconfianza que el socialismo -que comprende pensamientos y partidos diversos- tiene para asumir, con todas sus consecuencias, la democracia liberal o representativa, es decir, aceptar a las demás ideologías, mientras éstas sean expuestas dentro de ley, y rechazando absolutamente la fuerza o la violencia; después, se formula la pregunta de si se debe, o no, facilitar el acceso al poder a partidos que derogarían derechos que están vigentes gracias al desarrollo histórico de las constituciones.

Segundo, y a mi juicio este dilema está relacionado con el anterior: se trata de si el socialismo debe plantearse sus objetivos (en favor de la justicia social) en clave internacionalista, o si debe actuar exclusivamente en clave nacional o del “Estado nación”. Este dilema está presente en la política de Francia, y aunque la reelección de Macron abra expectativas de cierta estabilidad, la posibilidad de que el Estado más importante de la UE se vea sacudido por rebeliones y crisis institucionales, es una posibilidad, que preocupa al gobierno francés, y a la mayoría de los gobiernos europeos.

He aquí mi texto final. En otra carta escribiré sobre Francia y Europa.

“El dilema socialista entre la revolución y la democracia liberal tardó tiempo en plantearse. Pierre-Joseph Proudhon (1808-1865), Mijaíl Bakunin (1814-1876) o Piotr Kropotkin (1842-1924), eminentes pensadores anarquistas, rechazaban el marxismo por su autoritarismo y su tendencia a la extrema centralización del poder estatal; en su lugar, la sociedad socialista se organizaría de acuerdo con “el principio federativo”, para impedir monopolios económicos y fomentar el pluralismo cultural e ideológico.

Los anarquistas tenían una visión de la libertad superior a la de los marxistas, pero su común rechazo del Estado liberal impidió que esas dos corrientes socialistas careciesen de una teoría estatal rigurosa. Engels llegó a afirmar en 1890 que “el sufragio lleva al socialismo” y Kautsky pensaba que la revolución socialista sería el último paso de la evolución del capitalismo.

Eduard Bernstein (1850-1932), albacea intelectual de Engels, fue quien modificó radicalmente las conclusiones del marxismo, aceptando la democracia representativa, por su valor en sí, y no como fase previa a la revolución. Su contacto con el laborismo inglés, y la “sociedad fabiana” de Sidney (1851-1947) y Beatriz Webb (1858-1943), le sirvieron para iniciar la revisión de las ideas y estrategia de las organizaciones socialistas, y a partir de entonces su ideología se conocería como socialdemocracia o socialismo liberal. El Congreso de Bad Godesberg (15 de noviembre de 1959), del Partido Socialdemócrata Alemán, es la expresión de los cambios habidos en el socialismo democrático después de 1945.

Las distintas corrientes socialistas fueron internacionalistas y cosmopolitas. Pero no fueron en la práctica más allá del Estado nación, y siguieron cautivas de la idea de la Revolución, y su envés no fue otro que la Nación soberana. Las distintas Internacionales de los Trabajadores, socialistas y anarquistas, aunque fueron ámbito de debates y de denuncia contra la explotación de los seres humanos, no alteraron la política mundial. Jean Jaurès (1859-1914), el destacado intelectual socialista francés, asesinado por su oposición a la guerra, es un resumen de la endeblez del internacionalismo del movimiento obrero. La Internacional comunista (1919-1943) actuó como un instrumento exterior de la Unión Soviética, y las revoluciones comunistas posteriores, China, Yugoslavia, Vietnam, Cuba, etcétera, tuvieron mucho de revoluciones nacionales o anticoloniales.

En el impulso del multilateralismo y cosmopolitismo con el que se superó la Segunda Guerra Mundial, cuyos logros fueron la ONU y la Unión Europea, el internacionalismo socialista influyó menos que la ideología de los presidentes demócratas, Roosevelt y Truman, o el pensamiento europeísta de democristianos, con la destacada excepción del socialista belga, Paul-Henri Spaak (1899 – 1972).

El internacionalismo será en el siglo XXI la única razón de ser del socialismo como ideología que aspira a superar las injusticias y los males causados por el capitalismo en la globalización actual.”

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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