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ORIENT EXPRESS

Fue un genocidio

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 01 de mayo de 2022, 18:34h

Yo no pensaba volver hoy sobre el Genocidio Armenio, cuyo 107º aniversario se conmemoró la semana pasada. Sin embargo, el mismo 24 de abril, un día de tristeza y recuerdo en Armenia y en las comunidades armenias de la diáspora, se hizo público un mensaje que Recep Tayyip Erdoğan, presidente de la República de Turquía, envió a Sahak Mashalyan, patriarca armenio de Constantinopla.

Se trata de unas líneas en que el presidente se une a la conmemoración de los “armenios otomanos que perdieron sus vidas en las duras condiciones impuestas por la Primera Guerra Mundial”. Añade que “una vez más recuerdo con respeto a los armenios otomanos que fallecieron y ofrezco mis sinceras condolencias a sus familiares” y “pido la misericordia de Alá para todos los ciudadanos otomanos que pasaron a la vida eterna en las difíciles circunstancias de la Primera Guerra Mundial”. El presidente recuerda que “los últimos años del Imperio Otomano, que se corresponden con la Primera Guerra Mundial, fueron un periodo doloroso para millones de otomanos”. Hacia el final del mensaje, Erdoğan señala que “hemos iniciado un proceso constructivo con nuestra vecina Armenia”. El mensaje dice algunas otras cosas. Por ejemplo, se compromete con la paz y la seguridad de los armenios “en esta tierra”.

Admitamos que estos mensajes revelan, al menos, la necesidad de expresar cierta empatía hacia el sufrimiento de los armenios. El adjetivo “otomanos” no deja de resultar algo desconcertante aplicado a ellos porque fue precisamente su exclusión de la vida política y social del imperio la que terminó conduciendo al genocidio. Es cierto que, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, hubo un intento de construir una identidad “otomana” que superase las divisiones religiosas que el sistema imperial imponía -la famosa división en “Millet”- pero terminó arrinconado por la ideología parturquista y panturanista de los Jóvenes Turcos. Tanto en la aspiración política de un Estado étnicamente turco como en la imaginada unión de todos los pueblos túrquicos, los armenios tenían un difícil (por no decir imposible) encaje.

En realidad, por eso resultan tan importantes las Matanzas Hamidianas (1894-1896) y la masacre de Adana (1909). Los intentos de los armenios del Imperio otomano de integrarse en ese proceso de modernización que se había iniciado en el periodo Tanzimat (1839-1876) terminó frustrado por la propia deriva del imperio. Sin duda, hubo una influencia de la Rusia de los zares para ganarse el favor de los armenios “otomanos” -no en vano gozaban allí de mayores cotas de libertad- pero la movilización política armenia no fue la causa de la exclusión de los armenios, sino su consecuencia a medida que la violencia tendía no ya a la represión política, sino al exterminio. Tal vez hubiera sido posible otra evolución imperial otomana -algunos armenios así lo creyeron a finales del siglo XIX- pero calificarlos ahora de “otomanos” no deja de resultar desconcertante.

Algo similar sucede con las referencias, que ya son frecuentes en este tipo de mensajes, a las penurias de la Gran Guerra. El Genocidio Armenio se perpetró durante la guerra, pero tuvo una entidad propia. Sin duda, ambos acontecimientos estuvieron relacionados, pero la destrucción de los armenios no se debió a las terribles circunstancias del conflicto, sino a una voluntad deliberada de acabar con ellos en todo el imperio. Las deportaciones a pie por los desiertos sin comida ni agua, el hostigamiento y las muertes a manos de bandas de irregulares, la incautación de las propiedades so pretexto de protegerlas, el exterminio de la intelectualidad armenia y los asaltos e incendios a los pueblos armenios son sólo algunas de las prácticas genocidas perpetradas contra los armenios desde el aparato del Estado que dirigían el triunvirato de los Pashás Enver, Talaat y Kemal.

Así, este mensaje no deja de resultar algo insatisfactorio.

Habría que ser un desalmado para no conmoverse con los relatos que los diplomáticos, los misioneros y los militares extranjeros al servicio de la Sublime Puerta dejaron. La destrucción del pueblo armenio en el Imperio otomano, especialmente en los territorios históricos de la Armenia Occidental y Cilicia, repugnan hoy a la conciencia de cualquier ser humano. Sin embargo, es de justicia reconocer y dar nombre a ese exterminio.

Fue un genocidio.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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