La actualidad conduce a reflexionar temas diversos. Inicio señalando que el espionaje a Pedro Sánchez recuerda el ejercido con la misma empresa, Pegasus, por el PRI en México. La usó el priista Peña Nieto no para autoespiarse ni para defensa de la seguridad nacional dirigida a verdaderos agentes que pusieran en peligro al Estado; la empleó en cambio, contra 700 nombres entre líderes políticos y periodistas, supuestos opositores cual si fueran terroristas indeseables y no otra cosa. Esto último es llamativo, demostrando el desprecio del PRI por la democracia y la libertad de expresión que siempre ha perseguido porque ambas denuncian a la bola de ladrones priistas de toda la vida, poniéndolas en la mira del putrefacto PRI que asfixia la libertad. Y lanza un spot aseverando que en el actual sexenio no la hay, cuando ha sido el PRI su asesino tradicional, siempre. Sinvergüenzas.
Ignoro qué me da más vértigo, si la desfachatez de Piqué diciendo que así es el negocio o meter al Emérito en el rollo. Cuando salía del hoyo el monarca, se asoma el catalán a decir que buscó al anterior rey para garantizarse acceder a favores que concitan enchufes, comisiones, por ser la vía, haciéndole un flaco favor y el mutis posterior sobre todo el tema, es notable. Más pudo el escándalo de un pasaporte tal en la liga de rugby española que darle seguimiento al escándalo de Piqué. Esa opacidad que lo favorece, hace rato que resulta innegable en el fut español con altos tufos de corrupción en muchos rubros. Hay aficionados que se niegan a admitirla. Y sí, es verdad que si se trata de los intereses de Piqué, el chico no ve conflicto de intereses. Hay que tener cara.
En tanto, no resulta indiferente el anuncio de una suerte de alianza militar, permisiva, entre China y las islas Salomón (que en siglo XIX se salvaron de ser fraccionadas como Samoa) y están amenazadas por EE.UU. en caso de atreverse a facilitar una base naval china con “proyección de fuerza”. La candidez de la primera ministra neozelandesa de llamar “error” de China el militarizar el Pacífico, me hace temer que la exitosa combatiente del COVID-19 no se ha enterado de que el Pacífico –lo que falte por repartirse– es la zona de disputa entre ambas potencias nucleares o desconoce el ANZUS. El Indopacífico es el escenario de la siguiente guerra entre potencias nucleares. A saber si sea una nuclear o no. Salomón ha desistido, amagado, pese a firmar el acuerdo. A China –audaz, sagaz aprovechando los entresijos que un Pacífico ya repartido, le deja– se la condena ahora desde otras potencias, cual si aquellas no hubieran ejercido el “derecho” a expandirse. Es fastidiosa la condena viniendo de quienes francamente, no están en posición de condenar nada. El enfrentamiento sino-estadounidense, persiste.
Menos pacífica resulta, aún y desde luego, la confrontación en Ucrania. Mariúpol como Bucha, son nombres que se quedarán para memoriar crímenes de guerra. Quienes apoyan a Rusia saben que hace ya rato que rebasó los excesos ucranianos cometidos antes del conflicto. Asedios como el de Odesa pagan la intentona de ser puente soterrado para a la ayuda euro-estadounidense. Resulta llamativa la amenaza rusa a la Gran Bretaña –dos potencias nucleares “dialogando”– advirtiéndole que como encuentre armas británicas impactadas en sus soldados, se habrán de enterar. Gran Bretaña impávida ya no tiene detrás el respaldo de la UE –ni falta que le hace– pero a la sombra yanqui se basta sola como potencia. Cierto, entre alacranes no se pican, pero esta vez, temámoslo…
Lo que sí es vergonzante por otro lado, es la codicia rusa de pretender arrebatarle su costa a Ucrania, ¿No se hartan con tanto territorio que tienen siendo el país más grande del mundo? ¡caramba! haberlo negociado en 1992. No tienen llenadera. Es escandaloso el desmembrante proceder ruso. Bastante desproporcionadas sus pretensiones, lejanas a solo perseguir lo que llamaron neonazis. Abusivos.
Sevilla siempre agrada. El envolvente aroma de jazmín de mi jardín a ella me transporta. Queda la idea de que las procesiones de Semana Santa fueron tan exitosas por esperadas, que resultaron particularmente evocadoras y sorprendentes. Fue una pena que la lluvia hiciera de las suyas, como lo hizo con la Feria de Abril que transcurre esta semana, pero pasada por agua. Por mí, que Sevilla me supone sol y que me consta que nublada o con lluvia se marchita inmerecidamente, no puedo sino lamentarlo. Ese 175 aniversario de su colorida feria, merece exaltarse y que le brille el sol, plenamente.
La victoria de Macron con el abstencionismo aflorando, campeando en la democracia francesa, tiene el símil de la reelección de Obama: lo hizo mal la primera, pero hay una suerte de condescendencia y voto de confianza, para ver si esta vez cumple y hace las cosas, ya no digamos “mejor”, sino solo hacerlas. Era mala opción, pero está peor Le Pen. La incansable asegura que continuará en su labor. Como Europa siga en plan cerrazón, la ganará, porque no se nos escapa el apoyo evidente recibido por la contrincante desde lo más rancio de los votantes.
He visto en el canal internacional de Televisión Española unas cápsulas sobre la relación México-España por el bicentenario de la independencia mexicana del año anterior. Conciliadoras, destacando puntos neutros, sin mojarse dicen en España, que me parecen elogiables. Una apuesta que amerita referirse. Es un loable esfuerzo de acercamiento y de mutuo conocimiento, siempre necesario, nunca estéril o inútil. Cosa muy diferente es lo sucedido en Maestros de la Costura. Me quedó la sensación de que el año pasado Lluís Mengual nada satisfecho, hubiera amagado con hacer un escándalo al equipo del concurso si no le daba el premio. ¿Cómo se le ha permitido, siquiera, ficharlo una segunda vez, mientras repetía que le robaron el premio, aludiendo al ganador anterior (ausente, dicho sea)? Era para que ni haberlo requerido o, de plano, haberlo echado por lioso y ser tan mal competidor, aunque pegue bien botones. Su insistencia en el robo deja en mal a TVE, a la producción, al equipo, a los jueces y hasta a los concursantes de este año, que pareciera que solo les han usado para evadir un amago del concursante al sembrar dudas inmerecidas a la honorabilidad de todos y encima, lo premian. Se merece un ¡ozú! Mal por la talentosa Macarena Rey al permitirlo, ya que cuida su trabajo al cien y no merece estos bochornosos señalamientos.
Mientras Nicaragua refrenda su triunfo en el arbitraje contra Colombia y expropia la sede de la OEA en Managua, sin definir si termina de repudiarla o no, la sorprende la inminente Cumbre de las Américas en su nueva edición a verificarse en Los Ángeles. Biden persiste en no invitarla como a Cuba o Venezuela, cuyos diferendos duran con EE.UU. hasta que cambian los intereses yanquis disponiendo otra cosa, como en el caso de merodear el petróleo venezolano para fastidiar a los rusos en el ajedrez antirruso. Biden prosigue con su errática política migratoria entrampada entre indecisiones propias y fallos judiciales, poniendo a México en permanente predicamento a expensas de lo que decida Washington. El gobierno mexicano insiste en atender el problema migratorio de origen, en darle un enfoque total y no unilateral, como hasta ahora. Casi nada ha conseguido de los yanquis, mas si el problema no se atiende de manera integral, nunca terminará. Y en el forcejeo binacional asiste a la Casa Blanca la esposa de López Obrador en el 160 aniversario de la batalla de Puebla, derrotando a los franceses. Todo por esa torcida idea yanqui de que el 5 de mayo es la fiesta nacional.
Por último, pese a que la pandemia no ha terminado, la decisión del gobierno danés de suspender ya la vacunación no es una buena noticia. Es bajar la guardia sin sucedáneos. Es un pésimo mensaje de relajamiento cuando debería de mantenerse alerta para sitiar al bicho, como debería de hacer toda sociedad que se precie de responsable. En todo caso, nos advierte la medida de que nadie ha estado exento de cometer errores en la presente peste que ha sido el COVID-19. Es cuanto.