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Novela

Isaac Rosa: Lugar seguro

domingo 08 de mayo de 2022, 23:21h
Isaac Rosa: Lugar seguro

Seix Barral. Barcelona, 2022. 312 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El autor sevillano se ha alcanzado con el premio Biblioteca Breve con una historia que nos sumerge en los miedos e incertidumbres de nuestro tiempo a través de un personaje que es un pícaro del siglo XXI. Ácida crítica social, denuncia y sarcasmo en la línea característica de Isaac Rosa. Por Soledad Garaizázal

Hace justo tres meses, Lugar seguro se alzaba con el premio de la 64ª edición Biblioteca Breve. El jurado destacaba así la extraordinaria capacidad narrativa de Isaac Rosa, autor de “una novela que atrapa e incomoda y que refleja desde la ironía y la controversia el momento de incertidumbre de la sociedad actual”. Desde entonces, nuevos horrores se han añadido al resumen de las malas noticias diarias. Nos ha estallado una guerra cruenta en la puerta de casa. Entre pronósticos agoreros, muertes energéticas, impactos siderales, amenazas nucleares, desabastecimientos, renovadas pandemias, reventones sociales o climas iracundos, el común de los mortales anda buscando un sitio en el que esconderse, en caso de necesidad.

Que nos digan a qué temer y lo temeremos, que nos presenten un nuevo catálogo de incertidumbres y amenazas y levantaremos barreras, construiremos refugios, lo que haga falta para sentirnos protegidos y a salvo. Nos confinaremos, nos aislaremos, algunos hasta conseguirán medrar a costa del miedo ajeno. El contemporáneo “ande yo caliente y ríase la gente” arroja beneficios. Se ha abierto un nicho de mercado que crece al ritmo de las nuevas catástrofes televisadas, que democratiza el anhelo de seguridad individual y rentabiliza el miedo, que brinda soluciones para permanecer indemnes en caso de colapso. Aislados sí, pero vivos.

En el caldo de cultivo de la incertidumbre absoluta que impera en la aldea global, a Segismundo García se le ha activado el olfato comercial. Le viene de familia. Su padre supo subirse al carro de las clínicas dentales low-cost y, aunque acabó en la cárcel por estafa, hubo un tiempo glorioso y efímero en el que consiguió ganar un buen dinero pintando bonitas sonrisas baratas a plazos. Ahora, Segismundo segundo ha visto la oportunidad. Este pícaro buscavidas del siglo XXI ha dado con el filón; vende habitáculos para la supervivencia, lugares seguros al alcance de todos los bolsillos, búnkeres asequibles para que los pobres también tengamos la posibilidad de capear las catástrofes actuales y venideras. Solo tenemos que disponer de un pequeño espacio, un trastero infrautilizado, una plaza de garaje entre columnas, un cuartucho, el hoyo de una piscina, para lanzarnos con ingenuidad y esperanza a comprar nuestro pasaje a la salvación.

De cliente en cliente, el protagonista de esta novela genial nos hace descubrir las motivaciones y complejos que vertebran cada segmento social. Si cambia el barrio, Segismundo varía su discurso. Adapta los miedos a las posibilidades, esgrime su labia comercial como la mejor arma, hace el paripé habitual. Convence y consigue que firmen, que sus temerosos clientes se animen a adelantar un anticipo. Necesita algunos contratos más para que el banco respalde la financiación definitiva que catapultará su negocio hacia el éxito, que le librará de las constantes subidas y bajadas a bordo del ascensor social.

Lugar seguro se desarrolla a lo largo de una jornada, con un ritmo vertiginoso que nos lleva aquí y allá, gracias a una técnica narrativa que no abandona del monólogo. Segismundo García se dirige siempre, en segunda persona, a su padre, que como tiene demencia senil es cuidado por la adorable Yuliana, encargada, entre otras labores, de seguirle por la calle cada vez que el viejo salga arrebatadamente de casa, no vaya a ser que por una vez acierte y consiga encontrar la importante cantidad de dinero que parece que escondió, en algún lugar de la ciudad, antes de perder la cabeza.

Es una novela circadiana, como lo son el Ulises de Joyce o La señora Dallowey de Virginia Woolf, que cuenta las múltiples peripecias que encierra la vida de un vendedor a domicilio y buscador urbano de tesoros, en un día digamos “normal“. Acompañado desde la mitad de la jornada por su hijo Segismundo García tercero, digna astilla para tales palos, la historia destila sarcasmo y mala baba para mostrarnos lo ridículos que llegamos a ser los humanos cuando el miedo o el resentimiento aprietan.

Aparentemente sencilla, con pocos personajes y un claro hilo conductor, su tono coloquial y sus altas dosis de ironía facilitan la lectura y divierten al lector hasta la carcajada. Pero, a medida que se pasan páginas, se va descubriendo una capa más densa, de profunda y ácida crítica social. Isaac Rosa pinta un mural de caricaturas donde brillan la hipocresía, el egoísmo, la falta absoluta de escrúpulos, la justificación de cualquier acción que nos lleve a obtener lo que pretendemos, las grietas del sistema actual.

Ante tanto temor y tan diversa amenaza, se describen diferentes caracteres humanos, casi siempre vinculados a su nivel económico. Cada clase social genera sus propios pavores y respuestas, el miedo va por barrios. Los hay que quieren, a toda costa, mantener sus privilegios y su posición de triunfadores, defendiéndose ante la llegada de nuevos aspirantes dispuestos a subir un escalón. Los hay obsesionados por alcanzar o demostrar que han alcanzado una posición más cómoda. Los hay “botijeros”, que confían en la vuelta a los ambientes rurales, ecomunales, que fantasean con la cooperación utópica como única salvación.

Los hay “prepas” o “survivals”, que ya han comenzado a acaparar todo tipo de productos que puedan salvarles la vida, desde grupos electrógenos hasta latas de conserva, equipados para el colapso total, y una amplia mayoría de ciudadanos “por si acá”, la verdadera carne de cañón, que viven mareados en el torbellino de riesgos y se debaten entre la alarma, la incertidumbre y la necesidad de protección. “Gente a la que debo manejar con cuidado, caminando por el alambre de la amenaza pero sin perder pie en el catastrofismo o el colapsismo agorero, porque ellos no quieren sentirse prepas, no quieren miedo, no tanto miedo. Esa gente, mi gente, mi mercado.”

Isaac Rosa (Sevilla, 1974), es autor de las novelas La malamemoria (1999), posteriormente reelaborada en ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (2007), El vano ayer (2004), que fue galardonada en 2005 con el Premio Rómulo Gallegos, el Premio Ojo Crítico y el Premio Andalucía de la Crítica; El país del miedo (2008), reconocida por los editores con el Premio Fundación J. M. Lara como mejor novela del año, La mano invisible (2011), La habitación oscura (2013) y Feliz final (2018), todas ellas publicadas por Seix Barral. Columnista de prensa, es también autor de varios libros de relatos, como Tiza roja, y guiones de cómic.

Su nueva novela está ya en todas las librerías. Rescata una tradición literaria que supo mostrarnos una realidad esperpéntica, deformada en los espejos del Callejón del Gato, picaresca, protagonizada por lazarillos, buscones y buscavidas, adaptada a los nuevos tiempos, genial.

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