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EDITORIAL

La dependencia energética de Rusia abre una brecha en Europa

EL IMPARCIAL
lunes 09 de mayo de 2022, 13:08h

Guerra en suelo europeo, mientras el Viejo Continente celebra, este lunes, el Día de Europa, que conmemora la “declaración Schuman”. El 9 de mayo de 1950, cinco años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, pronunciaba un discurso embrionario de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, origen de la actual Unión Europea.

Se trataba de garantizar la paz continental mediante la fusión de los intereses económicos de naciones como Francia o Alemania, cuya histórica rivalidad había desembocado en numerosos conflictos bélicos. 72 años después, puede decirse que este proyecto europeo ha sido un éxito. No se ha conocido en la historia reciente un periodo tan largo de paz entre las naciones que constituyen la Unión Europea.

Sin embargo, este innegable triunfo tiene también sus claroscuros. Este domingo, los países integrantes de la UE eran incapaces de alcanzar un acuerdo para restringir sus compras de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin, que continúa pisoteando los derechos humanos en Ucrania. Tampoco se ha podido prescindir del gas ruso, para sonrojo de todo Occidente.

Estos desencuentros evidencian la dependencia energética de la que adolece Europa con respecto a Rusia. Heredera del imperio de los zares y del posterior imperio soviético, la moderna Rusia reclama su hegemonía en la frontera este de la Unión Europea. Putin, antiguo espía de la KGB, ha maniobrado para asegurarse de ser el proveedor necesario de energía y, a día de hoy, ha demostrado ser imprescindible para países como Alemania, uno de los pilares fundamentales de la Unión.

Seguir comprando el gas y el petróleo a Rusia significa también pagar la guerra de Putin contra el pueblo de Ucrania, que miró con esperanza hacia Europa como posible vía para integrar su país en la paz y en la prosperidad, frente a los desmanes de Rusia.

El proyecto de una Europa unida sigue en construcción, a pesar de notables decepciones, como la salida del Reino Unido. La respuesta conjunta a la pandemia de la Covid 19 ha reverdecido la ilusión de las aspiraciones europeístas frente a los partidos euroescépticos, cuya popularidad se ha mantenido al alza en los últimos años. Mientras que naciones como la ucraniana cifraban sus esperanzas en entrar a la Unión Europea, cada vez más ciudadanos cuestionan la frágil autoridad de Bruselas y las instituciones europeas. El ejemplo del Frente Nacional de Marine Le Pen resulta paradigmático. Por ello, y a pesar de las inevitables grietas, es preciso avanzar en acuerdos que muestren a los enemigos internos y externos de Europa, la irreversibilidad del proyecto de la Unión.

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