Las distintas caras de la Administración en España
Manuel Villoria
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gapdirectorfoges/12/3/12/16
domingo 28 de septiembre de 2008, 19:38h
España, desde principios del siglo XX, se dotó, en el nivel central de gobierno, de una Administración pública profesional, competente y bastante honesta. Es cierto que dicha Administración funcionaba con paradigmas burocráticos, era excesivamente centralista y no se preocupaba suficientemente por la eficiencia en los programas, es decir, no tenía una verdadera orientación al control y la reducción de costes, pero, en esencia, nos ayudó, cuando la batalla política no dejaba sangre en las calles y se disponía de una cierta tranquilidad institucional, a progresar económicamente, consolidar el gobierno de las leyes y mantener el orden social. Abogados del Estado, diplomáticos, notarios, inspectores de Hacienda, interventores, maestros, guardias civiles fueron generando una base meritocrática para la acción de gobierno indispensable para llegar a donde estamos. Más tarde, en la democracia actual, los funcionarios de esos cuerpos y de otros, como la Policía Nacional, los TAC o los técnicos de la Seguridad Social, unidos a un ejército renovado y más desideologizado y a unos profesionales de la sanidad bien formados y vocacionales han contribuido a que nuestro índice de desarrollo humano sea más que aceptable. Evidentemente, una parte de estos profesionales debería renovar muchos de sus valores cuanto antes, pues mantienen una excesiva dependencia de paradigmas caducos. Por ejemplo, deben incorporar una mayor preocupación por la eficiencia, la transparencia, la rendición de cuentas, la calidad en los servicios y deben empezar a trabajar más desde la idea de la colaboración con el sector privado y la sociedad civil, olvidando el viejo ideal de que el Estado lo puede resolver todo por sí mismo. En cualquier caso, tenemos las bases institucionales para seguir progresando. El gobierno tiene la responsabilidad ahora de desarrollar las normas que permitan introducir la evaluación del desempeño, la función directiva profesional, la carrera en base al mérito, etc. Si lo hace, y lo hace bien, todos saldremos ganando.
Por desgracia, la situación no es la misma en alguna Comunidad Autónoma y en muchos Ayuntamientos. Estas Administraciones, sobre todo las locales, han sufrido la presión clientelar de forma persistente y su capacidad de resistencia ha sido muy baja en demasiadas ocasiones. En consecuencia, tenemos que decir que el “spoils system”, o modelo que permite el nombramiento y cese de funcionarios por criterios puramente partidistas, tiene en nuestras administraciones subnacionales demasiados ejemplos. En realidad, se ha creado un sistema peculiar que se caracteriza por entrar en la Administración de forma fraudulenta, basándose en las amistades políticas y, una vez dentro, consolidar la relación laboral o funcionarial para quedarse de por vida. Con ello, un importante contingente de incompetentes se ha incorporado a la función pública. Y lo que es peor, se han generado los incentivos para seguir presionando clientelarmente para obtener empleo fijo. Todo ello lleva a incrementos de plantilla innecesarios en áreas secundarias para la acción de gobierno, donde se acumulan funcionarios de diversas redes clientelares. Mientras, en las áreas verdaderamente vitales, donde el clientelismo es más difícil por la tecnificación o profesionalización necesarias, existe muchas veces infradotación de plantillas y presión excesiva de la demanda de servicios. Para colmo, estos niveles de gobierno han decidido que pagar más a sus funcionarios, sobre todo a los sindicalizados, que lo que paga el Gobierno de España a los suyos es una muestra de lo mucho que valoran lo público (lo cual, cómo no, merecerá un voto masivo por parte de dichos funcionarios al gobierno dadivoso), creando un verdadero caos retributivo. Un caos que permite que, en este país, un sargento de la policía local en algún rico municipio de Madrid, con horas extras y servicios extraordinarios gane más que un general de la Guardia Civil especializado en la lucha antiterrorista. Bien, llegados a este punto, creo que ha llegado el momento de empezar a preocuparse por este asunto seriamente. Ha llegado el momento de decir basta.
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Catedrático de la Unversidad Rey Juan Carlos
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gapdirectorfoges/12/3/12/16
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