Uno. «El viento tanteaba las paredes en busca del viejo polvo». F. Scott Fitzgerald.
Dos. Paseos entre el Señor Viento para atravesar el puente, solo.
Tres. No tener verdadero sentido de la dirección emprendida.
Cuatro. Extraños pensamientos sobre la noche estos días.
Cinco. La preocupación habla un lenguaje muy comprensivo.
Seis. Lo postmoderno rodea aquella barca que avanza lentamente empujada por el Señor Viento.
Siete. Con malos vientos justamente se siente lo que es bello.
Ocho. Fenómeno misterioso observable.
Nueve. El Señor Viento cambia a veces de frío a calor, transforma el vapor en hielo.
Diez. Línea del pobre inmigrante. Su combate es una extraña mezcla.
Once. El balón tiene electricidad y viene oscilando por el aire hacia mí.
Doce. Estoy en la línea de banda enteramente solo.
Trece. Oigo gritos desde la banda a pesar del Señor Ciclón.
Catorce. El mundo de Thomas Wolfe es el mundo de un gran obrero.
Quince. El aullar audaz del coyote como un guante.
Dieciséis. Literatura que no puede ser roída por las termitas.
Diecisiete. El viento miente, engaña, se esconde y cuenta, y vuelve a engañar.
Dieciocho. El Señor Viento se lleva las lágrimas que corren por mi cara.
Diecinueve. Correremos el doble así, dice el Señor Viento.
Veinte. Camino hacia la nada con el Señor Viento.
Veintiuno. Me acerqué a ella cogiéndola de la mano. Sin viento en voz alta.
Veintidós. Sople, Señor Viento, con sus colmillos blancos.
Veintitrés. Batalla con fuerza a pesar del viento penoso.
Veinticuatro. El viento azota, pero tengo los secretos que rigen el universo.
Veinticinco. Señor Viento, soy estrato de arena, depósito de grava y me mantengo a distancia.
Veintiséis. No hay nadie en la calle. Solo el Señor Viento jugando un juego repetidamente.
Veintisiete. El viento sopla. Las sombras salen y no vuelven.
Veintiocho. Rodamos. ¡Sople, Señor Viento! No debo nada. ¡Sople!
Veintinueve. Vivir es sentir un viento que desea decirnos algo.
Treinta. Una voz susurrada y soñolienta me pregunta qué hago aquí.
Treinta y uno. ¡Qué hermosa electricidad a intervalos regulares!
Treinta y dos. Recibir noticias desde otro ángulo de visión.
Treinta y tres. ¿Sabes que el Señor Viento puede traspasarte como una bala y liquidarte?
Treinta y cuatro. Fueron a la fiesta para olvidar la pequeñez de la humanidad.
Treinta y cinco. Explosión de electricidad para tener dotes especiales.
Treinta y seis. Eternidad mirando fijamente a todo el mundo.
Treinta y siete. No hay categorías para la inexactitud.
Treinta y ocho. Lo preciso es decidir si quedarse o no.
Treinta y nueve. La veracidad sólida es compararse a los prosistas más profundos.
Cuarenta. La delicadeza obtiene elogios sin fin.
Cuarenta y uno. El Señor Viento consiguió aquello.
Cuarenta y dos. Gélida noche para representar las escenas del interés.
Cuarenta y tres. Una velada que pone en acción la mente.
Cuarenta y cuatro. Cosas suceden con el Señor viento y la gente lo sabe.
Cuarenta y cinco. El Señor Viento está acostumbrado a las negras profundidades.
Cuarenta y seis. Bufanda de la guerra no está excluida de la guerra.
Cuarenta y siete. Me esfuerzo concienzudamente en leer a Sartre.
Cuarenta y ocho. El Señor Viento extendiéndose en todas direcciones.
Cuarenta y nueve. El Señor Viento hace y deshace a su antojo.
Cincuenta. Testarudos pasan como Cecil Taylor.
Cincuenta y uno. La hoja buena quiere observar aquellas figuras que corren.
Cincuenta y dos. Dejemos pasar esto ¡Grandes vientos quiebran las ramas que son brazos!