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TRIBUNA

Ganas

domingo 22 de mayo de 2022, 20:01h

Al igual que el término “poder”, el de “ganas” es también polisémico. Hay un poder como verbo, “poder es querer”; y un poder como sustantivo: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Aclaro al lector que, tanto el el título de esta columna como su contenido, tienen varios significados, pues se refieren no solo a “ganas”, como sustantivo, sino también a “ganas”, como verbo. Esta semana que concluye, España ha sido pródiga en ganas, prevaleciendo más las ganas como sustantivo que como verbo.

El Partido Popular de Madrid abría su Congreso regional bajo el eslogan “Ganas”. El cónclave se ha saldado con el arrollador triunfo de Ayuso con el 99,9% de los votos. Podría pensarse que el referido lema operaba como un mensaje dirigido a los afiliados y, hasta, simpatizantes y votantes del PP, en el sentido de que con Ayuso al frente, tú también ganas. Sin embargo, la referida palabra también podría ser interpretada como que se esperaba con ganas que sucediera lo que finalmente sucedió. Hace tan solo cinco meses, cuando Ayuso reclamaba ante los anteriores jerifaltes de los populares un Congreso regional solían responderle con: “las ganas” o “te vas a quedar con las ganas”. Y ella de buena gana era comprensible que le tuviera ganas a alguien.

Otro acontecimiento que ha resultado propicio para la reiterada expresión ha sido el regreso del Rey Emérito a España. En Sanxenxo, se ha demostrado que había ganas de ver a don Juan Carlos, y por ello, los ciudadanos le han recibido cariñosa y calurosamente de buena gana. Aquellos que al monarca le tienen ganas (por cierto, aún con cacerolas, caben en un paso de cebra de vía estrecha), han intentado montarle un escrache, pero se han quedado con las ganas, porque no han impedido al Rey que paseé por donde le dé la real gana. Aunque sin corona, seguimos hablando de reyes. Mbappé, aspirante al trono, comenzó la semana de mala gana. Continuó desganado durante varios días y, finalmente, comunicó a Florentino que no le venía en gana firmar por el equipo rey de la CopaUropa. El tiempo dirá si gana o pierde trofeos deportivos o millones de euros. Pero a la afición de Chamartín ya se le han quitado las ganas. Para ella, lo importante no es participar sino ganar.

Y ya que nos vamos acercando al término ganas como verbo, el que sigue sin ganar o, al menos, lo suyo es un ganapierde es Sánchez. Desde la tribuna del Congreso protagonizó el plebeyo gesto de tildar de piolines a quienes como servidores públicos defienden el orden constitucional hasta con su propia vida. No hace falta, lector, explicar quién gana y quién pierde en este grosero lance. Inquieta pensar que lacayos de esta dimensión puedan llegar a las cimas del poder público. Hombres de esta catadura moral desvirtúan con su abyecta actitud la grandeza de cualquier institución pública. Preferiríamos tenerlos lejos de nosotros porque con semejante personaje a los españoles no nos quedan ganas de ganar.

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