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Y DIGO YO

Ni pensiones ni Dependencia: España ignora el envejecimiento

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
martes 24 de mayo de 2022, 20:13h

A nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer, pero si los que te advierten saben de lo que hablan, quizá no sea mala cosa hacer caso de vez en cuando. Eso, que podría ser una sabia recomendación en cualquier otro país, en España por un oído nos entra y por el otro, ya saben, nos sale. Aquí somos más chulos que nadie y “pasamos olímpicamente” de eso que nos dice Bruselas, cada vez con más frecuencia, de que deberíamos revisar nuestros altos niveles de deuda y hacer algo por bajar la elevada tasa de paro.

Solo actuamos a golpe de amenaza y únicamente cuando veamos que nos quedamos sin ayudas, sin fondos, sin la “pasta gansa” de Europa con la que hacer política, nos lo tomaremos en serio, haremos algo e intentaremos “maquillar” nuestras cuentas o, directamente, mentir a los organismos comunitarios.

No es nuevo el sesgo ideológico que se impone frecuentemente desde el Gobierno en las políticas económicas y que luego tienen su repercusión en la falta de financiación para las sociales realmente importantes. Pagamos más de un 39% de nuestro salario en impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social y no podemos decir que nuestros servicios estatales sean resolutivos.

El Ejecutivo se especializa en crear necesidades donde no las hay, pero que después hay que sufragar. Y lo peor, no por repetirse debe dejar de atenderse, es que por eso de no incumplir promesas que no tenía que haber hecho porque es inviable lo propuesto, no se está calculando el desastre que se nos viene encima a España con las pensiones. Así, ignoramos reiteradamente las advertencias para subir las pensiones por debajo de la inflación que llegan, no solo desde Bruselas, también desde nuestro propio Banco de España, la CEOE o de organismos como Fedea o la AIReF o los estudios del BBVA.

No estaría mal conocer de primera mano la opinión de la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo sobre la necesidad de realizar un ajuste que no arruine a España con la deuda pública y los costes del Estado. Todo el mundo habla de la necesidad de jubilarse más tarde, pero un porcentaje de españoles nada desdeñable echa cuentas para ver cuánto tiempo antes del límite obligatorio puede dejar de trabajar.

¿Tenemos una idea clara de cuántos años tenemos obligatoriamente que cotizar para cobrar una pensión decente o nadie me garantiza que después de “un porrón de años” aportando a las arcas del Estado vaya a tener un sueldo de jubilado digno? Ya estamos advertidos. Un porcentaje no menor de los conocidos como baby boomers sin ahorros tendrán que vender su casa para tener una jubilación decente porque con su pensión no se lo podrán permitir.

Efectivamente, los tiempos cambian y no todos los trabajos son iguales, pero tampoco se puede obviar bajo ningún concepto la realidad demográfica. España envejece. La población mayor de 65 años crece cada año y un dato hoy se queda obsoleto en 12 meses. Nuestra vieja piel de toro se llena de jubilados y personas mayores y es imperiosamente necesario que funcionen y que estén perfectamente financiadas las pensiones y la Ley de Dependencia.

Si los que nos gobiernan no garantizan unas pensiones dignas en esta especie de estafa piramidal en la que se ha convertido nuestro sistema retributivo a la jubilación, así como una atención a las personas dependientes para que puedan ser atendidas con la misma dignidad que viven el resto de ciudadanos, el conflicto económico y social estará servido.

Un país que presume siempre de unos servicios sanitarios y sociosanitarios ejemplares no puede permitir nunca que cada día mueran 126 personas que están en la lista de espera de la dependencia, 76 de ellas cuando ya tienen reconocido su grado y están pendientes de la prestación que les toca recibir. El dato clama al cielo y llama a la reflexión. Pedir voluntad política para ciertos asuntos es predicar en el desierto.

Cuando alguien se tome en serio la importancia del envejecimiento y sus repercusiones y se dé cuenta de verdad de que hay que reformular todos los sistemas de financiación, quizá se evite la muerte diaria de estas 126 personas que, unas más y otras menos, aportaron para que España sea lo que es hoy.

Javier Cámara

Periodista

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