Pedro Sánchez se juega su imagen en Europa los próximos 29 y 30 de junio con la cumbre de la OTAN...
Pedro Sánchez se juega su imagen en Europa los próximos 29 y 30 de junio con la cumbre de la OTAN en Madrid. No ha reparado en gastos para asegurarse de que, desde la seguridad a la comodidad, todo se producirá a gusto de los asistentes. La extrema izquierda se frotaba las manos por los desplantes que proyectaban hacer al presidente del Gobierno. Pero se equivocaban. Tendrán derecho a bramar, pero no a abandonar el pleno de la cumbre otánica. Como ha explicado Margarita Robles, a la reunión cumbre solo están invitados, conforme a la reglamentación de la propia OTAN, los presidentes o primeros ministros, así como los ministros de Exteriores y de Defensa de cada país. Los ministros podemitas no podrán boicotear los actos con su ausencia sencillamente porque no estarán invitados. Y no se trata de discriminaciones políticas, sino sencillamente de cumplir con lo reglamentado por la propia OTAN.
Estamos ante una cuestión de fondo y decisiva. Un sector de la izquierda ha estado siempre en contra de la participación española en la Alianza Atlántica. Se trata de una posición política que viene de lejos y que, en su día, supuso un trauma incluso para Felipe González. Se resolvió de la forma más conveniente para España. Del “OTAN, en principio, no” se pasó al “OTAN, sí”. El pueblo español respaldó en un referéndum la voluntad política de que España se integrara en la OTAN.
Pedro Sánchez quiere ser un socialista socialdemócrata. Pero ha organizado un Gobierno con el Partido Comunista y sectores de la extrema izquierda. Para la mayoría parlamentaria se ha visto obligado además a apelar a los secesionistas y a los bilduetarras. Y todos sus aliados políticos, sin excepción, se han manifestado contra la OTAN.
El reglamento de la Alianza ha salvado a Pedro Sánchez del escándalo. Los ministros comunistas y podemitas estaban dispuestos a levantarse de sus asientos y abandonar la cumbre otánica. No habrá cuestión, sin embargo, porque no serán invitados a los actos conforme a la propia reglamentación que establece los límites en las cumbres de la Alianza Atlántica.