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Socializar las pérdidas

Javier Zamora Bonilla
martes 30 de septiembre de 2008, 21:41h
Cuando leí el primer y breve borrador del Plan Paulson, lo primero que pensé es que se quería intervenir en la economía como se había intervenido en la política internacional tras los atentados del 11-S: con plenos poderes a través de una ley que dejara en suspenso elementales garantías del Estado liberal-democrático. Esta semejanza la han visto muchos estadounidenses que han parodiado el plan denominándolo Autorización para el Uso de la Fuerza Financiera, en recuerdo de la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar que permitió a George W. Bush iniciar una nueva guerra contra Sadam Husein. Lo segundo que pensé es que Paulson, quizá en su subconsciente, añoraba dirigir un capitalismo a lo chino.

Si algo ha caracterizado a la política internacional estadounidense durante el mandado de Bush Jr., ha sido la imprevisión de las consecuencias de sus actuaciones. Afganistán e Irak son claros ejemplos del fracaso de la diplomacia estadounidense. Pensar que se podía intervenir en estos dos países y controlar el territorio con un puñado de soldados (por muchos miles que hayan sido y continúan siendo), era una auténtica insensatez, y sobre todo pensarlo sin tener en cuenta la historia y las tradiciones culturales de estos dos países. ¡Y... después de Vietnam!

No sé si en el Plan Paulson hay tanta imprevisión, pero el rechazo del Congreso con más de ciento treinta votos republicanos y casi un centenar de votos demócratas en contra muestra claramente las reticencias que muchos prestigiosos economistas norteamericanos de todas las tendencias políticas y de todas las escuelas económicas ponen al Plan.

Es posible que no quede otro remedio que intervenir en los sistemas financieros para evitar una profundización de la crisis, y que a la postre haya que “socializar las pérdidas” para evitar el colapso del sistema. Pensando en los ciudadanos, ¿qué es mejor: dejar caer algunas grandes entidades financieras y que no sólo miles de clientes pierdan su dinero sino también que en su caída arrastren a la economía mundial o intentar paliar las consecuencias de la crisis mediante intervenciones gubernamentales? El ideal hubiera sido que el propio sistema hubiese evitado la contaminación con hipotecas basura y los fondos asociados a ellas y la consecuente descapitalización de las entidades financieras, pero el ideal quedó a la espalda y ahora hay que pensar en medidas hacia el futuro y soluciones temporales mientras se corrige el viejo sistema y se diseña uno nuevo, que debería conservar las virtudes de la economía de mercado y de la democracia-liberal.

La intervención no puede ser un cheque en blanco ni una especie de carta otorgada con plenos poderes para los reyes de la economía. Ante la gravedad de la crisis, hace falta no sólo un reformado Plan Paulson en la línea de las enmiendas introducidas en el Congreso, sino también un plan internacional coordinado con el concurso de las principales economías del mundo, que vaya más allá de las necesarias inyecciones de liquidez que se han aprobado en los últimos días. Una economía globalizada requiere soluciones globales.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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