Ecuador da un cheque en blanco a Correa
martes 30 de septiembre de 2008, 22:14h
Finalmente Rafael Correa no sólo no tendrá que dimitir de su puesto, como prometió la pasada semana en caso de que su reforma constitucional fuera rechazada en el referendo de ayer, sino que puede enorgullecerse de haber logrado un contundente triunfo. Dos de cada tres ecuatorianos, -más de un 64%-. En ningún momento se llegó a dudar de la victoria del sí, pero los resultados del domingo vienen a refrendar, además de la excelente posición de Correa, la extrema debilidad de la oposición.
En un país sin una oposición estructurada o sólida frente al Gobierno, el alcalde Guayaquil, Jaime Nebot, estableció un peculiar duelo con Correa, convirtiendo la ciudad en el único bastión anticorreísta y, por ende, en el único municipio donde cabía esperar una victoria del no, como finalmente ha sido. Nebot, que se comprometió a abandonar la alcaldía de la ciudad en caso de que el sí superara el 50% en su municipio, se erige ahora como única cabeza visible de la oposición ecuatoriana. Por lo pronto, ya ha se ha mostrado su voluntad de dialogar con el Gobierno si recibe una invitación para ello. El Ejecutivo no se ha hecho esperar y el presidente de la Asamblea Constituyente en receso, Fernando Cordero, del movimiento oficialista Alianza País, extendió este lunes públicamente una invitación a Nebot para dialogar en Quito.
La falta de una alternativa política estructurada es una de las causas que explican el enorme apoyo del presidente ecuatoriano, pero no la única. En un contexto de crisis internacional, con la subida de los precios, motivada por el alza del petróleo en el mercado internacional, las medidas asistenciales del Gobierno han ayudado a que éste consiga una gran popularidad y aceptación. Además, hay que tener en cuenta la intensa campaña que Correa realizó durante las semanas previas a la consulta, con un hiperactivo presidente que no ha tenido reparo en recorrer el país de punta a punta, instiendo en su campaña fuera de plazo hasta el punto de violar las normas electorales.
Sea como sea, nos guste o no, lo cierto es que los ecuatorianos han demostrado que apoyan sin ambages la “revolución ciudadana” de Correa y le han dado luz verde para que ponga en marcha un texto constitucional que, entre otras cosas, le permitirá controlar –a partir de ahora legalmente y no de facto, como venía haciendo hasta el presente- todos los poderes del Estado. El estilo proteccionista y populista de Correa ha calado hondo en el pueblo ecuatoriano, que ante todo, anhela mejorar su nivel de vida. Esperemos que Correa sepa manejar de forma responsable el cheque en blanco que le han dado los ecuatorianos, aunque, lamentablemente, los precedentes no permiten un exceso de confianza.