El triunfo de Gustavo Petro en Colombia abre la alternancia real, la oportunidad de constituir un gobierno diferente, sin precedentes y bajo la madurez democrática de un pueblo valeroso. Tal detona expectativas sobre un gran país que apuesta a un necesario cambio de cómo hacer política, avanzando a paso firme, venciendo miedos y gestionando una nueva coyuntura. Lo acaecido refrenda democracia y pluralidad, al tiempo que apuesta por agrupaciones políticas que desbancan a los viejos partidos. Tengo el honor de presentar en estricto orden alfabético, las opiniones de sus ciudadanas, aproximándonos a esa realidad trascendente y cercana por sernos familiar en México, estimando mucho sus generosas palabras:
Anyela Madelein Argoty, abogada con una robusta formación internacionalista, desde Pasto, Nariño, apunta: “Petro ganó porque la gente se cansó de lo mismo: 200 años gobernados por la derecha, que solo generó pobreza y desigualdad. Rodolfo Hernández perdió por su mala reputación, y su renuencia a asistir a debates. Los desafíos que supone esta nueva presidencia son inmensos, pues Colombia ha sido saqueada durante años, lo cual no será fácil enmendar. El triunfo de Petro –el presidente más votado de la historia de Colombia, tanto en primera como en segunda vuelta– alertaba sobre un posible fraude en su contra; la tarea de sus seguidores fue salir a votar masivamente. Supone esperanza para sus electores, que convierta a Colombia en potencia mundial de la vida y de la paz; y que no decepcione la confianza que más de 11 millones de colombianos depositamos en él. Su victoria es de admirar, pues se enfrentó a una maquinaria sucia, poderosa y capaz de todo con tal de no dejarlo llegar. Ganó una persona muy preparada, exguerrillero y luchador incansable en contra de la corrupción, por los derechos de los animales, del medio ambiente, las mujeres, los jóvenes, los niños….Y por primera vez en la historia de Colombia, con una mujer afro a vicepresidente, desplazada por la violencia, madre cabeza de hogar, feminista, defensora de los Derechos Humanos, ganadora del premio Nobel del ambiente, abogada.”
Yeimi Buitrago, administradora hotelera residente en México, expresa: “Gustavo Petro fue ganador de la presidencia en Colombia debido que a gran cantidad de la población del país le urgía un cambio…un cambio radical de las estructuras políticas del pasado que año tras año han demostrado no invertir el presupuesto nacional en obras de infraestructura, inversión pública ni tampoco en educación y menos en salud –aspectos básicos para mantener vigente un país y tranquilos a sus habitantes– sino que como muchos otros gobiernos se dedicaron a colocar más impuestos, saquear el presupuesto nacional y a abandonar al pueblo que les ha elegido. Gustavo Pedro supo vender un “cambio” basándose en lo social, en la igualdad, incluyendo en su equipo personas que han luchado por los derechos de grupos de personas menos favorecidas; esto junto a un discurso de tipo socialista determinó su victoria, mientras sus opositores en primera vuelta no eran más que la representación de la vieja forma de hacer política y en la segunda vuelta el candidato Rodolfo Hernández se mostró en contra del populismo; factor que supo validar e impulso a Petro. A Colombia le esperan 4 años de una difícil situación, de muchos desafíos no sólo para el presidente electo y su gabinete, sino para la población en general; nada más se puede tener un avistamiento desde el siguiente día de la elección donde el dólar incrementó su precio, las empresas que cotizan en bolsa se fueron a la baja, las entidades bancarías más importantes perdieron fortaleza, muchas personas están pensando en abandonar el país y los pocos inversionistas que hay, anunciaron su retiro. Es obvio que para ganar las elecciones se requiere del 50 % más 1, pero para gobernar un país ese porcentaje no es suficiente, se requiere más del consenso y a Petro le espera demasiados contradictores, demasiado qué demostrar y qué cumplir de sus promesas con un agravante: ¡¡la falta de presupuesto!! Espero los colombianos podamos ser veedores, no aguantar lo que ha sucedido en otros países ni dejar que pasen por encima, que nos atropellen y al final, ni siquiera muestren resultados, sino más bien que por el populismo y el hambre de poder, nos lleven a la miseria”.
Con el gusto de recibir otra vez a Etty Parra, comunicadora social, master en comunicación audiovisual, desde Colombia también pone el acento en la compañera de fórmula de Petro, Francia Márquez Mina, quien “es hoy por hoy, el referente positivo de mayor impacto en las niñas, jóvenes y mujeres afros de Colombia y quizá de Sur América. Además de creer que es posible participar de manera efectiva en la política, tiene que ver con que nuestros problemas no están al margen de las discusiones de lo público. También reconocemos en ella una fortaleza para resistir la exposición en un país abiertamente racista y clasista”.
Catalina Robledo, internacionalista, desde Manizales, Colombia, puntualiza: “El triunfo de Petro es el resultado de un sentimiento descontento que se viene gestando en Colombia desde hace ya unos años, generado por la desigualdad social del país, el incumplimiento a los acuerdos de Paz y la persecución a líderes sociales que se vivió durante el último gobierno, que representa a la derecha colombiana. Colombia recibe a su primer presidente progresista en su historia y a una vicepresidenta afro que representa a las minorías, lo que deja entrever la consolidación de la democracia colombiana. Este cambio en el sistema de gobierno trae consigo unas dificultades muy grandes, iniciando con las de un país polarizado, una marcas desigualdad social y violencia latente en sus territorios. Esperamos que el cambio del modelo económico de Gustavo Petro, hacia una economía más diversa sea armónico y no suponga la caída de la economía colombiana, que se ha mantenido estable durante el último siglo; que su modelo de economía social subsidiara no genere una mentalidad colectiva asistencialista y que estas ayudas no desfalquen el erario público y no nos condene a una crisis e hiperinflación irremediable”.
Por último, Natalia Tellez González, abogada, desde México, asienta: “los colombianos eligieron al presidente Gustavo Petro, quien ganó porque históricamente, es la primera vez que Colombia elige un candidato de la ideología de izquierda comunista, quién durante su campaña prometió solución a los problemas que tiene el pueblo: empleo, educación, salud, vivienda, etc. Confiando en ello, el pueblo lo eligió con la esperanza de liberación del yugo de la corrupción que ha gobernado el país los últimos 20 años. El opositor perdió porque desaprovechó la oportunidad, como debutante en la política nacional, para convencer al electorado de que realmente era una nueva alternativa política a pesar de su avanzada edad. Colombia lo recibe con muchas expectativas y temores al observar cómo los vecinos gobiernos de izquierda viven conflictivas situaciones políticas, agudizando sus problemas y lejos de solucionarlos. Y supone el desafío de liderar el desarrollo de la región, propiciando la unidad en la lucha de los pueblos latinos para mejorar el bienestar de todos. Su triunfo significa la respuesta optimista de los electores, frente a la madurez política para recibir un gobierno de izquierda que solucione los graves problemas sociales que vive el país y que no pudieron solucionar los gobiernos de derecha. Se espera que cumpla las buenas promesas de su campaña, dando solución a los problemas del país y creando oportunidades de empleo, educación y en el mejoramiento de la realidad nacional. Lo que no se quiere de él es la perpetuación en el poder”.
Pues ya lo ve usted, reiterados posicionamientos destacando puntos convergentes que dibujan una realidad muy parecida a la que enfrenta México. Lo sucedido en Colombia es un hito y nos da a todos la esperanza de ver rumbo fijo en la traza de soluciones en la región para realidades paralelas complejas. Y dejémonos de monsergas de analistas burdos. Si hoy vira a la izquierda, mañana Colombia puede hacerlo a la derecha. Como el resto de países latinoamericanos, que la democracia es alternancia. Esa cantaleta opositora de “nos volemos de izquierdas”, cual si fuera la muerte, es sosa. Póngase el acento en el ejercicio democrático y las oportunidades que entraña, no en encubrir filias o fobias. Falta ver la respuesta real de EE.UU.. El primer acercamiento fue cordial. Ya veremos.