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Biografía

Joana Bonet: Chacón La mujer que pudo gobernar.

domingo 26 de junio de 2022, 16:50h
Joana Bonet: Chacón La mujer que pudo gobernar.

Península. Barcelona, 2022. 448 páginas. 19,85 €.

Por Carlos Abella

Carmen Chacón ha sido una de las políticas mejor valoradas por la sociedad española y lo fue por méritos propios, basados en su rigor, su ilusión transformadora de la sociedad y su ambición, palabra que es una constante en esta biografía, bien enunciada por la propia autora, la periodista Joana Bonet, o por las muchas personas a las que ha recurrido como fuente de conocimiento de la biografiada. Así, al citar el momento en el que Chacón se encuentra por vez primera con el expresidente Rodríguez Zapatero, Bonet escribe; (pág. 92): “… se entienden, se reconocen, se alían al minuto. Todos eran conscientes de ella tenía olfato, era ambiciosa, y expresaba sus emociones de forma desinhibida…”. Y en la página 126 vuelve a evocar esa condición: “a Chacón nunca le faltó ambición lo que para una mujer sigue resultando un componente sospechoso y tuvo que combatir las suspicacias de quienes se asombraban de su proyección”.

Son muy interesantes los capítulos iniciales dedicados por Joana Bonet al revelar el origen de su familia, la expresiva y contundente concienciación social y política de sus abuelos y padres, y la dura inserción en la sociedad catalana, y fue en ese entorno mixto entre Espulgas de Llobregat y su origen almeriense donde se fragua la arraigada transversalidad de Carmen Chacón para entender y comprender la dificultad de la relación entre el anhelo catalanista y el posibilismo del Partido Socialista de Cataluña (PSC), del fue elegida diputada en el Congreso en varias legislaturas.

Su trayectoria política está marcada también por su relaciones sentimentales y es el capítulo dedicado a su encuentro con Miguel Barroso, que fuera su marido durante nueve años, y padre de su hijo Miquel, el que vuelve a evidenciar hasta qué punto el sano sentimiento amoroso entre los dos estuvo condicionado por los recelos partidarios, la desconfianza política del PSOE en la influencia que Barroso ejercía sobre ella y sobre el presidente Zapatero. Y el lector menos avezado descubrirá en esos capítulos hasta qué punto se cumplió lo que Pol Benavides, el primer novio de Chacón, le auguró y que Bonet revela en la página 73: “Pol era muy crítico y le advertía sobre el precio que tendría que pagar en la política de primera división”. Bonet vuelve a ofrecernos otro testimonio suyo en la página 122. “Yo ya sabía que la utilizarían, aquello duraría dos días, “y con sinceridad afirmaba que cuando ella le dejó después de años de relación, “en lugar de pensar que me traicionó creo que se equivocó”.

La autora, llevada por su amistad y su discreción ha obviado en el libro detalles y episodios delicados de lo que sucesivamente se acredita en la biografía de Carmen Chacón, como fueron sus choques con el aparato del partido, que es la parte más oscura de la política y de la campaña que se desató contra ella, lo que sin duda evidencia que el tan denostado “machismo” también anida en quienes con tantas ínfulas pregonan su “feminismo”, ya sean líderes masculinos o femeninos. La inquina obsesiva contra las valiosas mujeres no es solo aplicada a las de otros partidos, por ejemplo Esperanza Aguirre, Loyola de Palacio, Isabel Díaz Ayuso, sino a las propias, que sufren -como Carmen Chacón- en carne propia el silencioso acoso mediático, urdido desde las propias filas.

La sombra alargada, de Pérez Rubalcaba se pasea por toda la biografía, tanto en su ánimo inicial de ayudarla, como en su presunción de que se trata de su pupila, como de su intuido despecho final, como en el descarnado enfrentamiento por la secretaria general del PSOE en el que Rubalcaba recibió los apoyos del aparato y de los socialistas más veteranos y el inestimable apoyo del diario El País que llevado de su habitual condición publicó un artículo tremebundo en contra de ella con el título tan expresivo de “Chacón& Cía”, insinuando los provechosos beneficios que un grupo de afines a ella y a su marido obtenían de su presencia política.

Bonet acredita su sincera amistad con Chacón y en los capítulos finales muestra su intento por rehacer su vida, tanto política como anímicamente, a través de su hijo, de su estancia en Estados Unidos como profesora en una universidad, su apartamiento final de lo que había sido su pasión, y su última relación afectiva con el diputado Juan Carlos Campo, hoy pareja de la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, con el que descubrió una cierta paz, y las azules aguas de Zahara de los Atunes.

La narración de la peripecia médica de su dolencia está hecha con tan elegante pluma como valerosa fue la actitud de Carmen Chacón hacia su debilitado corazón, que vino al mundo con una lesión congénita que acabó por estallar un 9 de abril de 2017, en la soledad de su piso de la calle Viriato de Madrid. Según el testimonio de Bonet, su médico, el doctor Petit, manifestó al morir que “recomendó a Chacón llevar una vida tranquila, sin sobreesfuerzos, pero ella aceptó los riesgos y apostó por jugar al baloncesto cuando era joven y, más tarde, por llevar una vida muy activa profesionalmente” y "por tener un hijo, que era la ilusión de su vida".

Dos apuntes finales: sin duda para obviar la opción de si titular Carmen o Carme la editorial ha optado por utilizar el reclamo del apellido “Chacón”; y otra observación; cuando el título del libro dice “la mujer que pudo gobernar” alude sin decirlo a que pudo ser presidenta del gobierno, porque en mi opinión ser ministra de Vivienda y de Defensa de un gobierno durante varios años es sin duda una forma evidente de gobernar.

Libro bien editado, con testimonios que enriquecen el conocimiento de la autora y bien ilustrado con fotografías de los muchos fotógrafos que encontraban en ella ese atractivo que tan bien percibían los ciudadanos. Entre todas ellas, me ha encantado la primera foto que le hizo el fotógrafo Bernardo Pérez para El País cuando fue elegida diputada porque en ella se aprecia una evidente ternura y donde ella luce la misma dulce sonrisa con la que la muerte la asaltó de madrugada a los cuarenta y seis años. Había muerto una estrella.

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