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ESCRITO AL RASO

El pollo al ast, cada día más caro

David Felipe Arranz
lunes 27 de junio de 2022, 19:54h

El pollo está por las nubes o eso dicen los granjeros, víctimas de las subidas de la luz –un 400%– y del gas –un 130%–, pero sobre todo de las llamadas “integradoras”, una decena de grandes empresas que mantienen el control del mercado avícola: son las que contratan a los pequeños avicultores, quienes en cambio asumen los gastos energéticos, que suponen el 75% de la factura. De manera que hasta una treintena de granjas de pollos y pavos han anunciado que cerrarán sus puertas en septiembre, ya que pierden dinero. El pollo nos vino a la infancia con el silabario y los dibujos animados, el tebeo y la sopa de fideos; si él ya no compareciera –ay– para sentarse a nuestra mesa, si el pájaro nos faltase, cómo sería esta España de cresta, picotazo, supervivencia y aspaviento.

Estas “integradoras”, con Vall Company, SADA, UVESA, Avinatur, Coren y Guissona a la cabeza –entre otras–, no favorecen la prosperidad de los granjeros ni mucho menos a las asociaciones que buscan el cumplimiento de la llamada Ley de la Cadena: es decir, que prohíbe la venta a pérdidas. Así que todo apunta a una escasez de plumíferos, del sabroso muslo y la jugosa pechuga, cuyo precio estratosférico va camino de convertirlo en un plato de lujo. El pollo nuca defrauda. Un pollo adulto, unos contramuslos jóvenes, una granja de luz y de gallinas que se crían en libertad haciendo buen caldo, corriendo por entrepinares o escondiéndose tras de los infinitos repollos, hacen un país y alimentan a sus gentes. Pero con el gas que viene de los EE.UU. el pollo es caviar y las alitas colas de langosta. Así que de ese comercio con la factura de la luz, la ruina del pollero, el oro y la plata de los precios copados de las grandes corporaciones, se seguirá un descenso de su consumo, menos cacareo y la escasez consiguiente de volátiles, huevos fritos o escalfados y escasa pluma en las cosas de la vida, que eran más alegres con ella.

A pesar de las protestas de la COAG, el ministro hace oídos sordos a la cuestión palpitante del pollo y el pavo, aunque el pollo es un monumento al país, el único animal para una alimentación equilibrada y consentida por los dietistas y guardianes de las dietas milagrosas, porque el pollo vale para todo y enseguida es adoptado en una feria, un cortijo, una juguetería o un cuento, porque la gallina es patrimonio de la infancia y en la edad adulta del estómago y del bolsillo, que siempre sale –o salía a cuenta–. Ese miligramo de carácter y leyenda que había en el pollo lírico, ahora se lo quieren apropiar unos empresarios explotadores sin conciencia y sin caldo, y andan los del colectivo “Defiende tu avicultura” a ver si se reúnen con el ministro Planas para hablar de la carne y las carnes, las avícolas y las demás. Tantas centurias devorando la pechuga bajo el cielo español, tantos “gallus gallus domesticus” alimentando generaciones de humildes, y ahora va camino de rostizarse solo en el horno cruel de los ricos, que abundan en afilados espolones y patas de gallo.

Cosas de las guerras implacables. Cosas de la luz negra del tarifazo. Cosas de los sagrados misterios de los empresarios avícolas. Por el plumífero y no en la macrocifra oficial se ve la desgarradura de la pobreza “al ast” que se nos viene, Amore.

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