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TRIBUNA

La “Talvisota” y la guerra en Ucrania (primera parte)

lunes 04 de julio de 2022, 20:01h

Estos días se está tramitando el ingreso en la OTAN de dos nuevos miembros Finlandia y Suecia. Dos países hasta ahora “neutrales”, o sea, que no pertenecían a ninguna alianza militar. Suecia estaba manteniendo su neutralidad a lo largo de casi dos siglos. Y Finlandia, desde el 10 de febrero de 1947, cuando firmó un Acuerdo de Paz con la entonces Unión Soviética, después de una sangrienta y cruel guerra, que, con pequeños intervalos, duró ocho largos años, desde que el gigante soviético había atacado, 30 de noviembre de 1939, a su pequeño vecino, Finlandia, con la intención de ocuparla y convertirla en una República Soviética más dentro de la URSS. Lo que hizo, unos meses antes, invadiendo Polonia, junto con su gran aliado la Alemania Nazi, y otros tantos meses después, en junio de 1940, ocupando los tres países bálticos; Letonia, Lituania y Estonia.

Como puede ver el lector, suenan los nombres de los mismos países bálticos, en relación con la actual guerra ruso-ucraniana y con los planes del gran estratega actual del Kremlin, “mister” Putin –el heredero de aquel tirano llamado camarada Stalin– de ocupar después de la conquista de Ucrania a estos tres países bálticos.

Pero volvamos al gélido invierno de finales de 1939 en la zona del Báltico. Las temperaturas bajaban hasta 40 y más grados bajo cero. Como si la propia naturaleza quisiera ayudar a los finlandeses a resistir ante una salvaje invasión de su vecino imperialista. Y ayudó en cierto modo, cuando a los tanques soviéticos se les estaba congelando el combustible y el aceite en sus entrañas a causa de tan bajas temperaturas y ellos tuvieron que pararse al medio andar, convirtiéndose en un perfecto blanco para francotiradores fineses. Para dar una idea de la brutalidad y del tamaño del “oso ruso”, citaré algunos datos.

Stalin, para estrangular a la pequeña Suomi (como llaman los propios finlandeses a su país) preparó un ejército de 900.000 efectivos. La propia Finlandia tenía en aquel momento una población de 3,5 millones de habitantes, con lo que el número de soldados soviéticos se acercaba casi a toda la población masculina de Finlandia. Teniendo en cuenta, que la población de la URSS era de 200 millones y su ejército “total” de más de 3 millones (casi toda la población de Finlandia). La superioridad de las tropas invasoras no era sólo en los efectivos – casi 5 a 1 (los finlandeses que antes de la guerra tenían un ejército de 34.000 soldados, supieron, movilizando a los reservistas, contraponer un ejército de 180.000 efectivos) – sino también en artillería, aviones, tanques. En estas temibles máquinas de guerra la superioridad de las tropas atacantes era total: los fineses no tenían tanques en su ejército, jamás pensaban atacar a ningún vecino suyo. Para protegerse levantaron una línea de fortificaciones, construida en su momento (en los años 20 del siglo pasado) llamada “línea Mannerheim” – por el nombre del general que la había ideado y que era comandante en jefe de las Fuerzas Armadas fineses – que consistía de unas 200 fortificaciones (dotes, obstáculos contra tanques) de hormigón, cuya misión era detener al posible enemigo y no dejarle penetrar fácilmente dentro del territorio finlandés.

El plan de Stalin era en dos semanas derrotar el ejército finés, con ataque en tres direcciones, la más importante era hacia el istmo de Karelia, para dividir a Finlandia en dos partes, llegando hasta la frontera con Suecia y tomando la capital Helsinki. La parte conquistada se proclamaría una República Socialista de Karelia, formando parte, como una república autónoma más de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero la heroica resistencia del ejército, de los partisanos y de todos los fineses capaces de llevar fusil, escopeta de caza y preparar los cócteles “molotov”, frustró por completo los planes del Caudillo soviético. Los destacamentos del Ejército Rojo necesitaron dos semanas para superar la feroz resistencia de las tropas fineses para poder llegar a la “línea Mannerheim”, donde recibió un aluvión de balas y proyectiles de sus defensores. Mientras tanto, los soldados fineses, utilizando los esquíes, se movían con soltura por la nieve, atacando a la infantería del agresor, que estaba pegada a los tanques, su único protector, siendo un magnífico blanco para los francotiradores y simples tiradores fineses, muy acostumbrados a la caza, en general, convertida ahora en una auténtica caza “mayor”: a los soldados y los oficiales soviéticos.

Para mediados de noviembre han caído fuertes heladas en la zona. Los blindados soviéticos no se arrancaban o paraban por el camino. Los tanquistas salían de sus máquinas para intentar hacerlas moverse de nuevo, y se convertían, en seguida, en los objetivos de los “cazadores” fineses, quienes metódicamente estaban asesinando desde sus cobertizos a los oficiales al mando de la infantería. Con oficiales muertos, las columnas enteras se quedaban paradas, ya no por el frío, sino por no tener a quien de dirigirlas.

Además, como el plan era acabar con Finlandia antes del comienzo del diciembre y del crudo invierno en Suomi, los soldados rusos no estaban provistos de la vestimenta adecuada y simplemente se congelaban en los campos de batalla a las temperaturas de 40 grados bajo cero. Los “esquiadores” fineses rodeaban a los blindados inmovilizados y a la infantería que ellos protegían, obligándoles a rendirse o morir. La mayoría de los invasores preferían lo primero, con lo cual, durante la “primera” campaña militar (la “talvisota”, “la guerra de invierno” en finés) el ejército finlandés, aparte de causar numerosas bajas a las tropas soviéticas, habían cogido muchos prisioneros.

Al no conseguir ningún objetivo militar hasta el fin del año, el ejército soviético, en enero de 1940, se reagrupó, recibió las tropas de refresco, más tanques, aviones y de todo tipo de maquinaria de guerra y, el 12 de febrero, empezó una nueva ofensiva. El Ejército Rojo finalmente logró atravesar la línea Mannerheim, tomó la ciudad de Vyborg, el objetivo principal de la campaña y, de repente, 8 de marzo, en plena ofensiva victoriosa de sus tropas, Stalin ofrece a Finlandia el alto el fuego y empezar las negociaciones de paz. Los finlandeses contestan positivamente – su ejército también ha sufrido numerosas pérdidas – y, 12 de marzo, se firma el Acuerdo de Paz. Las condiciones para Finlandia fueron muy duras. Tuvo que ceder a la URSS 37.000 kilómetros cuadrados de su territorio (equivalente al territorio de Holanda) que era 5 veces más del territorio realmente conquistado por las tropas soviéticas durante esta ofensiva.

Hay varias preguntas que necesitan una contestación aclaratoria. La primera: ¿Por qué Stalin había parado la ofensiva militar y su ejército no había proseguido la ocupación del resto del territorio finlandés? La respuesta: Stalin se ha enterado de que Gran Bretaña y Francia, finalmente, después de dos meses de la heroica resistencia del ejército finlandés a la invasión de las tropas soviéticas, habían tomado la decisión de ayudar a Finlandia y estaban preparando un desembarco de sus tropas en Suecia, para llegar desde allí a los campos de batalla en Finlandia. No estaba entonces en los planes de Stalin a enfrentarse directamente con dos más importantes potencias europeas del momento. El estratega kremlineano pensaba que la conquista final de Suomi podía aplazarse hasta otro momento más oportuno. Y así fue. Lo veremos más adelante.

La segunda pregunta: ¿Por qué Hitler permitió a Stalin ir estrangulando a Finlandia, un país situado en una zona estratégicamente importante para Alemania, ya que en la cercana Noruega se situaban las minas del mineral de hierro, de las que mayoritariamente se alimentaba la industria bélica nazi? La respuesta es simple: en el Protocolo Secreto adjunto al Pacto de no Agresión, firmado entre la Alemania Nazi y la URSS, figuraba que, a parte de la división de Polonia entre Hitler y Stalin, Finlandia, al igual que las tres Repúblicas bálticas (Estonia, Lituania y Letonia) se consideraba como la zona del interés soviético.

Mientras tanto, en el verano-otoño de 1940, Alemania ocupa a Noruega y derrota al ejército Francés, ocupando la gran parte de su territorio. La URSS, en su lugar, pone el ultimátum a las tres Repúblicas bálticas mencionadas, y, al rechazar éstas las pretensiones de Stalin de ponerlas bajo el dictado del Kremlin, las interviene militarmente. Por otro lado, la URSS empieza de nuevo a presionar a Finlandia, exigiendo unas nuevas cesiones, para mantener el Acuerdo de Paz, francamente desfavorables e humillantes para los finlandeses. Ellos no ceden. Los soviéticos están a punto de romper el Acuerdo y empezar de nuevo las hostilidades militares. Pero no se llegó a una nueva guerra en aquel momento por razones que voy a explicar en la segunda parte del artículo.

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