Contento por el resultado de la cumbre de la OTAN (sin entrar en detalles, porque no todo fue tan beneficioso para los intereses españoles), con muchas fotos de sonrisas y amigos y con muchos vídeos de lo que parecen duras reuniones de trabajo, que quedarán perfectas en el documental para televisión del jefe del Ejecutivo, hay sin duda dos cuestiones que deben rondar de manera incesante por la cabeza de Pedro Sánchez: “A dónde vamos con estos socios de Gobierno y a dónde voy yo”.
Los enfrentamientos entre PSOE y Podemos, ya no solo a cuenta de quién se apunta los tantos en materia de Igualdad o quién fija posiciones más de izquierdas con las cuestiones de Defensa, sino en todo, absolutamente en todo, son cada día más vergonzantes y poco eficientes. No es de recibo que con la cantidad de problemas que tiene que afrontar este Gobierno, sus miembros pasen más tiempo “atizándose” en los medios de comunicación que trabajando por solucionar algo.
Se justifican siempre en que cada parte quiere dar libertad a la contraria para que ninguna de las dos formaciones pierda su identidad. El problema se traduce en que eso no ayuda a los españoles. Un Gobierno siempre peleado, sin avanzar y más pendientes de los medios de comunicación y de la opinión pública no piensa en qué es lo que España necesita de verdad.
Recuerda todo esto a aquella frase de Les Luthier que decía: “Si aquél que dice ser tu mejor amigo te clava un cuchillo por la espalda, desconfía de su amistad”. Si tu socio de Gobierno, ése con el que deliberas y sacas adelante las medidas de una legislatura, con el que debates las propuestas en común, es la oposición más feroz a tu gestión, quizá, no sé yo, es de lógica pensar que no es el compañero de viaje más adecuado.
El nerviosismo por lo que indican las encuestas está presente en casi toda acción de Gobierno por parte de sus socios y eso se nota en los resultados, que no ayudan por tanto para mejorar su imagen, siendo cada vez más preocupante para ambas formaciones de cara a su futuro, además de por el ridículo tan espantoso que hacen cada vez que tienen que responder a alguna pregunta sobre prácticamente cualquier asunto o problema.
Y este, precisamente, el de las encuestas y la cada día menor intención de voto para PSOE y Podemos, es el otro disgusto para Pedro Sánchez: los resultados no salen, son muy malos, no dan para plantearse nada. Tanto su imagen personal, como la confianza en la capacidad de gestión de este Gobierno de coalición entierra cualquier intento de proyecto posterior porque, entre otras cuestiones, con solo 100 días en el cargo de máximo responsable del PP, más de la mitad de los españoles cree ya que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente de España.
El cambio de tendencia ya venía siendo una realidad con Pablo Casado, más por demérito de Pedro Sánchez que por méritos del líder popular. Pero ahora, entre el ‘efecto Feijóo’ y la inoperancia para relajar la inflación, la disonancia entre el presidente del Gobierno y la opinión pública es cada día mayor. No sería muy apropiado que tirara la toalla alguien a quien le escriben un libro que presume de ser “un manual de resistencia política”. Aun así, no es desdeñable el porcentaje de un 46% de los españoles que ya desean un adelanto electoral.
Comprobado en Andalucía que apelar al miedo a la ultraderecha ya no da resultado, ahora el peligro para Sánchez está en los poderes oscuros que tratan de derrocar al Gobierno. Esos son los culpables de todo. Más concretamente, señalaba a los poderes oscuros impulsados por el dinero para “debilitar y socavar el Estado de bienestar para poder hacer negocio” y lo que quieren es “que los progresistas nos demos por vencidos”.
Y digo yo: ¿Ha pensado Sánchez que quizá los poderes oscuros que tanto critica son todos los grandes empresarios del IBEX que van a escuchar su discurso a la Casa de América y que lo que esperan de un Gobierno progresista es que haga progresar al país? ¿O que esas fuerzas ocultas, no sé si con puros, están entre los que él mismo ha invitado a cenar en el Museo del Prado en la pasada Cumbre de la OTAN?
Se equivoca. El problema es otro. La deriva económica de España va en paralelo con la deriva política de Sánchez y eso es muy difícil de revertir, incluso acudiendo al viejo recurso de “paguitas” para cuantos más mejor. Así las cosas, está por ver si ese adelanto electoral no deseado por Sánchez le viene casi impuesto por sus socios de Gobierno, y no hay que referirse solo a Podemos, cuando las trampas en los Presupuestos Generales del Estado ya no sean suficientes para pagar apoyos parlamentarios.
Igualmente, habrá que estar atentos a si Sánchez se postula definitivamente, o no, como candidato del PSOE a las cada día más próximas elecciones generales. Conociendo como le conocemos, será lo que las encuestas (las suyas) digan o lo que los poderes oscuros que fuman puros en Madrid le sugieran.