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CUARTOS DE FINAL

Wimbledon. Increíble proeza de Nadal: se lesiona, remonta dos sets y a semifinales

Wimbledon. Increíble proeza de Nadal: se lesiona, remonta dos sets y a semifinales
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miércoles 06 de julio de 2022, 23:55h
El astro español batió a Fritz tras haber sufrido una dolencia abdominal en el segundo set (6-3, 5-7, 6-3, 5-7 y 6-7). La tribuna, asombrada, le ovacionó en todo momento.

Rafael Nadal acaba de cumplir 36 años. Esa circunstancia provoca que la afición al tenis que acude a los estadios entienda que es un evento único ver un partido del mejor deportista español de la historia. Por si no quedaran muchos más capítulos deportivos al maltrecho cuerpo del zurdo legendario. Como ha ocurrido con el actual ocaso de Roger Federer, asistir en vivo y en directo a un encuentro disputado por el manacorí se ha uniformado como un acontecimiento único. Pero suele ocurrir que no sólo la edad del protagonista acaba por aliñar con un halo especial sus duelos, pues todavía regala exhibiciones de garra, orgullo, calidad y jerarquía. Y la hinchada congregada este miércoles en la Pista Central del All England Club de Londres puede dar fe de ello.

En los cuartos de final de la edición presente de Wimbledon, contra el enrachado Taylor Fritz, se descubrió el balear con un set en contra y fuertes dolores provenientes del convaleciente músculo abdominal. En uno de los parones de la segunda manga, tras perder su saque, se le pudo ver deshecho al ganador en este 2022 del Abierto de Australia y de Roland Garros. Se dejó caer sobre su silla ante la tortura desatada en su anatomía. En estas semanas había competido con una protección en esa zona y los fisios habían hecho un gran trabajo, pero en esta fecha los problemas se hicieron explícitos. Y en ese momento flaqueó hasta el punto de no esconder más su situación y pedir ayuda al médico de pista, que le recomendó irse a vestuarios.

Su padre y hermana, presentes en la tribuna, le llegaron a pedir a Rafael que se retirara en pleno partido. Así de mal le vieron. En la cancha, Nadal hubo de modificar la mecánica de su saque para esquivar el dolor que le atenazaba y empezó entonces una batalla contra su contexto. Una pugna con la que negó la posibilidad del abandono a sus familiares y levantó al público del recinto ante la evidencia de que no ha habido tenista con más orgullo, competitividad y capacidad de sufrimiento. A partir de ahí, con la épica agónica por bandera, cada uno de sus puntos fue ovacionado desde el graderío. La compostura britànica voló por los aires ante la muestra de gallardía de un deportista que renació por enésima vez, remontó dos sets en contra y ganó en cuatro horas y 20 minutos de derroche (3-6, 7-5, 3-6, 7-5 y 7-6 (4)). En otra página dorada para la historia.

El caso es que el español empezó como si fuera a ser esta una tarde cómoda. Con celeridad se colocó 3-1 en el marcador, break mediante. Entró mejor en dinámica y amagó con escaparse ante un jugador estadounidense que tardó en calentarse. Eso sí, cuando lo hizo respondió con una racha de cinco juegos seguidos que le apuntó el set inicial (3-6). Pareció extraño un bajón tan agudo y repentino en el juego del manacorí, el desplome del rendimiento de su servicio y las dificultades sobrevenidas para alimentar los intercambios con su revés.

Fritz afiló precisamente su revés y su saque en el entretanto, mas no le daría para comenzar bien la segunda manga. Este parcial arrancó con otro 3-0 en favor del zurdo. Sin embargo, de nuevo se derrumbó un Nadal que ya había ajustado sus golpeos para domar el umbral de dolor y el 3-3 se decretó en un pis pas. Con la preocupación por su estado físico, Nadal recurrió al doctor y se fue a vestuarios, germinando la incertidumbre. Pero regresó a pista después de unos minutos de angustia en el ambiente. Y se adaptó, con patrocinicio del efecto de los antiinflamatorios, creyó en un horizonte positivo y creció. No iba a ser esta la décima retirada de su carrera deportiva. Es más, se iba a vaciar en pos del billete a las semifinales. Llevando al límite sus fuerzas y jugándose una lesión de gravedad. Aunque no supiera si iba a poder jugar ese encuentro ante Nick Kyrgios.

El aquí y ahora de Rafael, rebosante de lucha contra todo, tomó forma con saques de gesto forzado y, sobre todo, una evolución exponencial de su peligro como restador. Fritz notó el magnetismo del resurgir ajeno y su fluidez al servicio se fue diluyendo, como el resto de su tenis. Arrancó el balear la opción de ganarse una oportunidad y no falló para empatar con un 7-5 muy sudado. Impuso su talento técnico, casi sin moverse durante el nudo del encuentro, y su mentalización inigualable, elemento éste que sería examinado con crudeza tras perder el tercer set (3-6). Porque en la cuarta manga se vería una alternancia de breaks sorpresiva. En ese 'tiroteo', con la tribuna jaleando cada peldaño subido por su ídolo y el americano incapaz de dominar ante un jugador lesionado, sembró Nadal puntos sobresalientes y contaminó de dudas a un rival falto de remate.

Ganó por 7-5 y mandó su heroicidad al quinto y definitivo set. Una machada a la que le faltaba la guinda para condecorar este partido como uno de los hitos del templo londinense. Llegó a resultar emotivo este esfuerzo de un atleta contra sus limitaciones. Esa pelea, a esta altura, dibujó alguna que otra sonrisa en la cara de un español que no emitió ninguna de sus energéticas celebraciones. La senda imaginada estaba cobrando sentido real. No quiso retirarse y arribó a la orilla. Fritz titubeó en su juego tanto que cayó hasta tutear a su ilustre contendiente en plano mental. Y ahí estaba perdido. Se adelantó, quedando a tres juegos del triunfo, pero le abordaron los fallos en puntos clave. Y no evitó un tie-break que honró al 22 veces ganador del Grand Slam. Rafael llegó a ganar por 5-0 en un desempate que abrochó el éxtasis del estadio (7-6).

El estadounidense, que ganó el Masters 1.000 de este año ante Nadal por la lesión en la costilla del balear, se retiró sollozando. Desbaratado por la presión psicológica a la que había sido sometido. Los nervios se la jugaron y fue cazado por el oficio de un superviviente. De un guerrero sin par. Y para el recuerdo queda el rosario de puntos maravillosos en los que ambos lo dieron todo, amén de la insondable cantidad de soluciones que encuentra el zurdo para ganar. Sea cual sea su situación. Jugó su mejor tenis en el tie-break decisivo. Taylor todavía se estará preguntando cómo es posible.

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