www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Historia o memoria

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 09 de julio de 2022, 19:29h

El proyecto de ley de “Memoria democrática”, que el Gobierno de Pedro Sánchez ha pactado con Bildu y otros nacionalistas, aparte de otras incongruencias, relata una historia que no es cierta: que el fin del franquismo fue obra sólo de los antifranquistas; no se menciona el consenso, como pieza clave de la Transición. Una enmienda con Bildu al artículo 1, así lo establece. Pues bien, hace años escribí para una obra conmemorativa del 40 Aniversario de la Constitución (CEPC, 2018) un análisis histórico que establece cómo llegamos a la democracia. Resumidamente, lo entrego a mis lectores:

Entre el 5 y el 8 de junio de 1962 se celebró en Múnich (Baviera, Alemania) el IV Congreso del Movimiento Europeo que congregó a los opositores del franquismo que no eran comunistas. El proyecto de Europa como proyecto cosmopolita sería, a partir de entonces, el argumento más eficaz contra el Régimen del general Franco.

El periódico oficial del Régimen, “Arriba”, lo calificó “contubernio de Múnich”.

Al parecer, a Franco le alteró mucho que Dionisio Ridruejo (1912-1975), uno de los falangistas de la primera hora y responsable de la propaganda del bando franquista en la Guerra Civil, participase en Múnich en ese Congreso europeísta.

La torpeza del ministro de Información, Gabriel Arias Salgado (1904-1962), convirtió el Congreso de Múnich en un símbolo. Al parecer, intentando agradar a Franco, el ministro Arias Salgado desencadenó una campaña innecesariamente brutal contra los asistentes. Emplear la descalificación de “contubernio” -alianza para fines censurables o la cohabitación ilegal de dos personas-, aplicado nada menos que a los miembros de un congreso europeísta, era volver al lenguaje rebuscadamente agresivo de la Falange y del fascismo europeo.

El IV Congreso del Movimiento Europeo daría a la oposición antifranquista su posterior estrategia europea, y su cosmopolitismo no sólo fue el blindaje contra la represión del Régimen, sino que impulsó tendencias a la unidad de acción de los opositores a Franco. Como pensaba Francisco Ayala(1906-2009), la línea de resistencia dejó de estar en la República y en el bando derrotado en la Guerra Civil, y pasó a ampliarse hasta muchos de los vencedores de 1939, con lo que el denominador común de la mayoría antifranquista fue paulatinamente la democracia de patrón europeo occidental.

En efecto, en Múnich se encontraron antiguos rivales durante la Guerra Civil, como el secretario general del PSOE Rodolfo Llopis (1895-1983), el antiguo líder de la CEDA José Mª Gil Robles (1898-1980), y el propio Dionisio Ridruejo.

Salvador de Madariaga (1886-1978), un intelectual liberal, diputado y ministro de la II República, fue el promotor y líder del Congreso de Múnich. Suya es la frase que pronunció cuando fue testigo del saludo de dos enemigos de la época de la II República, el socialista Rodolfo Llopis, y el monárquico y antiguo líder de la CEDA (la confederación de partidos derechistas y católicos), José María Gil Robles: “la guerra había terminado”.

Franco y su Gobierno se dieron cuenta enseguida del enorme error cometido. Su política de apertura a Europa, necesaria para la nueva política económica, se veía malograda, una vez más, por su ramalazo antiliberal y nacionalista. Gabriel Arias Salgado fue cesado inmediatamente de su cargo, y falleció de un infarto cardiaco a los pocos días (26 de julio de 1962). Su sucesor en la cartera ministerial de Información y Turismo fue Manuel Fraga Iribarne (1922-2012), quien aflojó la censura integrista de su predecesor, y que más tarde aprobaría su Ley de Prensa, norma que permitió una más amplia pluralidad informativa. .

Pero el Congreso de Múnich tendría más consecuencias.

En Múnich se harían presentes los partidos y las ideologías que años después alcanzarían presencia mayoritaria en las Cortes constituyentes de 1977-1978. El consenso que hizo posible la Constitución de 1978 tiene en la idea de Europa una de sus principales causas.

El Partido Comunista de Santiago Carrillo, aunque envió algún observador, no vio con simpatía el IV Congreso del Movimiento por la sencilla razón de queentonces los comunistas consideraban el proceso de unificación europea como una prolongación del imperialismo norteamericano y del capitalismo mundial. Todavía el PCE no había asumido como propia la lógica de la democracia representativa, que era calificada como democracia formal, y por tanto era considerada meramente instrumental.

El Congreso de Múnich supuso que don Juan de Borbón, el heredero de Alfonso XIII, perdiese ante los europeístas su apoyo como el Rey que pudiese encarnar el futuro democrático de España. El encuentro de Llopis con Gil Robles, de los republicanos con los monárquicos, que Salvador de Madariaga vio como un símbolo de la superación de la Guerra Civil, significó que el PSOE, el principal partido de gobierno de la II República, podía aceptar la Monarquía, “siempre que ésta no fuese un obstáculo para la recuperación de la soberanía del pueblo español”, ideas expuestas primero por Indalecio Prieto (1883-1962), después por Llopis en Múnich, y finalmente por Luis Gómez Llorente (1931-2012), el diputado socialista que iba a solemnizar la aceptación del socialismo español al Rey Juan Carlos en las Cortes constituyentes de 1978 .

Cuando Don Juan de Borbón, arrastrado por las circunstancias políticas de aquellos días, descalificó a los participantes en el Congreso de Múnich, perdió la confianza de los republicanos antifranquistas, pero que eran europeístas por encima de todo. A partir de entonces, el único rey posible para instaurar la democracia era su hijo, don Juan Carlos de Borbón, que comprendió que lo que amalgamaba democracia con monarquía era Europa como idea cosmopolita.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (11)    No(0)

+
4 comentarios