Garzón, el juez estrella
miércoles 01 de octubre de 2008, 21:17h
Del juez Baltasar Garzón se ha dicho y se ha escrito casi todo. Hace años, Pilar Urbano tituló la polémica biografía que escribió sobre él “Garzón: el hombre que veía amanecer” y en ella decía que era un juez sin fronteras y un hombre inagotable. De estas dos cualidades nadie duda, a pesar de que ya hace bastante tiempo que se ha ganado a pulso un apodo que resulta mucho más apropiado. Garzón es para muchos un “juez estrella”, a quien le gusta pisar charcos, contra más embarrados mejor, y tiene una gran ambición, ya sea ésta simplemente de justicia, o también de fama y de poder.
No es muy normal que a un juez instructor, aunque se trate de uno de la Audiencia Nacional, se le conozca fuera de su país en ambientes que no sean los estrictamente jurídicos o académicos y, sin embargo, actuaciones como la orden de arresto de Pinochet, la condena del represor argentino Adolfo Scilingo o la investigación de Silvio Berlusconi han hecho que su nombre sea conocido en todo el mundo y que muchas personas se hayan sentido agradecidas por encontrar, al fin, alguien que no tuviera miedo ni pereza para enfrentarse con asuntos o personajes a los que parecía que era mejor dejar reposar con tranquilidad.
Después de la desafortunada pirueta política en la que se descalabró para una parte de la sociedad que hasta entonces había admirado su seriedad y su trabajo, volvió a la Audiencia a desenterrar “cosillas” que se habían ido llenando de polvo y de olvido, pero, a pesar de todo, ya nada fue igual. Muchos siguen dudando de él. No de su capacidad de trabajo, de su agudeza o de su entrega, no. Es mucho peor, se duda de su imparcialidad y de su rigor, los elementos indispensables que debe reunir un buen juez. También de que, precisamente por esa necesidad de abarcarlo todo y de no faltar en ninguna parte, sus actuaciones se vean comprometidas.
Se acaba de saber que dos presuntos narcotraficantes turcos de una red internacional que habían sido arrestados después de una compleja labor policial de más de siete meses de duración, quedaron en libertad porque Garzón no prorrogó a tiempo su estancia en prisión preventiva. Si realmente se demuestra que ha ocurrido así, se trata de una falta grave que a otro magistrado de la Audiencia, Guillermo Ruiz Polanco, le costó un año de suspensión de funciones y la pérdida de la plaza. De acuerdo con la jurisprudencia del Tribunal Supremo, el control de las medidas cautelares de privación de libertad es un deber personal del juez que no admite delegación.
El martes pasado, con ocasión de la apertura del nuevo año judicial, se subrayó la necesidad de devolver la credibilidad a la justicia. Al nuevo presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, será a quien corresponda decidir la sanción que podría merecer la presunta negligencia de Garzón. Bienvenido, Presidente.
|
Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
|
|