Pues parece que ya da igual lo que diga, proponga o prometa el presidente del Gobierno durante el esperado Debate sobre el Estado de la Nación. La credibilidad de Pedro Sánchez es cero y la disociación de la opinión pública con él es cada día más evidente y palpable. El problema para el PSOE es que se ve arrastrado y le costará remontar.
Le pasa al jefe del Ejecutivo que no puede echar la culpa de todos sus males al PP, que siempre le venía bien como comodín al que recurrir cuando la cosa flojeaba. Ahora, sin embargo, hay que mirar a la pandemia del coronavirus y, sobre todo, a Putin y la guerra caprichosa que mantiene con Ucrania. Aun así, se permite hacerse el gracioso y llamar “curandero” a Feijóo y a todos los que le critican.
Aplíquese el cuento, señor presidente, porque si España está enferma usted no sabe cómo cuidar ni curarla y más de la mitad de los españoles ya ven en el “curandero” la solución a los problemas de este país. Un remedio que no pasa por inventarse impuestos a los “ricos”, ya que, como todo el mundo sabe, después repercute en los “pobres”, ahora llamados “clase media trabajadora”.
Pero la ruptura entre todas las clases, las altas, las medias y las bajas, y el presidente del Gobierno no viene solo de la pésima gestión económica que está realizando “tirando” siempre de fondos del erario y de Europa, ya que, por supuesto, ningún dinero a su disposición para políticas de izquierdas basadas únicamente en gasto, gasto y más gasto, se ha generado gracias a políticas socialistas.
Lo cierto es que el enfado es generalizado y va hasta el corazón de las personas de bien de este país. Se acaban los calificativos para describir lo que Pedro Sánchez ha hecho con la Ley de Memoria Histórica -ahora Democrática- de España pactada con Bildu, que no necesita más descripción. Lo más habitual cuando pregunto a colegas, en el entorno, cuando leo o escucho las tertulias de compañeros en radio y televisión es “traición”.
Y digo yo: ¿Traiciona el presidente del Gobierno de España a España, a los españoles, a su Historia? ¿Es un atentado contra la dignidad de todos los españoles y, en especial, de los que sufrieron el terrorismo en sus propias carnes? ¿Quién entiende que aquellos que asesinaron a cerca de mil personas con disparos en la nuca o bombas en los coches se erijan ahora en defensores de los derechos humanos? ¿Infamia?
Esto, como digo, subleva también a parte del socialismo que ha sufrido este terrorismo de ETA y ya no cabe hablar solo de crisis en la coalición de Gobierno, también hay que hacer mención a la que se fragua dentro del propio PSOE. El titular de este artículo no es mío, es de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que decía muy claramente que “a este Gobierno le falta alma” y que añadía que “también le falta medidas felices”.
Nada feliz, ni próspera, oportuna, afortunada ni acertada se presenta una Ley de Memoria Democrática que, gracias a Pedro Sánchez, tendrá el sesgo de los que se han caracterizado, precisamente, por ser los menos demócratas porque sus argumentos se han contado siempre por disparos, bombas y asesinatos. Bildu se aprovecha, impugna todo lo que se hizo durante la Transición y quiere revisar la Historia para que los jóvenes de hoy sigan sin saber quién fue, además de por qué y a manos de quién fue asesinado Miguel Ángel Blanco.
En el 25 aniversario del secuestro, chantaje y asesinato del edil del PP en la localidad vizcaína de Ermua por parte de ETA, el Rey Felipe VI acertaba: “No se puede permitir que haya generaciones que ignoren lo que pasó en esos dolorosos días de nuestra historia, que no sepan cómo y por qué unió nuestra conciencia colectiva, que desconozcan algo que también contribuyó a asentar nuestra convivencia o el masivo movimiento que hubo en España tras un asesinato que marcó tanto nuestra vida democrática”.
Pero Pedro Sánchez, capaz de afirmar en su discurso que “hoy Euskadi y España son países libres y en paz”, prefiere el calor de la poltrona. Para el líder del PSOE es más importante el Falcon y aferrarse al poder que la dignidad, la Justicia y la verdadera Memoria Democrática. ¡Y se preguntan en Moncloa por qué tanta desafección con el Gobierno!
Al final, Sánchez podrá presentar las medidas que quiera, que siempre nos preguntaremos si las propone porque son buenas para España o son buenas para él.