Sería absurdo negar a Pedro Sánchez la habilidad que ha demostrado en la compleja...
Sería absurdo negar a Pedro Sánchez la habilidad que ha demostrado en la compleja destitución de Adriana Lastra, la mujer que se mantuvo a su lado cuando Felipe González lo escabechó de Ferraz en el otoño de 2016. La lealtad de Adriana Lastra ha sido ejemplar. Es mujer adornada por importantes cualidades, pero sería gravemente calumnioso afirmar en ella capacidad para la gestión. Ha sido un desastre y Ferraz se convirtió en un caos, en el patio de monipodio de las tensiones internas del socialismo. Lastra no podía continuar en su puesto y Pedro Sánchez ha encontrado en el embarazo la forma suave de explicar a Adriana Lastra que debía destituirla como número 2 del partido.
Con flexible mano izquierda, el presidente del Gobierno y líder del PSOE ha prescindido de su colaboradora sin hacer sangre. Es necesario reconocer, si no se quiere perder la objetividad, que Pedro Sánchez ha realizado la operación con delicadeza y eficacia.
Eliminada Adriana Lastra, se hace necesario ahora poner orden en Ferraz y embridar las tensiones internas del partido para salir del pozo de las contradicciones y convertir al PSOE en un instrumento útil cuando se aproximan las elecciones autonómicas y municipales y también las nacionales.
Pedro Sánchez ha evitado un escándalo y ha reconducido la situación. No sé si acertará al hacer los nuevos nombramientos. No sé si será capaz de superar el caos de Ferraz y poner orden en el partido. Está claro que lo va a intentar y hay expectación entre los viejos y los nuevos barones para comprobar lo que el César dispone. Al PSOE le esperan semanas de notable incertidumbre.
Y la primera en la frente. La dimisión de Dolores Delgado ha oscurecido la destitución de Adriana Lastra. Habrá que esperar a que se asienten las aguas derramadas para calibrar el alcance de la salida de Dolores Delgado de la Fiscalía General del Estado.