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EDITORIAL

El cambio de rumbo del BCE debería alertar al Gobierno de Sánchez

EL IMPARCIAL
viernes 22 de julio de 2022, 14:55h
Actualizado el: 22/07/2022 15:01h

Giro histórico en la política monetaria europea. El BCE decidió terminar este jueves con una década de dinero fácil al subir los tipos de interés un 0,5%. Se daba por descontado que la institución que preside Christine Lagarde siguiera la tendencia de otros bancos centrales como la Reserva Federal de EEUU o el Banco de Inglaterra y subiera los tipos de interés. Cabe destacar que lo hizo en el rango más elevado de la horquilla prevista –el mercado esperaba una subida de entre el 0,25% y el 0,5%-, y el volantazo, aunque anunciado, resultaba más brusco de lo previsto.

Más relevante todavía es el hecho de que Lagarde prepare a los inversores para una época convulsa, en la que ya no habrá esa especie de guía de comportamiento, ese anuncio con mucho tiempo de antelación: el BCE tomará sus decisiones mes a mes, sin dar pistas de las futuras subidas de tipos ni cuál será el rito de esos incrementos.

El sentido de la decisión del BCE es claro: se trata de enfriar el consumo y encarecer los créditos; reducir, en definitiva, la demanda, para tratar de ajustar la inflación en el entorno del 2%, en un momento en el que el IPC europeo aumenta al 8,6% y el español, a doble dígito, hasta el 10,2%.

Las consecuencias prácticas a corto plazo para la ciudadanía son claras. Se endurecerán las condiciones para acceder al crédito, que será más caro, y los que estén pagando una hipoteca referenciada al euribor verán aumentar sus cuotas mensuales.

La subida de tipos también afectará a las sobreendeudadas finanzas públicas.

El mercado de deuda pública ya comienza a notar cierta zozobra en las primas de riesgo de los países periféricos y el BCE ha puesto en marcha, de hecho, un instrumento que le permite intervenir para aliviar la fragmentación financiera de la eurozona, en prevención de que vuelva una situación similar a la de 2011. Fue entonces cuando la quiebra de Grecia extendió la desconfianza hacia la deuda soberana de Italia, España, Irlanda o Portugal, una crisis que a punto estuvo de terminar con el euro como moneda única.

Lo preocupante para España, lo que debería encender las alarmas en los despachos ministeriales, que este nuevo instrumento de ayuda del BCE tiene condiciones. Entre ellas, que los Estados recibirán el apoyo siempre y cuando estén fuera del protocolo por déficit excesivo. La pandemia de Covid ha motivado la suspensión de las reglas fiscales de la Unión Europea, una especie de barra libre que el Gobierno de Sánchez ha apurado con alegría.

Es necesario, por tanto, comenzar a sanear las maltrechas cuentas públicas y cumplir con las exigencias de reequilibrio presupuestario de Bruselas. Todavía queda año y medio de legislatura, que Sánchez está decidido a completar. Si quiere evitar un hundimiento económico, debe olvidarse de sus anuncios populistas y sus dádivas electoralistas y poner rumbo hacia una política económica seria, antes de que sea demasiado tarde.

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