En su viaje a los Balcanes, Pedro Sánchez ha asegurado estar seguro de completar la legislatura con la coalición de Gobierno con Podemos. Probablemente, el cambalache comunista de Yolanda Díaz e Ione Belarra también tiene interés en alargar el acuerdo. Otra cosa es que aguante hasta el final, pues cuando se fije la fecha de los comicios le interesará alejarse del "furibundo militarista" y atacarle sin piedad. Más difícil aún lo tiene con sus aliados vascos y catalanes que le aprietan las tuercas sin contemplaciones.
ERC, después de la reciente mesa de diálogo en la que Sánchez se postró ante las exigencias de los secesionistas, todavía quiere más. El Gobierno se comprometió a "blindar" el catalán; o, mejor, eliminar el castellano de las aulas. Y también se mostró dispuesto a "desjudicializar" la política; esto es, a derogar el delito de sedición para que se borren los antecedentes penales de los condenados por el intento de golpe de Estado y, al tiempo, para que Puigdemont vuelva a España como un héroe después de huir de la Justicia. Pero ahora, la portavoz del partido, Marta Vilalta, ha exigido "pruebas" de que el Gobierno "haga los deberes" y cumpla con el compromiso de que el castellano sea erradicado de las aulas formalmente. Sugiere, así, que se cree una suerte de Gestapo lingüística que investigue en los centros educativos si algún alumno tiene la osadía de dar los "·buenos días" en castellano.
Lo más novedoso, sin embargo, es la actitud del PNV que, a pesar de ser independentista no deja de ser un partido burgués. El presidente Andoni Ortuzar se ha mofado de las "gracietas" propuestas por Pedro Sánchez para reducir el consumo de energía. No solo se burla de la ocurrencia de prescindir de la corbata. Denuncia también que le parece inadecuado el impuestazo a las empresas energéticas. Y es que los nacionalistas vascos apoyan al Gobierno por las muchas prebendas que recibe a cambio. Pero no parece estar dispuesto a poner sus escaños al servicio de las delirantes medidas que Sánchez se saca de la chistera y que perjudicarán a la economía en general y a las empresas vascas, en particular.
A Pedro Sánchez le va a costar aguantar la legislatura con sus socios de Gobierno y de investidura. Todos los partidos parecen estar centrados en sus intereses electorales. Y a unos les perjudica la "deriva militarista" del Gobierno y a otros, la ruina que va a dejar como legado. Al final, como siempre, el presidente se verá obligado a repartir el maná de los fondos europeos y a desguazar los presupuestos generales del Estado para complacer a todos y contar, así, con sus escaños hasta el final. ERC se contenta con la amnistía y la autodeterminación. Y resulta inquietante que el jefe del Ejecutivo necesite esos 13 escaños para completar la legislatura con comodidad.