“Quizás no sea así en el futuro, pero por ahora somos de donde somos. Me siento impresionado por la ciudad, por esta luz de abril, por esta gente…” (1978 Vivir en Sevilla)
En estas noches de verano y tomando lentamente un buen vino, me he sentado a ver una película que tiene algo más de cuarenta años. Es un buen modo de disfrutar de la vida, especialmente cuando se trata de “Vivir en Sevilla” una de las primeras películas de Gonzalo García Pelayo. Como tengo algo más educado el oído que el ojo, se podría decir que he escuchado la película. He tenido ocasión de conocer al realizador – reparen en la virtud ontológica que esa palabra concede al director de cine – y ante su obra he empezado a preguntarme por la condición del artista.
Gonzalo García Pelayo[1] dice que es director de cine, pero muchos suspicaces y desconfiados creen que su cine es sólo una tapadera para negocios más rentables: en su momento fue un sistema, entonces revolucionario, para quebrar casinos. Hoy el algoritmo sirve para automatizar nuestras vidas. Ahora parece haberse interesado por la criptomoneda, en la que dicen que ha encontrado un yacimiento nuevo, pero no es fácil que los poderes oscuros del mundo dejen escapar ningún instrumento de dominio.
Estas almas huecas confunden el fin con los medios, GGP es director de cine y para eso utiliza todos los medios a disposición de su inacabable ingenio. En un mundo donde los medios se han emancipado de los fines, parece fácil confundir los medios que GGP ha utilizado con el fin que, naturalmente, lo define. Y el fin es hacer películas.
En este mundo atomizado en especialidades minúsculas se me cuestionara de inmediato, carezco de acreditación: ¿quién soy yo para afirmar si un director es bueno o malo? ¿quién soy yo para declarar si tal o cual son directores de cine o simplemente hacen películas? ¿pero es que no es director de cine quién simplemente hace películas? Si así fuera, a día de hoy – cuando cualquiera tiene una cámara en su móvil y son millones las grabaciones que a cada instante se suman a las redes sociales – habría más cine que nunca antes.Si reducimos la idea de cine a la de cualquier registro dinámico de imágenes no ha habido nunca más cine que hoy.
El cine es, sin embargo, algo más. El cine es un arte: es el asombroso arte de la técnica. El mero registro dinámico de imágenes sería la técnica sin el arte o el grado cero del cine, en la cota opuesta estaría el arte sin la técnica. El cine en su expresión plena conjugaría de manera perfecta el arte y la técnica. Ya la combinación de arte y técnica arrastra un caudal inagotable de graves problemas.
Habrá quienes juzguen inviable la conjugación de ambos términos, los que ven la técnica como negación del arte en una especie de ludismo ingenuo. Habrá quienes identifiquen ambos términos sin fijar diferencia alguna entre las formas modernas de la acción humana mediada por las máquinas y las formas artesanales, ajenas a la máquina. Si concedemos la posibilidad de un arte de la técnicaconcedemos que la maquina sea un medio adecuado del arte.
El mero planteamiento de estas cuestiones nos conduce a un panorama saturado de problemas que en última instancia exigen entender qué es el hombre. Y entonces este cine revela toda su significación.
GGP logra definir la vida humana en el espacio sutil sobre el que proyecta su drama y sabemos que el marco es determinante de lo que acoge. Todo consiste en definir el cuadro, el encuadre,que da significado a lo que se recoge en su seno. Por eso, como todo verdadero cine, el de GGP es limitado, limitado por el cuadro que lo contiene. Un cine infinito se resuelve en acción sin sentido. Lo que pasa por la pantalla, lo que sucede en el marco que contemplamos ha sido elaborado hasta el punto de parecer intacto. Y eso que pasa – sin ser aparentemente intervenido – en las películas de GGP es la vida humana.
Podríamos ver sus películas como un dramático tratado de humanidades y, por tanto, una crítica demoledora a la pretensión de una ciencia del hombre.Asombrosamente la máquina le sirve para una crítica indirecta de la tecnología, tal como hoy las entendemos. La máquina le sirve óptimamente para construir un arte capaz de explorar la vida humana.
Cosiendo arte y técnica, el cine de GGP oscila de lo artesanal a lo experimental, pero logra que las personas se muestren luminosamente. Rostro, voz, actitud: casi diría ademán, si esta hermosa palabra no estuviera tomada por los señores de la memoria que la delatan cargada de significaciones espurias. En estas personas se aprecia el ademán que es el resultado casi inconcebible de una asombrosa complejidad histórica. El ademán, la compostura,es un rasgoespecíficamente antropológico.Esa vida humana es de naturaleza dramática y el drama cobra expresión en la palabra. Los personajes hablan de verdad, aunque luego una voz, sin origen ni procedencia, fije el cuadro: el lugar en que la voz se dice.Además, esa existencia dramática es necesariamente histórica, y en la película la circunstancia también pasa.
Con una palabra delicada se nos pone ante la efímera trascendencia: “Así era Ana al principio”. Fue otra luego, y ese luego introduce la herida de un tiempo irreversible y determinante. Ana, de cuyo cuerpo brota alegría de vez en cuando, deja de ser quien era.Está tan circunstanciado y profundamente enraizado este cine que corre el riesgo de ser eterno. Inseparable de tiempo y lugar, hondamente situado, es un cine real, que nada concede a la mera abstracción. Cine real, en las antípodas de la fábrica de sueños. No olvidemos que la realidad es inmutable.Quiero decir que GGP eterniza la circunstancia porque sabe que lo propio del hombre no es perecer, sino permanecer.
Sus personajesson personas de carne y hueso. Jamás sujetos al estilo del racionalismo moderno. GGP es, mal que le pese, un gran cineasta y, como somos de donde somos, resulta que es español.Digamos que es un cineasta universal, que vale por español:
“Son tantos los que quedaron en el camino, los que no pudieron conocer esta vuelta… era muy duro tener que soportar que el ser español era algo totalmente diferente a lo que siempre habíamos sido, a lo que queríamos seguir siendo, nos sentíamos usurpados”.
Contra esa usurpación vale este cine.
[1] A partir de ahora GGP