Lo vemos cada día en Nicaragua, pero no lo queremos oír. La “persecución” que vive la Iglesia católica nicaragüense por parte de las autoridades gubernamentales, es actualmente el “caso más horrendo de martirio de la región”. Estas no son palabras mías, sino del cardenal Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, en un mensaje a sus feligreses durante las fiestas patronales de la capital salvadoreña.
Una importante y dura acusación contra el régimen de Daniel Ortega hecha este pasado viernes en un comunicado emitido por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en el que “se une al sufrimiento que vive gran parte del pueblo de Nicaragua y la Iglesia que peregrina en esta querida tierra”. El cardenal Rosa Chávez denuncia así el “constante hostigamiento que viene sufriendo la Iglesia por parte de las autoridades gubernamentales”.
“Los últimos acontecimientos, como el asedio a sacerdotes y obispos, la expulsión de miembros de comunidades religiosas, la profanación de templos y el cierre de emisoras de radio, nos duelen profundamente. Les manifestamos nuestra solidaridad y cercanía”, dijo Rosa Chávez ante miles de católicos salvadoreños.
Sacerdotes de diferentes diócesis de Nicaragua han pedido al Gobierno de su país que “cese la persecución a la Iglesia católica”, que en los últimos meses ha visto cómo dos miembros del clero fueron arrestados y otros dos fueron sitiados en sus residencias, incluyendo al obispo Rolando Álvarez, uno de los más críticos del presidente Daniel Ortega.
Las relaciones entre el Gobierno de Ortega y la Iglesia católica se han agudizado esta semana, tras el cierre gubernamental de diez medios de comunicación, entre ellos ocho católicos, que estaban bajo la dirección del obispo Rolando Álvarez.
La pregunta de otro Ortega, el que esto escribe, es ¿dónde están los clarividentes amigos españoles de Maduro y del Ortega nicaragüense para protestar ante las barbaries cometidas?. Aquellos jóvenes del 15M que querían dar el cambio, que deseaban una sociedad mejor y más justa, han dado su propio cambiazo y se olvidan de los pobres y necesitados de países, como Nicaragua que sobrevive en la pobreza impuesta por un régimen dictatorial. No podemos, o no debemos, olvidar que Nicaragua vive una crisis que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dejó al menos 355 muertos en 2018, de los cuales Ortega admitió 200 alegando que se defendía de un supuesto golpe de Estado. La crisis empeoró con las elecciones de noviembre pasado, cuando Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, fueron reelegidos en sus cargos, en un proceso criticado porque siete de sus potenciales rivales fueron arrestados y dos huyeron al exilio.
Lo que sí es cierto es que la Iglesia católica es la religión con más seguidores en Nicaragua, con casi un 60 por ciento de seguidores y que es la única institución que se ha opuesto abiertamente al régimen de Ortega y defiende abiertamente los derechos humanos perseguidos por aquellos que un día dijeron que luchaban por la libertad. Pero ya se sabe que esos que dicen luchar por la libertad, fundamentalmente por la suya y la de sus bolsillos, una vez que consiguen el poder son capaces de pisotear a quien sea con tal de mantenerse en su despacho o residencia dorada.
FRANCISCO, conocedor, como no, de la situación gravísima que vive el pueblo nicaragüense nombró cardenal al obispo auxiliar de San Salvador, Rosa Chávez, la figura centroamericana más importante y con más futuro de la Iglesia centroamericana, una vez que el cardenal Maradiaga, miembro del C7 vaticano, está próximo a su jubilación definitiva, una vez concluida la reforma de la curia.
Por todo ello no hay que olvidar que lo grave es que el martirio, los martirios, siguen en Nicaragua.