Escribir con renglones torcidos
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 02 de octubre de 2008, 21:28h
Este avanzar por paradojas, ese escribir como Dios con renglones torcidos, es lo que ha sucedido con la propuesta del presidente del Gobierno para que Carlos Dívar presida el Tribunal Supremo. No es competencia del jefe del ejecutivo, pero quien nombra la mayoría del Consejo, ¿no tiene la posibilidad de proponer la candidatura de su Presidente? Es una consecuencia derivada del método actual de nombrar a todos los vocales del Consejo por los portavoces parlamentarios. El que los consejeros se hayan enterado a posteriori ¿no es otra consecuencia de lo mismo, tendente a asegurar la independencia del nombramiento, frente a la dinámica mayoría/oposición? Dívar, que ha dirigido la Audiencia Nacional, es un profesional de la Justicia con rasgos muy definidos. Discreto, alejado de los medios de comunicación, ha preservado el prestigio y la autoridad de unos tribunales sensibles, en una etapa condicionada por el juicio del 11-M. La elección de Zapatero no es sólo por su acreditada capacidad de presidir unos órganos jurisdiccionales, sino porque la misma presencia de Carlos Dívar, da un mensaje nítido a favor de la independencia judicial. El nuevo presidente del Consejo General del Poder Judicial no pertenece a ninguna asociación judicial, lo que es un reconocimiento a esa mitad de la carrera que no está afiliada a ninguna organización asociativa. Para los ciudadanos corrientes, es un alivio, después de cómo se han repartido las dos asociaciones más conocidas el actual y el pasado Consejo: a veces llegábamos a preguntarnos qué pensaríamos si los dos sindicatos mayoritarios copasen los puestos de los ministerios de Economía o de Trabajo.
Pero el mensaje de independencia se ha conseguido porque Carlos Dívar es un juez con características de persona de mentalidad conservadora y profundamente religiosa. Cuando asistí al juicio de los asesinos de Fernando Buesa, tuve la oportunidad de conversar en su despacho con él. Desde luego, las dos notas de religiosidad y de profesionalidad, puedo corroborarlas. También recuerdo otra impresión: una sensibilidad ante la injusticia del crimen, que le daba humanidad a su vocación de juez.
El presidente Zapatero ha tenido, seguramente, la misma preocupación que muchos ante el resultado de la renovación del Consejo. Es indudable que existen magistrados laicos y de izquierdas, con las mismas cualidades de independencia y profesionalidad que Carlos Dívar. Pero existía lo que en otro reciente artículo califiqué de “mentalidad de gladiador”: el vicepresidente del Consejo, antiguo consejero de Justicia de un gobierno regional del partido de la oposición, ya anunciaba lo que le sucedería a un presidente de mentalidad progresista. Ahora, con Dívar, el Consejo dejará de ser otro escenario de la misma lucha partidaria. Hace años, cuando Pascual Sala presidía el Consejo y el Tribunal Supremo, su vicepresidente asumió la anómala función de convertirse en representante de la oposición. Ahí empezaron los errores, ese holismo partidario que seca instituciones democráticas como el Consejo. Se ha frenado un proceso de decadencia.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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