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Análisis Argentina

La nueva crisis del campo manifiesta los límites de Cristina Fernández

viernes 03 de octubre de 2008, 00:39h
La protesta, convocada por la Federación Agraria Argentina, la Confederación Inter-cooperativa Agropecuaria (Coninagro), las Confederaciones Rurales Argentinas y la Sociedad Rural Argentina, afectará a la economía nacional, condicionando la producción y las exportaciones.

La quinta huelga comercial convocada por las patronales rurales de Argentina confirma que el conflicto con el Gobierno, desatado en marzo pasado, aún está lejos de ser concluido. La confrontación fue provocada por la decisión gubernamental de crear un esquema móvil de impuestos a las exportaciones de soja, maíz, girasol y trigo: se trataba de una resolución que imponía impuestos móviles. El rechazo al esquema tributario provocó cuatro huelgas, con bloqueos de carreteras y desabastecimientos de alimentos y costos para la industria, causando millonarias pérdidas al país. Sin embargo, la medida no fue convalidada por el Parlamento, creando una brecha en el gobierno de la presidenta de difícil solución.

Los dirigentes agropecuarios aseguran que los problemas del sector van más allá del enfrentamiento y que es el conjunto de varias causas: los impuestos a las exportaciones, las dificultades por la sequía (la peor en cien años), la caída de los precios internacionales de las materias primas y el alza de los costos de producción. Por su parte, el secretario de Agricultura argentino, Carlos Cheppi, declaró que el Gobierno “está sorprendido” por la nueva medida decidida por el campo. Tras recibir la noticia y reunirse con la presidenta argentina, Cheppi invitó a los dirigentes rurales a “reflexionar” sobre el perjuicio que la huelga ocasionaría para el país, asegurando que el Gobierno “está dispuesto a continuar trabajando y a apostar por el diálogo”.



Un conflicto antiguo
La reaparición de la confrontación entre el campo y el Gobierno demuestra que la solución encontrada por la presidenta Fernández no ha sido satisfactoria y sólo paliativo-temporal. El polémico esquema tributario que fue rechazado en el senado provocó una división en el bando gubernamental y la salida del vicepresidente del país Julio Cobos de la formación. Sin embargo, Cobos, que se posicionaba como una figura más dentro del “matrimonio presidencial”, se convirtió en el hombre que ha sido capaz de derrotar al poder kirchnerista con su voto en contra. Su presencia dentro del gobierno resultaba funcional a la nueva imagen que Fernández quería ofrecer de su gobierno: una formación política que representase el abanico político presente en Argentina y que iba más allá del peronismo. En la actualidad se perfila como el posible líder de la oposición contra la presidenta Cristina Fernández. Otra consecuencia de la crisis política, fue la salida del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

El campo representa la pesadilla recurrente de la presidenta argentina desde que asumió el mando del país: las movilizaciones de los productores agrarios, de pequeños y medianos propietarios mostraron que las políticas adoptadas por los Kirchner han sido irresponsables y arbitrarias, generando polémicas y críticas. De hecho, la gestión política de Cristina Fernández, que en breve cumplirá un año al frente de Argentina, no ha parecido a la altura, ya que sus decisiones, más que solucionar los problemas, han complicado la situación del país. Las revelaciones sobre el oscuro maletín con dinero de Chávez empeoran su credibilidad interna e internacional.

Futuros desafíos
Sin embargo, Argentina debe seguir adelante, intentando aprovechar un contexto internacional favorable. Mientras el mundo debate sobre cómo enfrentarse a la crisis financiera y alimenticia, Argentina, uno de los mayores productores de alimentos, podría beneficiarse de los altos precios de las materias primas para sacar provecho y enriquecerse. Por eso, la presidenta debería empeñarse en finalizar lo más pronto posible la parálisis política (y económica), impulsando la economía nacional, adoptando medidas que contrarresten la inflación. Al crecimiento económico de los años de su esposo, le ha acompañado la acumulación de varios problemas sin resolver: al mismo tiempo que la economía crecía (y crece), la inflación, la desigualdad y la pobreza siguen en el escenario nacional. Además, los clientelismos, los decretos arbitrarios y las formas populistas siguen a la orden del día, como parte endémica de un sistema "gatopardiano" incapaz de cambiar.

La nueva huelga obliga el gobierno a reflexionar, planteando la oportunidad de realizar nuevos cambios, pero no de cartera sino de estrategia, teniendo en cuenta la fragilidad institucional del país. En primer lugar habrá que dejar claro el papel de Kirchner: el ex presidente representa una alargada sombra, tanto, que varios analistas consideran que Néstor, que ha aparecido en escena en momentos cruciales, sigue estando al frente de la Presidencia argentina. El protagonismo del esposo crea una imagen de “poder detrás de poder”, mientras Cristina Fernández debería despejar cualquier duda sobre su mando. Al mismo tiempo, Fernández deberá tener en cuenta el debilitamiento del frente peronista, situación que se hizo evidente tras la renuncia de un hombre clave del kirchnerismo como Alberto Fernández.

La imagen de un gobierno fragmentado e incapaz de reaccionar obliga a la actual presidenta a reflexionar sobre su mandato: la mandataria no puede cometer el error de pasar por alto las enseñanzas de estas crisis. Finalmente, Fernández debe replantear políticamente lo más pronto posible su gestión y garantizar mayor gobernabilidad en el país, antes de que sea demasiado tarde.