Bruselas prevé una temporada de frío marcada por el chantaje de Putin, que amenaza con comprometer a los países más dependientes.
A escasos días de que se cumplan seis meses de la invasión rusa de Ucrania, Europa se prepara para un invierno de inestabilidad energética, especialmente en las economías más dependientes del gas, como Alemania, Italia o los países bálticos, donde los precios se han disparado en los últimos meses.
La preocupación reina en Europa, que asiste con incertidumbre a la posibilidad de que se dé un escenario en el que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, utilice cortes de energía como un arma contra la comunidad internacional, de ahí que los países más dependientes del gas ruso estén llenando sus reservas.
En unos mercados tensionados desde el pasado año por la brusca recuperación de la actividad tras la pandemia y el encarecimiento de las materias primas, la posición de Moscú ha agravado la situación del Viejo Continente, en el que el megavatio hora (MWh) de la electricidad se ha situado, por momentos, en 4.000 euros esta semana.
Europa sufre los daños colaterales de un conflicto en el que Bruselas ha adoptado una manifiesta postura crítica con Rusia, con el embargo parcial del petróleo procedente de este país, y la reducción gradual de su dependencia energética de la antigua potencia soviética.
El reglamento de la Unión Europea establece que los países miembros deben asumir solidariamente una política de contención para hacer frente a un previsible corte del suministro del gas ruso.
En España, donde el Gobierno ya ha adelantado que habrá nuevas medidas en septiembre, la aprobación de la "excepción ibérica" junto a Portugal para topar el precio del gas destinado a la generación eléctrica, sumada a su escasa dependencia de los suministros rusos, la colocan en una situación más favorable. A diferencia de otros países europeos, por ahora en España no habrá restricciones a los hogares o a la industria.
Los efectos de la guerra en Ucrania se están sintiendo especialmente en el mercado de la electricidad, vinculado a la propia evolución del gas al servir éste para la producción de luz, con niveles históricamente elevados en las principales economías de los Veintisiete.
Tanto en Alemania, donde esta misma semana el precio de la electricidad alcanzó un nuevo récord, como en Francia e Italia, en las últimas semanas se han superado de manera generalizada los 500 euros/MWh. Una problemática similar se da en los países bálticos -Estonia, Letonia y Lituania- en los que el MWh se disparó hasta los 4.000 euros el pasado miércoles, según los históricos de Nord Pool consultados por Efe.
La preocupación de Europa radica en el temor a que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, utilice cortes de energía como un arma contra la comunidad internacional, de ahí que los países más dependientes del gas ruso estén llenando sus reservas.