Recuerdo muy bien los comentarios de varios sagaces intelectuales tras constituirse el Gobierno Sánchez...
Recuerdo muy bien los comentarios de varios sagaces intelectuales tras constituirse el Gobierno Sánchez en enero de 2020. Fueron concluyentes: “Este Gobierno no durará ni seis meses”. Discretamente publiqué yo un artículo vaticinando de forma expresa que Pedro Sánchez agotaría la legislatura. He huido siempre del voluntarismo político y también del desprecio del que no piensa como uno. Pedro Sánchez fue escabechado de Ferraz nada menos que por Felipe González, el nombre máximo de la historia del PSOE y el gran hombre de Estado del siglo XX. Pedro Sánchez abandonó su despacho de secretario general del Partido Socialista y fue considerado como un cadáver político. Pero no salió de Ferraz con las orejas gachas y el rabo entre piernas. Por el contrario, a los pocos días estaba viajando por España reclutando votos con el fin de ganar las primarias de su partido. Y así fue. Venció de forma rotunda a Susana Díaz, la candidatade Felipe González. Y después, la moción de censura que fulminó a Mariano Rajoy.
Cuando Albert Rivera se negó a negociar con él tras las elecciones generales de abril de 2019, convocó nuevos comicios en noviembre y decidió su investidura con el apoyo de comunistas, podemitas, secesionistas y bilduetarras. Ley tras ley, Presupuestos Generales tras Presupuestos Generales, Pablo Sánchez lleva ya tres años ganando todos los envites parlamentarios. El último ha sido el de hoy, jueves, sobre el ahorro energético.
PP, Ciudadanos y Vox se han pasado varias semanas frotándose las manos ante la derrota que daban por segura de Pedro Sánchez en un Parlamento cada vez más arisco y fragmentado. El resultado, sin embargo, ha sido una nueva victoria de Pedro Sánchez, dispuesto ahora a sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, haciendo las concesiones políticas y económicas que le exijan los separatistas y los bilduetarras. No se encontrará, en fin, en la historia democrática española a un hombre con tanta capacidad de maniobra para permanecer en el poder. Que la dignidad y la estabilidad de España se encuentren en peligro, esa es una cuestión que no preocupa al sanchismo rampante.