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TRIBUNA

El hombre de la “mancha”

domingo 04 de septiembre de 2022, 19:38h

Ha muerto Mijail Gorbachov, a los 91 años, dejando una imborrable página en la Historia moderna. Fue el líder de la todopoderosa Unión Soviética de finales del siglo pasado, que decidió acabar la Guerra Fría entre el Bloque Socialista y el de los países democráticos occidentales. Tuvo un plan de acabar también con el sistema totalitario y represivo en su propio país, dominado durante siete décadas por una dictadura del único partido que existía en la URSS de entonces – el Partido Comunista – , la encarnación de la “dictadura del proletariado”, inventada por Lenin y llevada a la práctica, con su máxima expresión totalitaria, represiva y despiadada, por Stalin.

La idea principal de Gorbachov consistía en liberalizar y “suavizar” (democratizar) el rígido Sistema Socialista, haciéndolo más eficaz en la economía y más libre en la palestra política. No entraba en sus planes, ni de lejos, sustituir el sistema socialista por el capitalista, como luego ocurrió en la práctica. Se trataba, simplemente, de humanizar el horroroso sistema estalinista, que, según, Gorbachov, era un socialismo mal aplicado, tergiversado y manipulado por los seguidores de los creadores del “auténtico” comunismo-socialismo – Marx y Lenin. De hecho, Gorbachov siempre decía que el socialismo es el mejor sistema del mundo, el más justo y el más humano, sólo se necesitaba aplicarlo correctamente en la vida real. Me acuerdo de su famosa frase, cuando empezó la “Perestroika”: “¡Cuanto más socialismo mejor!”. En el mejor sentido del término. ¡El socialismo con el rostro humano! – este fue su eslogan.

Él no fue un innovador en esta idea. Ya lo intentó, en los años 50-60, el reformista del estalinismo, Nikita Jruschiov, pero fracasó, desbancado del poder por sus propios correligionarios, los camaradas-miembros de buró político del PCUS, asustados de que los cambios “liberalizadores” podrían afectar negativamente el monopolio del poder que tenía el Partido Comunista. Lo mismo ocurrirá con propio Gorbachov, cuando en agosto de 1991 sus colaboradores más próximos, intentarán dar un golpe de estado y desbancar a su Jefe de la Presidencia del país.

Gorbachov, al iniciar la “Perestroika”, consciente del fracaso de Nikita Jruschiov de dar al socialismo soviético el “rostro humano”, estaba llevando los cambios con demasiada lentitud y siempre pendiente de la reacción de la parte conservadora tanto del partido, como de su cúpula - el Comité central y el Buró Político. En la entonces cima política del país, Gorbachov tenía una mínima mayoría que, con alguna medida o un paso demasiado atrevido del líder, le habría dejado en la minoría, sustituyéndolo por otro Secretario General más prudente y conservador.

Para desprenderse del “yugo” partidista, Gorbachov inició un cambio político con la intención de romper el monopolio del PCUS en el poder, que existía durante todo el régimen soviético, del poner y quitar a los máximos líderes del país. Él creó un nuevo sistema de elecciones al Parlamento, libre y con la participación alternativa de otras formaciones políticas, quitando el protagonismo absoluto a su propio partido, y atribuyó a este nuevo Parlamento la potestad de elegir al líder del país, con el nuevo puesto del Presidente de la URSS. Ahora los más de 2000 diputados del renovado parlamento elegían al líder del país y no sólo 15 miembros del anterior Buró Político. Y entre los parlamentarios Gorbachov en aquel momento gozaba de un apoyo más que mayoritario.

Así, con las manos desatadas, Gorbachov empezó a introducir unos cambios económicos y políticos más atrevidos hacia una libertad política y la economía de mercado (la capitalista).

Pero, de todos modos, estos cambios él pretendía a realizarlos, como ya he comentado antes, conservando el Sistema Socialista como tal. Por tanto, los elementos de la economía de mercado que él estaba dispuesto de admitir, eran insuficientes, tímidos, no pretendían eliminar la esencia del socialismo soviético, basado en el centralismo, planificación y la propiedad del Estado de los principales medios productivos del país.

Gorbachov y sus seguidores e ideólogos del “socialismo con el rostro humano”, pensaban que podrían coexistir el socialismo y el capitalismo, el centralismo y el mercado (lo llamaban “el mercado socialista”), la planificación y la iniciativa privada. La práctica demostró la plena utopía de este proyecto. Las medidas “capitalistas” han desorientado el sistema planificado socialista, ha creado un caos en la economía que ya no funcionaba ni como la centralizada ni como la de mercado. El nivel de la producción estaba cayendo, la escasez de los productos básicos del consumo popular crecía vertiginosamente, llegando en los últimos años del gobierno de Gorbachov a la introducción de cartillas y cupones de racionamiento de la mayoría de los productos y artículos. Agravó la situación el intento de reducir al máximo el consumo de las bebidas alcohólicas, culpando la afición de la población al excesivo consumo de las bebidas fuertes de la baja productividad y los males sociales. Sin conseguir el objetivo planeado, la campaña “antialcohólica” fue suspendida, después de haber causado el enorme daño a la ya tocada la economía en vías de la “perestroika”. El desencantado y cabreado pueblo soviético le dio a Gorbachov el apodo de “el Secretario Mineral” en consonancia con el “Secretario General”, el cargo que él ostentaba entonces. Este ejemplo demuestra que Gorbachov al iniciar su “Perestroika” no tenía un buen programa y estaba obligado a improvisar.

Al quitar, con su reforma política, al Partido Comunista el monopolio al poder, Gorbachov dinamitó el otro pilar, después del centralismo económico, en que se posaba el sistema Socialista Soviético, creada por Lenin y Stalin. Y los consiguientes pasos hacia la apertura del país al mundo exterior, con el levantamiento del “telón” de acero, que a lo largo de 70 años separaba la encerrada sociedad soviética del mundo libre y democrático, había acabado con el otro pilar fundamental del sistema – el del aislamiento de la URSS de las “malas” influencias democráticas desde el exterior.

Al quedarse destruidos los principales soportes del Sistema, a ésta no quedaba otro remedio que derrumbarse, lo que se ha producido a finales del año 1991, obligado Gorbachov a dimitir de su cargo del Presidente de la URSS, cuando las tres más importantes Repúblicas que formaban la Unión Soviética – La Federación Rusa, Ucrania y Bielorrusia – denunciaron el acuerdo de creación de la URSS, firmado en el año 1922, poniendo el fin a la existencia del país llamada La Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La pregunta es: ¿Gorbachov hizo a propósito con su “Perestroika” la destrucción del sistema socialista y de su baluarte la Unión Soviética? Algunos antigorbachevistas, incluso, insinúan que la destrucción de la URSS fue la obra estratégica de los EE.UU, y que Gorbachov sólo fue un instrumento en sus manos (una falacia sin ningún documento o testigo que pudiera probarlo).

Creo, como un testigo presencial de la “Perestroika”, que Gorbachov, al iniciar los cambios, ni lo imaginaba que las aperturas liberalizadoras podrían dañar al “mejor sistema del mundo que reinaba en la URSS”. Estaba seguro de que con los cambios democráticos el socialismo soviético mejoraría y demostraría su gran potencial, oprimido por la dictadura estalinista. Pienso que él no comprendía que el Sistema Soviético, tal como fue creado, no admitía ni cambios, ni mejoras, que era un sistema ideal montado para que el Partido Comunista pudiera gobernar eternamente en la URSS, involucrando en su órbita totalitaria al resto del mundo. Dictadura no admite la libertad ni en las dosis más pequeñas, puesto que, como un visor, empieza a destruir el “organismo” totalitario desde dentro. Lo mismo pasa con en el centralismo, tanto político como económico, ya que éste una vez aflojado tiende a crear unas fuerzas centrífugas que hacen explotar el monolito del sistema en unos trozos “independientes”, lo que ocurrió con la Unión Soviética, fragmentada en 15 Repúblicas independientes que antes formaban la Unión.

Así que, se puede constatar que la “Perestroika” resultó ser un fracaso absoluto desde el punto de vista de los objetivos que inicialmente perseguía Gorbachov y sus ideólogos – construir “el Socialismo con el rostro humano”. Pero, por otro lado, sin pretenderlo, fue un triunfo del desmantelamiento del totalitario y agresivo sistema socialista soviético, tanto en la propia Unión Soviética, como en los países del Bloque Socialista. Lo fue posible gracias a su política de acercamiento al Occidente, de las negociaciones sobre la reducción del armamento nuclear, de la desmilitarización de la propia Unión Soviética y del fin del enfrentamiento entre los dos Sistemas. Los éxitos cosechados por Gorbachov en la palestra internacional fueron muy sonados. Quizás por ello el artífice de la “Perestroika” gozaba de más aceptación y popularidad fuera de su propio país.

El mundo libre nunca olvidará la aportación de Gorbachov a la ruptura del “muro de Berlín” y la disolución del Bloque Socialista, que había permitido a los países centroeuropeos, que lo formaban, seguir el camino hacia la democracia y la Libertad. Su apoyo y protagonismo personal a la reunificación de las dos Alemánias, la Oriental y la Occidental. Su apertura de las fronteras de la URSS a para el pueblo, que durante el régimen soviético no podían viajar al extranjero sin el permiso explícito de las autoridades.

Como vemos, los resultados de los 6 años del gobierno de Gorbachov fueron contradictorios, pero, sin duda alguna, de una importancia planetaria. Sin las reformas de Gorbachov no hubieran sido posibles las reformas de Boris Yeltsin en la Rusia salida de la URSS, que la transformaron definitivamente en un país democrático, con la economía de libre mercado, abierto a la cooperación con todas las potencias mundiales.

Pero con todos los a favor y en contra del legado de Gorbachov, creo personalmente, que es una figura trágica. Al dimitir en diciembre de 1991, la providencia le regaló 30 años más de vida. Y si los primeros 8 años, gobernados por Boris Yeltsin, fueron de alguna mañera el seguimiento de la política reformista del propio Gorbachov, los últimos 22 años él estaba viviendo y viendo como el sucesor de Yeltsin, Vladimir Putin, estaba traicionando toda la labor de la democratización de Rusia y de su integración en la familia de los países libres del planeta, que habían acometido el tándem “Gorbachov – Yeltsin”, cada uno a su manera, según las circunstancias y las posibilidades del momento.

Estoy seguro que Gorbachov no podía no sentirse afectado, viendo la evolución totalitaria de la Rusia de Putin, un regreso a los peores tiempos de la totalitaria Unión Soviética. Boris Yeltsin murió antes que él, sin poder presenciar este fiasco de la política de reformas de Gorbachov y de las suyas. Gorbachov tuvo que sufrirlo por los dos.

El 30 de agosto de este año, nos ha dejado un personaje verdaderamente histórico, un buen hombre que quiso hacer mejor su propio país y el mundo entero. No lo consiguió del todo. Pero el impulso que ha dado con su “perestroika” a los procesos históricos todavía surten su efecto y quien sabe, a lo mejor lo hará en el futuro próximo.

Gorbachov ha recibido muchos apodos entre la gente y los políticos – entre ellos el de “Gorbi”. Pero en su patria ha tenido uno, que traducido del ruso suena como “el hombre de la “mancha””, por una gran mancha rojo-violeta que tenía en la piel de su frente. Pues, quiero terminar este artículo, con todo mi cariño y el aprecio a su figura (tuve ocasión de encontrarme dos veces con él y nunca lo olvidaré), parafraseando la frase con que nuestro clásico comienza su obra inmortal – “El Don Quijote”:

“El hombre de la “mancha” de cuyo nombre, sí, quiero acordarme”, especialmente, en el día de su muerte. Descanse en Paz, Mijail Serguéyevich Gorbachov, un Quijote de nuestro tiempo.

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