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LA POÉTICA POLÍTICA

El liberalismo según José Ortega y Gasset

viernes 09 de septiembre de 2022, 19:54h

Como si fuera un baile de revista del Teatro La Latina en los tiempos de Lina Morgan, la derecha española da piruetas hacia don Miguel de Unamuno (ese intelectual que vestía como un cura que va de viaje), y la izquierda se sube al monte montada en una cabra de Miguel Hernández.

¿Pero no hay nada en medio?

¿El pensamiento político versa sobre la mejor forma de adaptar la verdad a las necesidades de quien manda? ¿La clase dirigente puede sustituir la reflexión por el pragmatismo y salir indemne? ¿De verdad en este país sólo podemos optar entre partidos endogámicos dirigidos por sofistas, por un lado, y populismos por el otro?...

Uff… ¿De verdad la política (que en estos tiempos epidérmicos en los que la exterioridad manda se define como gestión y gesto) ha de ser un ámbito estrictamente pragmático, o más bien filosofía pura en el fondo y en la forma con ecos del catecismo o de K. Marx?

Como en los tiempos del lúcido y circunspecto Manuel Chaves Nogales, otra vez está de moda ser ácrata o tradicionalista sin nada en medio.

Y lo de en medio, según el ilustrado Jovellanos y su reencarnación José Ortega y Gasset, sería el liberalismo.

Pero, ¿qué fue y qué ha de ser el liberalismo español? ¿Se opone al socialismo y al anarquismo? ¿Es nuevo esto de que España padezca una especie de síndrome de reinos de Taifas, y, como dejando claro cuál es su enfermedad histórica, aunque le vaya bien sienta de vez en vez el anhelo de desmembrarse, federalizarse cada vez más o institucionalizar su invertebración? ¿Cuestionar la calidad de la democracia equivale a ponerse del lado del fascismo? ¿Qué es y qué ha de ser un referente mediático para un país en crisis?

Son preguntas del estricto hoy que ya fueron respondidas ayer…

De hecho al terminar de leer en estos días de verano y sol sobrante el libro JOSÉ ORTEGA Y GASSET (Ed. Taurus), una apabullantemente documentada y lúcida biografía del gran pensador español, un verdadero referente, que firma Jordi Gracia, y la cual bien parece una invitación a regresar a las fuentes y las causas de la actual pérdida de fortaleza histórica y de valores ideológicos de este país, uno se da cuenta con mayor pasmo de la frivolidad política que nos asola hoy.

Uno repasa la vida intelectual y biográfica de Ortega, y todo parece muy actual. Todo: el joven Ortega que critica la España tradicionalista de la Restauración invitándola a mirar a Europa, invitándola a abrirse, el Ortega que abandona la política en 1932 consciente de que a este país la hace falta inteligencia, reflexión, método y poso, el Ortega periodístico que trata de propagar el racionalvitalismo y la razón histórica, su madurez en ese caldo de cultivo ultraconservador y fascista, en el cual él trata de redefinir el conservadurismo democrático para alejarlo de cualquier impulso antiparlamentarista, su crítica del idealismo y del realismo, su conciencia de que el ser del mundo no es alma ni materia sino perspectiva, su apuesta final y definitiva por el vitalismo circunstancial antes que por el existencialismo…

Ha habido grandes hombres que anticiparon nuestras búsquedas y profetizaron nuestros males, y nos pusieron sobre aviso de nuestras carencias, y nos guiaron en la noche de la sinrazón mediante su inteligencia comprometida, vitalista, europea, erudita y muy mediática.

Regresar a ellos, retomar el camino, es necesario para poder tomar perspectiva y avanzar.

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