Jesús Palacios publica en el diario La Razón una entrevista de largo alcance con Stanley G. Payne, historiador colmado de prestigio...
Jesús Palacios publica en el diario La Razón una entrevista de largo alcance con Stanley G. Payne, historiador colmado de prestigio y reconocido como especial conocedor de la Historia y la realidad españolas. Frente a los cicateros y manipuladores, Payne ha subrayado siempre la importancia del Imperio español que alcanzó proporciones colosales cuando Felipe II se convirtió en Rey de Portugal, de Brasil, de Angola, de Mozambique, de Goa, de Timor, de Macao, de Formosa (Taiwán)… además de los vastos territorios españoles en América, entre ellos, la cuarta parte de los actuales Estados Unidos.
Tras el medio siglo de oro que ha disfrutado España con Juan Carlos I, “la nación está viviendo una nueva época de crisis, pero no es una experiencia propia a contracorriente, como ha ocurrido en el pasado. Es la crisis común de Occidente, pero en su versión española. El fracaso se deriva de haber perdido el espíritu de la reconciliación, que ya se dio entre los españoles de los años sesenta, y la aceptación de la Historia que caracterizó a la Transición”.
Tras una tremenda guerra incivil de tres años y una atroz dictadura militar que se prolongó cuatro décadas, la visión y la gestión de Torcuato Fernández-Miranda, el buen sentido de Juan Carlos I y el apoyo de personalidades relevantes del mundo de la política, el periodismo, la ciencia y la cultura, España levantó el edificio de la Transición que consistió sustancialmente, como propugnó Don Juan III desde el exilio, en conseguir la concordia y la conciliación entre españoles; concordia y conciliación hostigadas después por Zapatero y Sánchez.
Tras denunciar la senilidad y las torpezas del presidente Biden, Stanley G. Payne fustiga la Ley de la Memoria Histórica española, que significa el intento de “controlar el discurso del pasado para dominar el momento actual”. El gran historiador estadounidense, desde su espíritu habitual de moderación y prudencia, concluye afirmando, sin embargo, que “la situación política en España es desastrosa”.