Decir septiembre en México es decir Fiestas Patrias. Y señaladamente, la noche del 15 de septiembre y la emblemática jornada del día 16. Se trata de un binomio patriótico aderezado con la bandera nacional tricolor que ya suma dos centurias; que aboceta una reivindicación anual para exaltar la mexicanidad, manifestar un valedero fervor patrio, enalteciendo la enseña nacional y, en resumen, participando entusiastas de celebrar la existencia de México. El sabor a patriotismo es loable clamando por la unidad nacional, siempre expuesta, pero no comprometida, a los desafíos normales del día a día.
Mencionaba yo la semana anterior remitiéndome al bicentenario de la independencia de Brasil, que la construcción de naciones estructurando una identidad es algo natural en América. Así que sobre bases ya solidificadas, México –un país convocante, que pese a todo, respira, como me lo subrayó un extranjero años ha– exalta una personalidad propia y delinea una condición perfectamente diferenciada en el concierto de las naciones, que le confiere su reconocible estampa inigualable y que no está exenta de afrontamientos, como es natural.
Septiembre es un mes de conmemoraciones de distinto calibre y trascendencia, todas ligadas a la conformación de la Patria. Entre efemérides, añada enaltecer la charrería como el deporte nacional con sus galanas mujeres y sus aguerridos jinetes ataviados en conjunto con la reconocible indumentaria tan característica por su rica hechura, que se acompaña de los caballos enjaezados de tricolores pasamanerías. Avisan que han llegado nuevamente las emblemáticas fechas históricas que remarcamos tricolores en los calendarios y exfoliadores en que suele subrayarse cada una de ambas jornadas portando florituras ad hoc.
Desde siempre, cuando no ha terminado agosto y ya se paramentan espacios públicos y privados con la bandera nacional o con vistosos motivos tricolores que aluden a la Patria, lo cual, como las Navidades, puede ser más recargado el ímpetu un año y otro no, según plazca; brotan los puestecillos que venden banderas nacionales y variadas mercaderías que sugieren a México, sus colores oficiales y concitan la idea de fiesta y celebración con ribetes históricos. La intocable bandera, el sacrosanto lábaro patrio, se enarbola durante el "mes de la Patria" con particular entusiasmo y tal y como la flamean los mexicanos cuando registran triunfos de todo género, sobre todo, en el exterior. Todo esto lo salpimienta usted con la cocina mexicana o con música vernácula, del mariachi al danzón, y consigue la combinación perfecta.
La Noche del 15 de septiembre, denominada de manera coloquial y festiva como Noche Mexicana –que las demás del año en México, también lo son, decimos en broma en los memes que circulan de cuando en cuando en las redes sociales– se participa in situ en plazas y embajadas (si presupuesto o pandemia no lo impiden) o a través de los medios de comunicación que se arrogan el gusto de encabezar la ceremonia en punto de las 11 de la noche para efectuar la arenga a los héroes nacionales del movimiento independentista. Es una ocasión conocida como “El Grito de Independencia”, “El Grito de Dolores” o llamada simplemente, como “El Grito”, evocando la localidad guanajuatense de la que partió todo y que convoca a la gente a aguardar a que las autoridades y cientos de improvisados en sus casas y reuniones festivas, asomen al balcón o suban al podio y aclamen a los próceres nacionales. Acto seguido, se procederá a ondear la bandera y, de haberla, tocarán una campana que recuerda la que replicó el Padre de la Patria en 1810. Acaso sea el mes en que más se interpreta el Himno Nacional, que data de 1854. Así, el día nacional va antecedido de la noche de fiesta verbenera de toques pintorescos, musicales y la pirotecnia de marras.
Aun con la pandemia y sus restricciones, sus más y sus menos, por televisión veremos al presidente de turno encabezando el momento solemne y, a la vez, festivo que nos define y nos enlazaremos son distintos sitios que replican el mexicanísimo momento verificado en el Zócalo de la Ciudad de México. Dentro y fuera de nuestras fronteras, allí donde haya mexicanos. El bullicioso y jaranero episodio que tiñe tricolor el corazón de los mexicanos y de los amigos de México, se repite puntualmente año con año. Que en el exterior se conserve la tradición, lo apreciamos mucho. Tengamos siempre presentes a los mexicanos del exterior. Donde esté un mexicano, ahí está la Patria.
Mas, que nadie se confunda porque sépase que el día nacional de México es el 16 de septiembre, rememorando el levantamiento de Miguel Hidalgo y Costilla acusando al “mal gobierno” de Madrid de una supuesta posible rendición causada por la invasión napoleónica a la metrópoli que implicara la entrega de la Nueva España a Napoleón para asegurarse tal la proveeduría de plata. Zafarse a tiempo de ese trance, era menester. La guerra de Independencia frente a España transcurrió de 1810 a 1821.
La ocasión abona para reflexionar en torno a los temas patrios. Sostengo que la mexicanidad es un concepto inacabado que sigue sumando elementos. No es un proceso rápido, pero sí que supone marcar distancia entre la forma de asumirse mexicano y más en estas fechas, digamos, diferenciada de hace un siglo o hace 70 años o a como lo vi de niño y lo veo en los jóvenes de hoy. No es uniforme tal proceder, sin duda. Y añade nuevos componentes según la época. Por eso, no caben nacionalismos a ultranza o trasnochados.
Pues sirva esta entrega para saludar a los amigos mexicanos y a los amigos de México dondequiera que estén. Que exclamar un sentido ¡Viva México! nos recuerde que tenemos el indeclinable deseo de ser incluyentes y que esta fiesta generosamente se comparte con todos, España incluida como referente ineludible de ella, al tiempo que no dejan de extenderse puentes de acercamiento entre ambos países más de dos siglos después de aquella gesta. Cosas de una historia común que trasciende coyunturas.
Eso sí, no cuente conmigo para cantar esa canción titulada Cielito Lindo, de una cursilería ramplona. Me suena a texto llamando a derrota y a resignación: necesitamos encontrar una pieza musical que exalte lo positivo de lo mexicano, sin chauvinismos, pero sin derrotismos encubiertos como sucede en la referida. La habrá. Estoy cierto. Por lo pronto, son dos fechas en que pabellón nacional ondea a toda asta, cual corresponde y eso nos entusiasma sobremanera.Por todos ustedes ¡salud! y que ¡Viva México!