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IMPRESIONANTE

sábado 24 de septiembre de 2022, 18:14h
La Monarquía británica rige uno de los países políticamente más libres del mundo, socialmente más...

Más de 4.000 millones de personas -la mitad del mundo- contemplaron por televisión el funeral con el que los británicos despedían a Isabel II. El académico de la Real Academia Española, Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, publicó en el diario La Razón el artículo que reproducimos a continuación, difundido por Google y las redes sociales.



La Monarquía británica rige uno de los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados. Londres ha sido en los últimos años faro de la modernidad y esplendor de todas las vanguardias. En mi juventud, Carnaby Street era el centro de atracción de los europeos que miraban hacia el futuro. Desde la música de los Beatles hasta la moda de Mary Quant, pasando por el mejor teatro alternativo, las expresiones artísticas más avanzadas o el pensamiento filosófico de mayor alcance, la Monarquía británica condensaba, sin perder el respeto por la tradición, las manifestaciones vanguardistas de nuestro tiempo.

He dedicado muchas horas, durante los últimos diez días, a seguir en la pantalla de la BBC lo que ha ocurrido en el Reino Unido tras el fallecimiento de la Reina Isabel II. Impresionante. Impresionante, sobre todo por la respuesta popular. Solo los sectarios pueden cuestionar la realidad del sentimiento desbordado en Gran Bretaña y su repercusión en todo el mundo. Sentimiento profundamente popular, colas que, según la BBC, llegaron a alcanzar los 9 kilómetros, desfile en dos columnas para rendir homenaje a la Reina muerta que duró cuatro jornadas y media, noche y día, centenares de miles de personas en una procesión constante, gentes que llegaron a esperar hasta 25 horas. El orgullo patriótico del pueblo británico por su gran historia imperial y la satisfacción por los dilatados años de libertad y prosperidad, aunaron, tradición y modernidad, en torno a la Soberana que rigió la nación durante 70 años de estabilidad y progreso.

Desde la noticia del fallecimiento en Balmoral hasta el funeral de ayer, todo el complicado protocolo ha transcurrido sin un fallo, sin un incidente señalable, a lo largo de diez días ante el asombro del mundo entero. Los sistemas de seguridad han funcionado de forma eficaz, y desde el Emperador de Japón y el Rey de España, hasta los presidentes de Estados Unidos, la India y Francia, y el vicepresidente de China, pasando por quinientos mandatarios de los cinco continentes, todos se han sentido seguros y han vivido el alcance histórico de la tristeza popular por la pérdida de la Reina ejemplar. La Monarquía británica ha demostrado ser espejo de la modernidad más avanzada, de la tradición mejor entendida, de la comunión histórica entre el pueblo y su Monarca.