www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Un dolor muy grande ha sido la muerte de Javier Marías, escritor esencial de la literatura en lengua española

sábado 24 de septiembre de 2022, 19:00h

Para Pablo Neruda, que se declaraba un hombre de amigos, era un vínculo sagrado. Sostenía que existen muchos tipos de amigos, pero algunos son más especiales que otros, quizá porque la relación es más misteriosa fuerte, o porque la conexión y la afinidad es de un grado inexplicable. Para Jorge Luis Borges era uno de los mejores hábitos de Buenos Aires. La perfecta amistad, creo yo, debe ser indivisible y de total entrega al amigo.

Lo conocí a Javier Marías en un viaje que hizo a Buenos Aires hacia principios de la década de 1980 acompañando a su padre. Por esa época don Julián era un invitado permanente a la Argentina. Eran años de gran actividad cultural en nuestra ciudad y en este caso se llevaban a cabo auspiciados por el Banco de Bostón, bajo la dirección de los inquietos e imaginativos Ricardo Freixa y Benito Portela.

Años en los que yo colaboraba con Borges y estaba al frente de la secretaría de cultura de la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines y compartíamos tareas que abarcaban exposiciones y conferencias con los nombrados. Una época fructífera de nuestra Argentina, en la que a pesar de ciertos impedimentos que imponía la dictadura militar, no nos privábamos de notables visitantes internacionales como el nombrado don Julián Marías y su hijo Javier, Mario Vargas Llosa, Luis Pastori, Juan Liscano, Nicanor Parra, Fernando Alegría, Juan Benet, Braulio Arenas, Octavio Paz y tantos otros no menos famosos, que ahora se me olvidan.

Javier que acompañaba muy seguido a su padre en esos viajes, ya era en esa década un escritor famoso, autor de dos muy leídas novelas: El monarca del tiempo y El siglo. A esta última, recuerdo que la presentamos en el Banco de Boston con un diálogo que hicimos acompañados por Jorge Luis Borges, una de sus devociones literarias, a quién yo había leído capítulos de la novela y no escatimó elogios hacia el joven escritor. A esas obras siguieron otras como Corazón tan blanco, Todas las almas, Tu rostro mañana o Tomás Nevinson. En lo personal diré que me convertí en un devoto lector de su obra y escribí elogiosamente sobre él en diario Clarín y en nuestra revista Proa.

Javier era madrileño, del barrio de Chamberí, muy entrañable para mí, ya que habité un departamento por los alrededores. Por esa zona de Madrid, también vivía otro querido amigo, el baladista y compositor Luis Aguilé. Por sus méritos indiscutibles, Javier no tardó en ser incorporado a la Academia de la Lengua; era también un habitual colaborador del diario El País de Madrid y de otros medios hispanoamericanos Su biografía dice que se estrenó como escritor con la novela Los dominios del lobo, en 1971, con apenas 19 años. Entre las cosas que recuerdo de aquellas conversaciones es que divertidamente se consideraba un escritor “vespertino” y “nocturno”, nunca mañanero. “Mis mañanas son para desayunar distendido, para leer y telefonear a los amigos o a las novias”, recuerdo que confesaba con su ancha sonrisa compradora.

Por esos días, también conocí a su tío, el famoso cineasta Jesús Franco, para el que Javier había traducido guiones sobre Drácula. El libro está dedicado a su maestro Juan Benet, otro cercano y admirado amigo, además de celebrado novelista; el mediador para que Javier publicara en la editorial Edhasa. Yo le debo a ambos el contacto que me hicieron con la Editorial Plaza & Janés donde publiqué mi libro Borges, biografía verbal.

Con Javier nos veíamos seguido en Madrid con amigos comunes como Luis Alberto de Cuenca y Vicente Molina Foix. Durante esos encuentros me propuso compartir una de sus clases en la Universidad Complutense, donde enseñaba. El tema, obviamente, sería mi recuerdo sobre Jorge Luis Borges, del que fui amanuense por diez provechosos años. “Es el gran genio literario del siglo veinte -me dijo Javier-. ¡Qué privilegio el tuyo, Roberto, haber sido el colaborador por años de ese enorme maestro. Con sinceridad es algo que te envidio sanamente”.

Javier, junto con su familia, pasó parte de su infancia en los Estados Unidos,​ ya que a su padre, don Julián fue encarcelado y prohibido en España por ser republicano y, tras salir en libertad, debió interrumpir sus colaboraciones con don José Ortega y Gasset en el Instituto de Humanidades de Madrid. Exiliado en los Estados Unidos desde 1951, dio clases en universidades norteamericanas y en 1964, una vez rehabilitado su prestigio público en su tierra, ingresó en la Real Academia Española. Javier, por su parte, trabajó como traductor para diversas editoriales y ese mismo año apareció su versión de la novela de Laurence Sterne La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, por la que le fue concedido al año siguiente el Premio de traducción Fray Luis de León. En 1983 salió su cuarta novela, El siglo y fue laureado con el Premio Nacional de Literatura. En 2012 volvió a obtener la misma distinción, esta vez en la modalidad de narrativa, por Los enamoramientos, pero, tal y como había anunciado, lo rechazó. Esa decisión, que se limitaba a los honores otorgados por el Estado español, afectaba también al premio Cervantes (que no llegó a obtener) pero no al Nobel (al que fue candidato y sin duda merecía). De hecho, contaba ya con algunos de los galardones más importantes del panorama internacional: desde el Rómulo Gallegos hasta el de Literatura Europea pasando por el Nelly Sachs.

Mediante un llamado telefónico que hice esa mañana a nuestro común amigo Luis Alberto de Cuenca, recibí la triste noticia de su muerte que me dejó desolado. Perder a un ser tan entrañable y admirado es un dolor indescriptible.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)

+
1 comentarios