www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LA BÁMBOLA

Quintero: lágrimas negras por el perro verde y el mendigo lujoso

Diego Medrano
x
diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 04 de octubre de 2022, 21:09h

Fue el poeta de los márgenes, dorado techo de vagamundo, troteras, gallofa, tuberos, lampas y soperones. Su pregunta era una mirada larga como un disparo y sus manos por el aire poemas, agarradas al amuleto de los fulares para no perder hilo en la cometa. Quién hoy comienza una interviú con Alberti, Miguel Hernández, Neruda, Pemán, dónde. Fue un pericón de aúpa, mucho güinston y piedra gorda al fondo del cubata, perseguidor de los chisperos de bigote de mosca y andares flamencos, mujeres con tronío y pellejo tostado, morenos verdosos con la sexualidad cosida al trasero, almas en pena, blancas sombras.

Delgado, febril por los perfiles o cantos de la moneda, entusiasta de la palabra, escenógrafo del silencio, el vicio de una cultura vital, pueblo llano, intemperie y esquina mojada. Su toque de queda fue el libro, otra forma de atarse en corto, y su gata negra y navaja encendida las mujeres hermosas, las andaluzas para siempre, las rubias rabiadas, las morenas duras entre el chachipén y el oficio de gachí, también las marquesonas de pan pringao. La santa bohemia era un libro de bolsillo en el pico del bolsillo y algo frío por delante, en la mesa, sin escatimar gastos y para todos, Fuenteovejuna. Sus programas fueron un anuncio luminoso en algún tejado pobre, con buhardilla libresca y ratonil, y muchas tristezas venéreas por el humo de la chimenea. Sed eterna de tacón y champán frío. Y mujer que combina con la lluvia los cristales de sus medias, como escribe Montero Glez, un genio.

Palabra y vida, lenguaje y vida, calle y vida. Dónde hoy los periodistas borrachos de libros, dónde. Dónde hoy el nervio poético como tajo en la actualidad inmediata, dónde. Oh Quintero de las entrevistas todas de silencio, oh Quintero de los mil blocs, oh Quintero de las mesas de los bares llenas de libros y libros y libros. Ratón colorao, loco en la colina, piojoso de Pierre Cardin, perro verde y la fama en sucio, horizonte alto para el Risitas, Pozí y otros joyones en el charco de la honesta y divertida supervivencia. Quintero escénico y teatral, bruja y brujo, fuego húmedo, llama viva. Una vida literaria de bohemio rico que murió tieso, genio sin cabeza, chaleco eterno, sabio arruinado, una fiesta gramática con declamación incluida, y otro cubata negro como inteligencia gitana, helado como micrófono antiguo de radio. Rey del vagamundo, acera triste y sol, ochenta y dos años entre las nubes y ningún sueño dormido.

Inventó la pausa y el compás –dice Raúl del Pozo- porque ese río solo viene de la escucha, que es siempre prestar atención a lo oído. Y así la Pasionaria rezaba padrenuestros por antena, Beni de Cádiz ladraba como si estuviera delante a Manolo Caracol, Lola Flores escupía acento y los quejíos de Rocio Jurado aumentaban el orgasmo. Fue un quijote de las ondas al que el guion importaba un bledo, porque la fórmula de que la respuesta generase una nueva pregunta –subrayado por José María García- era otro carrusel inesperado. Entrevistador de la lentitud “porque la prisa solo son buenas para los chorizos y los malos toreros”, sigue García, “porque la prisa es hortera”, dijo Umbral. Quién seguirá hoy con la productora Babilonia solo encargada de buscar golfos, quién.

Quintero creaba personajes y no humillaba a nadie –dice Juan Bonilla- y los personajes fuera del marco ya eran entonces pura alcantarilla, degradados por sí mismos en otros formatos. Pensaba sus programas como películas –sigue Bonilla- y de ahí que no cupiera directo alguno. El público desde casa aplaudía con las orejas, reía en otro idioma, era libre y comenzaba a entender la locura del verso, una ebriedad, pericón verde de aúpa, unos ojos como cascabeles, esas castañuelas por las que el demonio del mediodía vuelve antes justo de dar las doce en punto de la noche. Quintero fue un dandy por calles y plazas, levita y bastones, chisteras y más fulares, morrales repletos de papeles con letra separada y grandota, donde se buscaban pistas para la vida lujosa desde el hambre, una furia de interior, una discoteca donde la casa de palabras invita a quedarse y ligar.

Siempre olvidó lo que dijeron de él, como fórmula buena de estar en el mundo, así saltó sin retroceso los charcos de la venganza y siguió su vida de poeta abuhardillado. “La luz con el tiempo dentro”, Juan Ramón Jiménez. Su sangre callada era de Guadalquivir, tortilla de camarones, pescaíto frito, quillo, la caló a la sombra sin preguntas sobre uno mismo, levedad y distanciamiento. Despistado, escurridizo, sin cabeza para las matemáticas, sin ganas para la cordura, solo con olfato para naranjos y limoneros por las calles de Sevilla. Ausente eso que llaman sentido práctico para la vida, la distancia más corta entre dos puntos la cama y no la coma: “Me cansé de ser un locutor loro y ahí nació El loco de la colina”. La vela interior encendida: “Soy un desastre para la venganza, no es que perdone, es que olvido las ofensas”. Camarón y Paco de Lucía se lo enseñaron: “de dentro para fuera, no hay más”. Paco de Lucía se lo dijo una tarde (“Todo el mundo dice que soy muy bueno pero estoy tieso, a ver cómo arreglamos esto”) y le hizo rico eterno, gracias a su producción musical. Grande Jesús Quintero, te vas pero sigues, como los gigantes. La realidad es una cárcel y el poeta un pájaro que escapa entre ellos. Lágrimas negras, dolor tan verde por el Picasso de las cámaras y los sueños.

Diego Medrano

Escritor

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios